Cruz Manuel Hernández Santiago nació hace 48 años en un barrio ubicado en la guardarraya entre Villalba y Orocovis.

Nació en la casa de su abuela, con comadrona, y es el segundo de seis hijos.

Manny Manuel, como le conocemos todos, tuvo una niñez muy bonita pero de crianza bien fuerte. De eso era responsable su padre, don Silvestre de la Cruz Hernández Marrero, cuyo rigor y manera de educar no hacía espacio para Manny Manuel en muchos sentidos. No quería que fuera músico, decía constantemente que no iba a mantener vagos y también resentía su atracción hacia los varones, de la que no podía hablarse de ninguna manera ni en casa, ni en la escuela. Ni en la sociedad.

Su madre, a quien distingue, hacía lo que podía por dar y compensar ese amor y fuerza que sabía que su hijo necesitaba. Le reclamaba a don Silvestre, pero era sumisa y respondía al padre proveedor. No había mucho más que hacer.

En una conversación diferente a la formalidad de una entrevista, sentados en un café en la Avenida Kennedy, El Push de la Mañana, edición estelar, se describió como un niño curioso, presentaíto, que siempre se la pasaba jugando y hablaba hasta con las gallinas.

Su materia favorita era el Español y siempre tuvo una relación tóxica con las Matemáticas.

Viene de una familia sumamente grande. Son seis hermanos de madre y padre, pero tiene nueve hermanos de parte de su padre. Tiene 14 sobrinos y tiene tíos con familias numerosas de 15 y hasta 22 hijos. Bromea que se trata de un “viagra orocoveño” que no se encuentra en la distintiva longaniza.

Su camino a la adicción

Manny Manuel comenzó temprano a cantar. Era un fenómeno por el que suspiraban mujeres pero también hombres. Y todos bailaban al ritmo. Su música y su carisma lo catapultaron en poco tiempo como “El Rey de Corazones”.

Pero con esa fama, y la lucha interior que arrastraba desde pequeño, comenzó a tomar atajos en la vida para autoprotegerse. Algunos de ellos le hicieron mal y lo marcaron. No los supo manejar.

Y comenzó a fallarse a él, a su madre, y a Dios. Asegura sin reparos que el comienzo de la bajada en la pendiente de la vida comenzó cuando se alejó de las enseñanzas de su madre y cuando dejó de respetar su cuerpo.

Pero mientras bajaba esa pendiente personal, el camino hacia la cima como cantante no se detenía. Estaba en la gloria, lo sentía cada vez más poderoso. Y la gloria, como siempre pasa, empezó a drenarlo.

Ahí comenzó a utilizar sustancias controladas y a beber alcohol, primero dizque socialmente, hasta que ya no lo fue. Por eso alerta a los bebedores sociales. “Ojo”, comentó. En su caso, dejó de serlo, y el problema se tornó tan grave que ya al beber se aislaba y vivía en solitario. A eso le atribuye haber tenido tantos accidentes, porque al hacerlo se aislaba en vez de buscar ayuda.

Conoce el suicidio de primera mano. Su hermana, Enid, se quitó la vida con su arma de reglamento en el 2008, a sus 38 años. Su sobrino Alex, con 14 años, apareció ahorcado en el 2014.

De la vida de Manny Manuel se cuenta mucho. Se le atribuyen sus tragedias a las juntillas del mundo del espectáculo. Y él acepta que pueden tener algo de influencia pero que al final la responsabilidad es suya.

También echó mano de ansiolíticos de forma descontrolada, y asegura que ese fue el caso de cuando fue expulsado del carnaval de las Canarias en 2019. Asegura que no estaba ebrio como se decía pero sí con ansiolíticos en exceso. Eso marcó el punto más bajo de su carrera, donde llegó a sentirse en el fondo más fondo del barril del que pensaba que no saldría jamás. Pasó de la gloria al infierno. “Lo más en el fondo que me he sentido”, dijo.

Se escondió- aunque muchos dicen que lo escondieron. Se cancelaron sus presentaciones en España pero, como siempre le pasa a Manny Manuel, ese mismo público le dio una nueva oportunidad.Y lo volvió a aplaudir.

En esas caídas, no todos le han dado break. Muchos que estaban a su lado ya no lo están. “No se pierde un amigo que nunca lo fue”, dijo.

“Otra vez Manny”

Le teme a la lástima que alguien pueda sentir por él, porque eso significa que lo dieron por perdido. La pena no le molesta. La pena viene agarrada del amor y de la esperanza de que esté bien, y esa la acepta. Reconoce y no juzga a quienes dicen “otra vez Manny” tras cada nuevo episodio de caída en su vida. Dice que él piensa lo mismo: “otra vez Manny”.

Quiere comprometerse a no volver a caer, pero dice que lo suyo “no es un catarrito, es una enfermedad” y como tal, tiene que luchar con ella todos los días de su vida. La diferencia es que ahora tiene ayuda, impuesta por el tribunal pero abrazada por él porque ha descubierto que “se siente rico estar sobrio”.

Hay otra diferencia. En la cercanía de su madre nuevamente, y con el tutelaje legal de su hermana, ha redescubierto la paz y la tranquilidad del campo. También ha aprendido a orar y a rogarle a Dios todos los días por su sobriedad. Porque quiere trabajar, viajar, vivir.

“Viva la Vida!”

Y con eso en mente, el Rey de Corazones se presentará el mes próximo en dos funciones en el Centro de Bellas Artes de Caguas, el 27 y 28 de noviembre. El show se llama “Viva la Vida!”, a propósito. Es un agradecimiento a quienes todavía apuestan a él, a su talento, y a sus ganas.

“Es un grito de guerra”, declaró. Es una nueva apuesta a sí mismo. Y una nueva apuesta del público hacia él.

Dennise Y. Pérez

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