Besay Pérez, la Asociación Cultural Tajaraste, el activista Julio Francisco Tacoronte y la familia Guachipanduzitos (murgas infantil, adulta y grupo de baile) completaron los galardones en una plaza de La Candelaria que olió a carnaval, tradición y orgullo ciudadano
Quienes saben de carnaval —esa larga noche en la que el disfraz permite decir la verdad— defienden que la identidad se baila, se grita y, sobre todo, se habla. Por eso, cuando Soul Sanet subió este sábado al escenario de la plaza de La Candelaria en el Día de Canarias, el consejo que dejó sonó como un estribillo de murga: «Por favor, el acento canario no lo pierdan».
Lo dijeron entre canción y canción, justo antes de recibir uno de los galardones de la noche. No estaban solos en ese reconocimiento. Besay Pérez, la Asociación Cultural Tajaraste, el activista Julio Francisco Tacoronte y una entidad que es puro carnaval, la Asociación Cultural, Musical y Deportiva Guachipanduzitos, también fueron premiados. Y esta última no es un nombre cualquiera: bajo ese paraguas festivo se cobijan tres agrupaciones que mantienen viva la llama de la fiesta grande de la Isla. Por un lado, la murga infantil Guachipanduzy, donde los más pequeños aprenden que afinar una copla es cosa seria; por otro, la murga adulta Guachinquietas, que sigue la tradición con humor y picardía; y finalmente el grupo coreográfico Funkyguachi, que añade el movimiento contemporáneo a la herencia popular.
Besay Pérez, visiblemente emocionado, resumió lo que muchos sentían: «Es un honor y un orgullo». Y luego lanzó un canto de amor a Santa Cruz que bien podría tararearse tras una final de murgas. Aquel célebre verso de Los Huaracheros —«Qué lindo está Santa Cruz cuando va muriendo el día»— flotó en el aire como una folía compartida.
Soul Sanet no solo habló, también hizo bailar. Sonaron «Suave» y «Haces que mi corazón se pare», ese tema que en los inicios de los 2000 se colaba en cada pausa televisiva, cuando los canales eran pocos y un videoclip lograba parar el país. Desde las tablas, los músicos recordaron las diferencias con los 90: hoy las redes acercan cualquier proyecto, pero entonces había que viajar a Madrid «con el disco debajo del brazo».
La noche cerró con las canciones de José Vélez y una exhibición pirotécnica, como si el carnaval hubiera decidido echar el cierre a una jornada que comenzó desde la mañana. Porque si algo quedó claro es que, en Canarias, defender la identidad no es un acto solemne: es una comparsa, una murga infantil, un grupo de baile y un acento que no se negocia.