La nueva agrupación musical impulsada por la Murga Diablos Locos apuesta por la experiencia, la tradición y el sentimiento de familia para recuperar la esencia perdida

El carnaval no es solo disfrazarse y salir a la calle. Es también un mundo de ensayos, de abrazos después de una canción, de tradiciones que pasan de generación en generación y de gente que elige juntarse para hacer música con el corazón. Ese es el espíritu que ha dado vida a “Sabor a Diablo”, una nueva agrupación musical que acaba de ver la luz en el seno de la Asociación Cultural Murga Diablos Locos.

El anuncio ha llegado cargado de emoción a través de las redes sociales, donde el mensaje no ha pasado desapercibido: decenas de reacciones —entre ellas la de la cantante y compositora Beatriz Nazco— y una cascada de comentarios de apoyo han acompañado el nacimiento de este proyecto. Pero más allá de los números, lo que realmente importa es el fondo: recuperar la esencia de las agrupaciones musicales.

Dos pilares fundamentales
Toda agrupación que se precie necesita dos cosas: alguien que ponga el alma en cada nota y alguien que vista esa alma con una imagen inolvidable. Para eso, “Sabor a Diablo” ha echado mano de dos nombres que ya sonaron con fuerza en el panorama carnavalero.

Por un lado, la dirección musical recae en Acaymo Correa, un músico de largo recorrido conocido por su sensibilidad a la hora de arreglar, componer y sacar lo mejor de cada voz. Quienes han trabajado con él destacan su capacidad para entender el carácter de cada intérprete y convertirlo en parte de un todo armónico. No se trata de imponer un estilo, sino de construir entre todos un sonido reconocible, cálido y genuino.

Por otro lado, el diseño estará a cargo de Moisés Rodríguez, creador visual con una firma muy personal. En el carnaval, el vestuario no es un complemento: es la tarjeta de presentación antes de que salga la primera nota. Rodríguez, que ya ha dejado su huella en otras agrupaciones, promete una estética que dialogue con la música sin eclipsarla. Tradición y modernidad, color y contundencia, forma y fondo.

¿De qué esencia hablamos?
En un mundo donde a veces prima lo efímero, lo viral o lo visualmente impactante, “Sabor a Diablo” apuesta por valores que parecen sencillos pero son profundamente revolucionarios: la amistad, el compañerismo, la tradición y el sentimiento de familia. Cuatro pilares que, según sus propios creadores, han ido quedando en un segundo plano en los últimos tiempos.

Porque una agrupación musical de carnaval no debería ser solo un grupo de personas que suben a un escenario a interpretar un repertorio. Debería ser —y este proyecto apuesta fuerte por ello— un espacio donde la música se vive, se siente y se comparte. Donde cada nota es un pretexto para encontrarse, reírse, apoyarse y construir algo colectivo.

De Diablos Locos a Sabor a Diablo
La Murga Diablos Locos, asociación cultural con trayectoria en el panorama carnavalero, da así un paso al frente. No se trata de abandonar un proyecto por otro, sino de expandir el universo: sumar una nueva propuesta que dialogue con la murga pero que tenga personalidad propia. “Sabor a Diablo” no es una murga al uso; es una agrupación musical abierta a explorar sonidos, formatos y repertorios que pongan el acento en la emoción y el encuentro.

Con Acaymo Correa en la dirección musical y Moisés Rodríguez en el diseño, el proyecto adquiere una solidez que va más allá de la ilusión inicial. Hay oficio, hay experiencia y hay criterio.

La música no solo se toca, se vive
El lema que han elegido para presentarse es, en sí mismo, una declaración de intenciones. No es casual. Detrás de “Sabor a Diablo” hay personas que han crecido ensayando en locales sin calefacción, que han cargado con instrumentos bajo la lluvia, que han sentido el cosquilleo antes de salir a la tarima y que han llorado de emoción al escuchar el aplauso del público. Saben que la música es mucho más que acertar las notas: es un estado del alma.

Correa y Rodríguez comparten esa filosofía. No son profesionales que lleguen de fuera a “arreglar” algo. Son parte de la familia, gente que entiende que el carnaval se construye con horas de ensayo, con bocetos que se descartan y con arreglos que se pulen hasta la madrugada.

Poner en valor el carnaval desde las raíces
El carnaval canario tiene un tesoro que a veces se olvida en las crónicas de grandes desfiles y concursos televisados: su tejido asociativo de base. Agrupaciones como “Sabor a Diablo”, que nacen desde la convicción y no desde el afán de lucro, son las que realmente sostienen la fiesta. Son las que mantienen vivos los repertorios tradicionales, las que acogen a los más jóvenes y las que aseguran que dentro de veinte años siga habiendo gente dispuesta a disfrazarse y cantar.

Con el binomio Correa-Rodríguez al frente de la parte artística, el proyecto no solo ilusiona: convence.

¿Qué viene ahora?
De momento, “Sabor a Diablo” está en su fase de gestación. Pero todo apunta a que pronto habrá noticias sobre ensayos abiertos, presentación oficial y, quién sabe, alguna actuación sorpresa antes de que termine el año. Lo que está claro es que el proyecto ya ha despertado curiosidad y simpatías en el ecosistema carnavalero. Y con semejante carta de presentación —director musical, diseñador y unas ganas enormes de recuperar la esencia— no sería extraño que pronto se convierta en un nombre habitual en las agendas de las fiestas del archipiélago.

Mientras tanto, la invitación está hecha: acercarse, escuchar, compartir. Porque, como ellos mismos proclaman, la música no se toca sola. Se vive. Y eso, en carnaval, es casi una obligación.

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