Corrían los años ochenta cuando un grupo de mujeres de San Bartolomé revolucionó el Carnaval lanzaroteño con la fundación de la primera murga femenina. En esa época, “los carnavales eran cosa de hombres”, comenta Juana Saavedra, una de las fundadoras de la agrupación. Explica que la existencia de agrupaciones compuestas exclusivamente por mujeres “no estaba bien vista” en una actividad donde predominaba el género masculino, no se sabe bien si por temor a que los grupos femeninos les hicieran sombra porque se les entendía mejor o porque temían enfrentarse a unas voces que gustaban más al público. A pesar de los obstáculos y las costumbres del momento, unas pioneras decidieron echar ‘pa’lante’ y fundar Las Revoltosas.

La agrupación se gestó en 1982, aunque como murga no saldría a la calle hasta 1984. “Sin un duro ni para comprar pitos”, según recuerdan algunas de las que aún se encuentran al frente de la afilarmónica, consiguieron reunir a 29 mujeres que fueron pioneras, no solo en la participación de un carnaval de hombres, sino con la posterior creación de la agrupación y carroza Las Jacarandas e, incluso, en el terrero, con la lucha canaria.

En el local de ensayo y taller de costura de San Bartolomé se reúnen un viernes por la tarde previo al Carnaval de 2022 tres de las primeras componentes de Las Revoltosas: Juana Saavedra, Pepa González y Veneranda Rodríguez. Junto a ellas se encuentra Laura Betancort, que se incorporó a la murga hace siete años. La más joven de la reunión aprovecha para desplegar su arte culinario con unos dulces caseros para reponer fuerzas entre doblez y doblez.

Entre otras fundadoras están nombres como el de Mari Carmen, Marianne, Áurea, Censa, Lali o María Eugenia Cadavieco. Mujeres que en 1982 lograron un hito: desterrar la idea de que el carnaval era un lugar de encuentro exclusivamente masculino. “Los hombres temían que les hiciéramos sombra”, comenta Pepa. Juana discrepa y explica que no se concebía una agrupación femenina porque los carnavales se entendían como un evento exclusivamente de hombres. “Fue un escándalo y más cuando fuimos a cantar a Arrecife”, recuerdan.

En 1983, con Marcelino Miranda como concejal de Festejos, decidieron acudir al Ayuntamiento de Arrecife con el objetivo de conseguir una subvención y comunicarle que en San Bartolomé se había formado una murga de mujeres, la primera de Canarias. Comentan que cuando le comunicaron al edil que ellas también querían cantar en el escenario, se echó a reír. Preguntó entonces dónde se reunían porque antes tenía que escucharlas, para luego dar su aprobación. “Cuándo él vino a nuestro pueblo y nos oyó cantar, ni se lo creía. ¡Venga, venga! para Arrecife”, relata en un artículo una de sus fundadoras.

Recuerda Juana que sus actuaciones se apreciaban más que las de los hombres porque se les entendía “bien clarito”, al contrario que a las voces masculinas. En su entorno más inmediato contaron con todo el respaldo necesario para salir al escenario. Muchos maridos apoyaron la decisión de sus esposas de formar en solitario una agrupación, incluso mostraron su disposición a compartir la carga familiar en el caso de los matrimonios con hijos, según comenta Pepa por propia experiencia.

“Fue un escándalo y más cuando fuimos a cantar a Arrecife”, recuerdan

“En nuestro primer carnaval nos gastamos 260.000 pesetas”, recuerda Juana. “Hoy cuesta mucho más dinero salir a la calle”, explica Veneranda. En principio, se pagaba una cuota, se hacían rifas y hasta un bingo. También conseguían ingresar “unos buenos cuartos”, gracias a las “salidas” y contando con el patrocinio de las casas comerciales. Tras el parón carnavalero con motivo del Covid, la situación económica es menos boyante.

Uno de los logros que más recuerdan estas intrépidas mujeres es la participación en su primer Carnaval en Las Palmas de Gran Canaria, con una actuación en el Estadio de Gran Canaria en el año 1989 coincidiendo con el primer año de competición en Arrecife. Describen ese momento como “inolvidable”. “Fue muy emocionante ver un estadio lleno y escuchar el aplauso del público en un lugar extraño. Era como si estuviéramos en Lanzarote. Ni en la Isla tuvimos tanto apoyo”, recuerda Pepa. Lamentan no contar con imagen alguna de tan magno evento que les catapultó al Olimpo carnavalero, aunque mantienen en sus retinas y corazones uno de los momentos más emotivos de su trayectoria como murga. Sí recuerdan que la prensa se hizo eco de este importante hito en la historia de los carnavales lanzaroteños.

Juana recuerda como si fuera ayer que entre el público oía cómo coreaban su nombre, pero que era incapaz de ver desde el escenario quienes la aclamaban. Resultaron ser las primas de una vecina que, originarias de Gran Canaria, se habían conocido en San Bartolomé unas semanas antes.

Creando escuela

Las Revoltosas crearon escuela. A este nutrido grupo de mujeres se le deben las primeras parodias y sketches, así como convertir el Carnaval de Lanzarote en un atractivo más con la entrada de la agrupación en la organización de espectáculos nocturnos en los establecimientos turísticos. Era otra forma de conseguir ingresos para el siguiente año. En ocasiones, solo les ofrecían el coste de la guagua a Fariones y un “picoteo” como compensación a su actuación y entretenimiento para los turistas. También de esa época evocan las noches en la discoteca Wilson.

Sus presentaciones merecerían un galardón aparte. Como la del año que eligieron vestirse evocando el descubrimiento de América. “Fue muy emotiva”, relatan. Fueron muchas más, como la del año de “las cabezas” elaboradas por los alumnos de la Escuela de Arte y Oficios o la del año dedicado a César Manrique. Cuentan que en sus orígenes la presentación no existía como tal, pero que Las Revoltosas la incorporaron al escenario. A la mente le vienen a Juana también las numerosas parodias: la del crucero en el que no pudieron participar y para la que hicieron diferentes caretas, la de las pardelas en la que vestían a modo de cazador a una de ellas mientras otra portaba un estandarte con las aves colgando simulando que estaban en pleno vuelo. “Fue un escándalo”, dice Juana. “Todas esas cosas son las que nos daban los premios”, añade.

Al hilo de estas memorias, Juana comienza a relatar otras muchas anécdotas como la del Carnaval de Suspiros de La Geria en el que conocieron a Miguel Ríos, o sus viajes fuera de Lanzarote a los carnavales de Las Palmas de Gran Canaria, de Santa Cruz de Tenerife o las actuaciones en los primeros hoteles de Jandía en Fuerteventura, con calles sin asfaltar y carentes de alumbrado, cuando tenían que pernoctar en campamentos militares “botadas en colchones”, según recuerdan las veteranas participantes de Las Revoltosas entre carcajadas.

La actuación en el Estadio de Gran Canaria en 1989 fue un momento inolvidable

“Para mí esta murga es sinónimo de implicación”, afirma Laura. Las demás componentes también opinan que “se trata de un grupo de mujeres que se une para hacer un trabajo” más allá del espectáculo y la diversión en la calle. Los preparativos, como la confección de los trajes, son uno de los momentos preferidos de Pepa, a pesar de la incertidumbre de si estará todo listo para la fecha. “La ilusión y el amor” con los que trabajan en el taller de costura y local de ensayos es una de las fortalezas que preserva la unión de este grupo de mujeres, en opinión de Veneranda.

Pepa y Veneranda son las que mantienen en activo el taller de costura cada tarde las semanas previas al Carnaval. “Antes tenían que elaborar los diseños de Manuel Camejo lentejuela a lentejuela”, tal y como recuerdan las improvisadas costureras. Hoy día cuentan con herramientas tan valiosas como la pistola de pegamento. Juana, que ya ha concluido su tarea de confeccionar uno de los detalles para la treintena de trajes, aprovecha su estancia en el local para mostrar imágenes y recuerdos de otros carnavales.

Un poco más tarde se incorporan al taller Montserrat y Adelina, ambas proceden de la extinta agrupación Los Bonitos del Norte de Haría. Montse lleva ya en la afilarmónica 14 años. Adelina confiesa que las manualidades no son su fuerte, pero que le gusta participar cuando puede de estos encuentros que son los que mantienen el alma de la agrupación. El intercambio generacional representa un plus para la afilarmónica, en la que las veteranas pueden ofrecer su experiencia y las más jóvenes, otro punto de vista.

Participación

Las Revoltosas se fundó con la participación de 29 mujeres, cifra similar a las integrantes actuales, aunque en la murga llegaron a contar con hasta 42 participantes. Fue el año en el que homenajearon a los marineros. Las puertas siempre están abiertas a nuevas incorporaciones, aunque reconocen que la aparición de murgas más jóvenes y el cese de la participación en el concurso de agrupaciones influyó en el descenso de interés por parte de las nuevas generaciones.

Aun así, las pioneras del carnaval femenino han sabido adaptarse a los tiempos y las necesidades de cada época. Comenzaron con un presupuesto limitado, también reducido eran los espacios donde podían llevar a cabo los ensayos. Un almacén, “un cuartito” en un colegio e, incluso, la Casa Ajei han sido escenario de cuatro décadas de historia, hasta que, hace cinco años, el Ayuntamiento de San Bartolomé cediera un local estable a la agrupación, el que fuera el antiguo consultorio del pueblo.

Como en toda familia, no siempre fueron días de vino y rosas para estas componentes. Hubo un momento en el que el ingenio “decayó”, según comentan las integrantes más veteranas. También hubo roces y algunas que optaron por darse un tiempo alejadas de la agrupación para más tarde regresar con un espíritu renovado, como es el caso de Veneranda. Es una de las primeras participantes de la hoy día afilarmónica, tras sumarse al tercer año de su creación. Junto a Pepa, su compañera más fiel en las tareas de costura, es la que abre el taller tarde tras tarde, aunque ya cuentan con la ayuda externa de una costurera para avanzar en la confección de los trajes.

Herencia familiar

Durante estos 40 años de vida, Las Revoltosas se han convertido en una agrupación intergeneracional no solo compartiendo taller, letras y trajes con integrantes de distintas edades, sino con la incorporación de sagas familiares enteras. Hijas, nueras, nietas y hasta nietos. Pepa es un buen ejemplo de integración familiar en la agrupación: “Ahora tengo conmigo a una nuera, dos nietas y un nieto que conoce las canciones mejor que nosotras”, comenta con orgullo. Juana recuerda también el ejemplo de una de las fundadoras, Marianne, que desde Tahíche compartía su alegría con el grupo. Nunca dejó de acudir a su cita anual con Las Revoltosas, embarazo tras embarazo, sumando así nuevos integrantes a la agrupación. También se incorporaron las hijas de otras componentes: las de Lali, Áurea, Loli y Pili, entre otras. Pepa rememora en este punto que la primera niña que vistió para salir con ellas en la murga fue su sobrina Elena. Fue en el Carnaval de Suspiros de La Geria. Hoy esa chinija tiene más de 30 años. A partir de entonces se abrió la puerta a la participación de menores en el grupo.

María José Lahora Inicio

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