La murga fundada en 1968 como evolución de la primera agrupación infantil del Carnaval denuncia falta de reconocimiento mientras agrupaciones más jóvenes reciben distinciones
“Veo cómo a agrupaciones del Carnaval enseguida les ponen plazas y a gente allegada al Carnaval, y les juro que no es envidia. Al contrario, me alegro de que así lo hagan. Es algo que siempre he elogiado porque sé lo difícil que es mantenerse y luchar por nuestro Carnaval”. Quien habla es Gilberto González, ‘Berto’, componente histórico de la Afilarmónica Triqui-Traques, una de las murgas más veteranas del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, en una reflexión en las redes sociales.
Su voz, cargada de décadas de entrega a la fiesta, no esconde un profundo malestar. “Veo que no se trata con el mismo rasero a los que estuvimos ahí cuando no existían sino las Fiestas de Invierno. Cuando la cabalgata era pequeña y bajaba por la calle del Castillo, estuvimos ahí. Cuando no había escenarios, estábamos ahí”, rememora Berto en un alegato que ha hecho llegar a las autoridades .
Los orígenes: de Paralelepípedos a Triqui-Traques
La historia de esta agrupación se remonta a 1965, cuando nace Paralelepípedos, considerada la primera murga infantil oficial de las entonces denominadas Fiestas de Invierno de Santa Cruz de Tenerife . Fue idea de Mamá Lala, una mujer que se convertiría en leyenda del Carnaval chicharrero, y que confeccionaba los disfraces sin cobrar un solo duro.
“En aquella época no teníamos locales propios. Ensayábamos donde se podía y cuando se podía, pero aquello no se vivía como una carencia: cada ensayo era una fiesta”, recuerda Berto en otra entrevista. “Sabías que ese rato había que aprovecharlo al máximo porque no era algo seguro ni permanente. Además, el Carnaval de entonces no estaba tan planificado. Era más espontáneo, más de barrio, más de gente conocida” .
En 1968, aquellos niños que formaban Paralelepípedos ya no eran tan niños y decidieron dar el salto a la categoría adulta. El nombre actual surgió de forma casi accidental. Según recoge el historiador Ramón Guimerá Peña, Eladio González Espinosa salió en defensa de los pequeños ante la Comisión de Fiestas exclamando: “Tienen ustedes a los chiquillos para arriba y para abajo que parecen unos triqui-traques” . Otra versión atribuye la frase a Enrique González Bethencourt, fundador de la mítica Afilarmónica NiFú-NiFá .
Lo cierto es que en 1968 se inscribieron como Charanga Los Triqui-Traques, estrenando un disfraz de “Payaso ye-ye” diseñado por Mamá Lala y Antonio Toledo Lugo .
Una época dorada y un momento crítico
Los años siguientes fueron de éxitos. Entre 1973 y 1976 encadenaron cuatro primeros premios consecutivos en el concurso de murgas adultas . Pero no todo fue gloria.
Rafa González, otro de los hermanos y figura clave de la murga, reveló en una entrevista un momento crucial: “En el año 1976 solo se inscribieron tres murgas en las entonces Fiestas de Invierno: Diablos Locos, Triqui-Traques y La Sonora, y el Ayuntamiento de Santa Cruz se planteó cargarse el concurso. Nosotros peleamos para que lo mantuvieran, incluso le dijimos que había tantos grupos como premios, y finalmente lo mantuvieron” . En aquella edición, Triqui-Traques se alzó con el primer puesto.
La agrupación llegó a ensayar en lugares tan dispares como la escuela de Antonio Ortiz, el Estanco Begoña, una fábrica de sifón o el Círculo de Amistad XII de Enero, hasta que en 1974, siendo alcalde accidental Ernesto de la Rosa, se les concedió su actual sede en la calle La Noria .
Un legado que pide reconocimiento en vida
“60 años nos avalan como murgueros, siendo la segunda murga más antigua de Canarias, fundada por Mamá Lala y Antonio Toledo padre. Fuimos los pioneros, con otras agrupaciones de aquí, los que alzamos al Carnaval de Las Palmas”, afirma Berto, aunque su reivindicación apunta directamente a Santa Cruz de Tenerife.
Y es que los orígenes de esta familia murguera están irremediablemente unidos a la capital tinerfeña. La propia NiFú-NiFá, considerada la madre de todas las murgas canarias y decana del Carnaval chicharrero, tuvo un papel fundamental en sus inicios, cediéndoles letras y enseñándoles a fabricar instrumentos .
Berto lanza un mensaje directo al alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez: “¿Cuántos años más tienen que pasar para que se reconozca la labor de nuestra genuina murga? Para que sus fundadores puedan disfrutar de su reconocimiento en vida, que es lo que ansiamos los que ya pasamos de los 70 y hemos visto crecer a nuestra familia murguera” .
Y recuerda a los que ya no están: “La siempre admirada Mamá Lala, que ya no sigue entre nosotros y que nos hacía los trajes sin cobrar ni un solo duro durante casi 30 años, hasta que un infarto se la llevó”. También a Antonio Toledo, que aún vive con noventa y tantos años.
La esencia que no se negocia
Rafa González, que se desvinculó de la murga en 1990, reflexiona sobre cómo han cambiado las agrupaciones. “Ahora los repertorios son más monótonos; antes cogías una música y la identificabas, ahora se mezcla todo y todo suena igual”. Critica que las murgas “quisieron hacer un plagio de las chirigotas, y no se pueden comparar, cada uno tiene lo suyo” .
“Antes las murgas eran el periódico del pueblo y ahora se centran en temas personales”, sentencia este histórico murguero, que fue también la voz del Estadio Heliodoro Rodríguez López durante más de cuarenta años .
Berto cierra su reivindicación con un abrazo y una esperanza: que el Ayuntamiento tenga en cuenta su sugerencia. Mientras tanto, Triqui-Traques sigue ensayando en La Noria, con la dignidad de quienes han visto crecer el Carnaval desde sus cimientos y no están dispuestos a ser olvidados.