Lara Coello Padrón se estrenó en cochito, días después de su nacimiento el 18 de enero, en el concurso de murgas del Carnaval de Santa Cruz de 1999 como la mascota más pequeña de aquella edición de la formación crítica que fundaron en 1991 sus padres, Juanjo y Carolina. Lara no vino con un pan debajo del brazo, sino con dos cartones, el primero de Interpretación y el segundo de Presentación.

La segunda de las dos hermanas Coello Padrón –su primogénita, Raquel, también componente de Guachi y más tarde de Funkyguachi y la murga adulta Triquikonas– faltará por primera vez a la cita del concurso de la cantera del Carnaval pues en la actualidad realiza las prácticas del grado de Náutica, y estar embarcada en un buque de pasaje le imposibilita acudir a los ensayos.

Lara se lo toma con humor. «Este año estoy en excedencia», comenta después de recordar que, tras realizar sus estudios en el colegio de La Pureza de Santa Cruz, cursó el Bachillerato de Ciencias de la Salud en el instituto de La Laboral; como no quería cursar Física, se decantó por Química y Biología. Junto a su pasión por el Carnaval, en especial en la murga infantil Guachipanduzy, también ha estado vinculada al balonmano, por lo que de mayor se planteó cursar el grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

Concluir su bachillerato con matrícula de honor la llevó a replantearse su futuro. Surgió entonces la pregunta: «Y, ¿por qué no estudiar Náutica?», estudios que inició cuatro años y que ahora culmina con las prácticas que le condicionan a estar un año embarcada para lograr el título de piloto de la Marina Mercante.

Parafraseando la canción de Alejandro Sanz, con el corazón partido entre Carnaval y Náutica, Lara se consuela: «La fiesta se puede vivir de muchas maneras», dice para restar mella a su ausencia del escenario, aunque no evita reconocer que, para ella, «el Carnaval es todo».

«Me ha enseñado a organizarme, a asumir responsabilidades, fomentar el compañerismo… virtudes que se adquieren desde un grupo ajeno a la actividad docente». Frente a aquellos que reconocen el sacrificio y esfuerzo que supone acudir a los ensayos desde septiembre y hasta la pérdida de tiempo que supone militar en alguna de las modalidades, Lara sentencia que «el Carnaval me ya ayudado con los estudios».

Lara Coello, al frente de Guachipanduzy infantil en el Carnaval 2020, el último concurso celebrado hasta el covid.

Aunque es la más pequeña de las dos hermanas, asumió la dirección de Guachipanduzy infantil después de que Raquel descartara suceder a su padre, Juanjo, al frente del grupo porque no quería responsabilidades por estar delante, y prefería en la fila y llevando el grupo coreográfico. Sin embargo, de forma interina, Raquel recibirá prestada la batuta, labor que compaginará con la dirección de Funkyguachi.

Lara recuerda que en 2006, con 7 años, recibió el testigo de manos de su padre; juntos dirigieron por primera vez el pasacalle y la despedida de ese año, para quedarse al frente ya en solitario en 2008, y hasta este Carnaval.

De nuevo, el agradecimiento de la directora de Guachipanduzy a la fiesta: «recuerdo ir a los ensayos de la gala de la reina, que duraban mil horas, y llevaba los apuntes y me ponía a estudiar en la grada hasta que nos llamaban». También hace partícipe de esta responsabilidad a los principios y valores que le han inculcado sus padres. «Esto viene de casa», donde se ha valorado el peso de la responsabilidad con el grupo y la importancia de formarse para afrontar el futuro ya desde el ámbito profesional. De nuevo esa sensación agridulce de que su profesión le obligue a permanecer embarcada mientras su murga está sobre el escenario, porque a Lara no le duelen prendas a la hora de admitir que le gustaría seguir los pasos de sus padres, que llevan treinta años más uno al frente de Guachi infantil.

«Tengo claro que el Carnaval es un hobbie, pero también asumo que es una responsabilidad estar al frente de la murga», lo que le ha llevado a esforzarse al máximo con los estudios para poder ser un ejemplo para los pequeños, y no tantos, que siguen los pasos de la directora de Guachi que, además de ser componente del grupo coreográfico Funkyguachi, también salió una edición en la agrupación musical Chaxiraxi, en 2017, en pleno bachillerato.

Preguntada sobre su opinión sobre la decisión de aplazar el Carnaval de febrero a junio, Lara admite que, dada la situación sanitaria que se vivió durante dos años y hasta hace unos meses, tal vez lo mejor habría sido dejar la fiesta hasta 2023, pero no le pasa desapercibido que eso podría poner en peligro la continuidad de varias murgas infantiles, justo en una época donde los componentes se han hecho más pasotas porque se han acostumbrado a que le den el trabajo masticado. Valora que las murgas de la cantera gozan de buena salud, salvo aquellas que se enfrentan a la falta de componentes, pero desvela la clave del éxito: «ser murguero y compaginar este hobbie con los estudios», reto que la propia Lara ha demostrado que es posible.

Humberto Gonar eldia.es

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