Este paciente de covid que es el carnaval vivió el último febrero confinado, enlatado en el marco de la televisión. Ahora quiere recuperar la normalidad, pero su convalecencia puede haberlo debilitado. La falta de tiempo, en unos casos; la convicción de que todavía no es el momento oportuno, en otros; y la carencia de locales para ensayar, en algunos más, está dificultando la recuperación de la fiesta. Se estima que la participación de murgas puede verse reducida a unos quince grupos -lo habitual es que se superen los veinte- y que la de las comparsas se quede en torno a cinco, cuando en la última edición de la normalidad fue de ocho.

Algunas agrupaciones están haciendo todo lo que pueden para no faltar a la cita. Es el caso de la comparsa de Jinámar Lianceiros, cuyos componentes se dedicaron el domingo pasado a limpiar de basura y matos una parte de los jardines de la Casa de la Condesa (Telde). Han decidido ensayar al raso ya que no encuentran un local adecuado para hacerlo. «Vamos a tener que ensayar en la calle», explican la presidenta de la comparsa, Nerea Esther Armas, y su diseñador, José Julio Armas, «no nos queremos quedar sin carnaval otro año más».

Javier Darriba Canarias7

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