Josechu Álvarez nació en el Carnaval de 1979, de ahí que pueda presumir no sólo de ser miembro de una familia vinculada a las carnestolendas, sino que la fiesta ha sido parte importantísima de vida. Primero en Ni Pico y luego en La Traviata, una de las grandes ausencias del concurso que comenzó anoche.

¿Siempre ha estado en murgas?

Desde pequeño comencé en Ni Pico. Nací en 1984, el año del Mama María, y mis primeros recuerdos son con cuatro o cinco años en la plaza de toros.

¿Dónde se estrena?

Mi estreno en fila fue en Chinchositos, con Lorenzo Marichal, en 1994. Nos íbamos alternando cada año mi hermana Araceli y yo como componentes porque era un gasto considerable salir en una murga infantil. En la camada de aquellos años estaba Aridane, Auche, Ruymán Botín, Ruymán Mujica, Rubén Quesada, Lolo Tavío… Estaba también Basilio y Nayole Peraza… Había una generación.

¿Por qué desembarca en Chinchositos?

Por mi tío Juan (Díaz, el Breba). Siempre he ido de la mano de él. Incluso antes de entrar en Chinchositos, en los veranos, cuando empezaban los ensayos, hacía lo posible por pasarme los fines de semana en casa de mi abuelo para disfrutar de los ensayos y allí me quedaba hasta las tantas. Lo de novelero me viene de chico (se ríe) e inculcado por Juan.

¿Cuándo deja las murgas infantiles?

Estuve tres o cuatro años.

¿Por qué cerró el ciclo?

Por edad y porque era mucho gasto económico en casa tener a dos menudos en una murga; no era cuestión de sacrificar a mis padres para salir nosotros.

¿Cuándo da el salto a las murgas adultas?

Recuerdo en 1994, cuando Ni Pico, pero fue en 1997 cuando tomo contacto con la murga a través de Juan. No quería salir en una murga adulta hasta que yo me la pudiera costear, como ocurrió en 1998, el año del 25 aniversario de Ni Pico-Ni Corto. El año anterior estaba golifeando detrás.

¿En qué fila estaba?

Entre los que cantan al Carnaval; la tercera fila.

¿Quién era director cuando usted empezó en Ni Pico?

Borja Reyes, podría ser su segundo año como director de Ni Pico-Ni Corto. Ya en el año 2000 me puse yo al frente.

¿Cómo definiría a Borja?

(Respira). En los dos poquitos años que estuve con él… era un bonachón; tenía un carisma innato, jovial allí donde fuera y era muy noble. No tenía maldad ninguna. Era un chico especial. Vivía la murga como si fuera de él.

¿Cuándo se estrena como director, en Ni Pico?

En el año 2000, el año de Bombero. Mi primera pareja de micro fue Óscar –recordado artesano–. Había una canción que nosotros llamábamos El Guanchito y me señalaban por cómo interpretaba el personaje. Alexis Hernández junto con Juan Díaz fueron quienes decidieron que me pusiera al frente de todos aquellos que de chico veía en Ni Pico; era de los más jóvenes. El día de la final de ese año cumplí 20 años.

¿Hasta cuándo siguió al frente de Ni Pico?

Tuve un parón cuando se incorporó Félix Padilla por necesidades del guión, ya que puso la condición de ser letrista y el director de la murga. Eso fue del 2005 al 2007, que yo seguí de componente. Yo volví a la dirección de Ni Pico en 2008, y ese mismo año decidí cerrar mi etapa; no me veía en otro lado. En el verano del 2001, mi tío Juan ya había decidido no salir; yo entonces no entendí el motivo de la ruptura.

¿Cuándo se entera de los motivos por los que se marchó su tío de Ni Pico?

Realmente no me enteré de los motivos por los que se fue.

¿Cuándo se entera?

Cuando se reunieron para hablar. No por qué se rompía la murga, porque venía de años muy buenos en 1998 y 1999, no solo por premios sino por la vivencia.

¿Y cuándo se enteró de los motivos por los que se fue?

¿De verdad? Muchos años después, cuando fui componente.

¿Y cuál es la verdad? ¿Por qué se fue Juan de Ni Pico?

Tendrías que apagar la grabadora y no sacarlo en la entrevista.

Bueno… Juan se suma dos años en Chinchosos y funda La Traviata.

Juan estuvo de 2001 a 2003 y fundó La Traviata en 2004 para salir al siguiente.

Usted había decidido dejar de salir en Ni Pico en 2008.

Ya no estaba a gusto en mi casa (Ni Pico) y decidí irme.

¿Cuándo lo llama Juan?

El carnavalero, el murguero, siempre he sido yo. Mi hermano Cristo estaba en La Traviata y él no entendía por qué mi egoísmo de no salir en La Traviata. Y a pico y pala se empeñó de que me sumara a la murga de La Traviata. Hablé con la que era mi mujer y me dijo por qué me iba a quedar en casa y me animó a probar; estaba mi hermano y mi familia, y solo iba a cambiar de ubicación.

¿Qué fue lo que más le impedía sumarse a La Traviata?

Lo que más me costaba era volver al local de La Traviata; veía una falta de respeto ir a ese local a cantar con otra murga. Eso fue preparando el Carnaval de 2009, ya ellos con unos meses empezados. A mí me machacaron por yo dejar Ni Pico para entrar a La Traviata y eso nunca me lo planteé. Nunca me propuse estar en otra murga que no fuera la Ni Pico, pero la vida a veces es caprichosa y se dio la circunstancia de entrar a formar parte de La Traviata. El primer año no me sentía ubicado aún estando con Juan de nuevo, con Juani, Vitolo… un montón de componentes con los que compartí años en Ni Pico y desde niño.

Y desde entonces, hasta la fecha.

Así es. Fueron once años.

¿Lo mejor de La Traviata?

Lo mejor fueron los primeros años: la murga era una familia.

Pero el boom llegó después.

A veces el boom hace que empiecen a asomar fisuras. Cuando tú no trabajas bien una brecha, la grieta vuelve.

¿Por qué deja de salir La Traviata?

La Traviata deja de salir porque tiene tres personas indispensables e insustituibles: Juan Díaz, José Antonio González y Juani Febles; ésa es la columna vertebral de la murga. Juan es la murga. Le pueden achacar muchas cosas, puede llegar a ser antipático porque le han tomado mucho el pelo y lo permite por defender lo suyo.

¿Por qué no sale la murga?

Yo me añado a esa columna, pero soy el sustituible. Juan lleva muchos años arrastrando por la murga y no siendo feliz en ella; José Antonio ya no está para tanto trote –por años y cargas– y Juani tiene Caña Dulce; hay etapas. Ahora, los cuatro entendemos que le debemos tiempo a nuestra familia. Si la murga continuaba, el que iba a estar realmente a cargo de la murga iba a ser yo. Si la murga no sale es realmente por mi culpa, porque yo no puedo.

O sea, Juan se iba y se la quedaba usted…

Sí. (Silencio). Pero… yo tengo muchos calderos al fuego, los he tenido durante todos los años de Carnaval y mi cocinilla es de cuatro fuegos; a veces he tenido calderos preparados para jugar con esos fuegos, y a veces he desatendido el caldero más importante… uno se quemó y al otro se le estaba evaporando el agua. El otro caldero se va y se quita. Para estar arrástrándome y pidiendo favores… Nunca he sido persona de dorarle la píldora a la gente para que salga. Había un grupo que quería sacar la murga junto conmigo pero la última decisión la tenía yo. Y si yo no estaba al frente, Juan no la iba a dejar en otras manos. Decidimos muy a nuestro pesar cerrar la cajita de música.

¿Por un tiempo o indefinido?

Yo creo que la situación de La Traviata será indefinida; ya no nos vemos… Hemos disfrutado del Carnaval pero Juan, José Antonio, Juani y yo no sé si hemos disfrutado de verdad de la murga. La responsabilidad es máxima; el sacrificio es el triple del que hace el componente sin saber lo que tiene en su casa. Nosotros estamos para todos. Hemos decidido que ahora le toca a nuestra familia.

¿Volverá a salir en una murga? ¿A dirigir?

Estoy seguro que no volveré a dirigir una murga. ¿Salir en otra? Ahora mismo estoy de luto. No quiero. No sé ni cómo va el Carnaval, qué se está haciendo ni cómo se va a presentar. No es que no me interese. El Carnaval ha sido una parte muy importante de mi vida pero ahora mismo necesito obviarlo, separarlo y no entro ni en redes sociales y mis conocidos y amigos procuran no mentarme el tema. Si me dices que la Fufa va a concurso, te creo. No estoy al tanto de nada por necesidad.

¿Cómo va a pasar el Carnaval 2022? ¿Con mono?

Como estoy desenchufado, creo que no; descubres que el Carnaval no es tan necesario como pensabas y no es imprescindible para la vida. Tampoco me veía con muchos años más delante de la murga; tal vez habría aguantado algunos más. Había momentos que me veía en la tele y… ¡uff!.

¿El trabajo también le ha cambiado esa visión?

Comienzo a trabajar meses previos antes del estallido del covid y veo circunstancias que… Es complicado ver despedirse en una UVI a un padre y un hijo que se mueren con diferencia de un minuto. En 2017 comienzo la formación como sanitario –durante dos años– y a partir de ahí comienza la situación convulsa en la murga. Todos los años le decía a Juan que se buscara otro director porque me estaba quedando obsoleto. Yo, donde creo que me hago director, es en La Traviata. Te regalo el protagonismo de los directores; a mi me gusta el Carnaval y cuando más me he divertido es de componente, lo disfrutaba.

Humberto Gonar eldia.es

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