Oscurece en Santa Cruz. A las afueras del Recinto Ferial unos jóvenes, no más de diez, juegan con un patinete. Ese y el de los coches es el único ruido en los alrededores. Nada que ver con lo que, sin la irrupción del Covid, se hubiera vivido en esa zona anoche. No hay colas, ni jolgorio de aficiones, y mucho menos trasiego de las murgas que llegan para actuar en su gran día. La pandemia se ha llevado por delante al Carnaval 2021 y, por extensión, a su concurso más esperado. Un paréntesis sin precedentes.

Los últimos han sido meses diferentes para cientos de murgueros. Con restricciones y sin ensayos, han quedado apartados de una rutina que muchos habían convertido en una forma de vida. Un día a día con un momento culminante, el de la final de ayer. Una final que no fue y que deja una sensación extraña en el colectivo. Anoche, a la hora del concurso, El Día citó a los directores de las murgas ganadoras en la última década. Bambones, Diablos Locos, Mamelucos y Zeta Zetas. Pocos mejor que ellos para explicar lo que es un viernes huérfano de final.

“Cuando venía en el coche me dio la sensación de que tenía que ir al local a pintarme”, comenta Masi Carvajal, responsable de Diablos, para romper el hielo sobre una situación “rara” después de “estar 25 años seguidos pasando a la final; es como si te faltara…”. “Ya estás lanzando la puyita”, le interrumpe enseguida Primi Rodríguez, de Bambones, con su sorna habitual. “Si te has quedado más años fuera que nosotros, así que déjate de lanzar puyitas”, le insiste. “Sí, cinco años seguidos desde el 90”, le admite el trónico con buen encaje. Anoche no hubo lucha por los premios, pero sí el buen ambiente que se respira siempre.

Pero solo entre los cuatro murgueros citados. Alrededor de ellos, casi la nada. La inmensidad de un Recinto Ferial “vacío, sin gradas, ni escenario, ni público”, según observa Javi Lemus de Zeta Zetas. “Te das cuenta de lo grande que es esto y lo pequeño que parece cuando se llena de gente”, añade el mismo interlocutor, que “echa de menos escuchar a las aficiones, ver las demás murgas, a los compañeros en el backstage”.

Los directores se empezaban a dar de bruces con la realidad que les ha tocado asumir este 2021. “Hasta ahora no he notado nada, pero para mí hoy (por ayer) ha sido un día duro, sobre todo por lo que ves en redes sociales. El miércoles, en el chat de la murga, Manolo Peña hizo una especie de simulación de cómo fueron las fases del resto, los pases de la final, el desafine del pasacalle que no se puede repetir…”, relata Xerach Casanova en una situación con la que también se identifica Masi y que al final “te sirve para soltar unas carcajadas”.

Y es que más que los 30 minutos de actuación, “en los que al final te quedas con cuatro imágenes mentales”, según Casanova, lo que se añora es “el coger vacaciones esta semana”, o detalles de la “rutina previa”, como “el ir a cortarte el pelo”, apunta Javi, o, como advierte Primi “la gente en cola, saber si un conocido al final ha conseguido entrada, o quedar en el local a una hora determinada para pintarte”. “Hasta hoy lo vas asumiendo, pero con las redes sociales te das más cuenta todavía de que ahora tenías que estar en algo que ya es parte muy importante de tu vida…”, explica Rodríguez. “Bueno, eso si hubieras pasado”, vuelve a la carga Masi en tono irónico.

Masi, Primi, Javi y Xerah se sienten como cualquier murguero de fila… aunque el cargo y las responsabilidades a asumir dentro de su colectivo conlleven que este paréntesis tenga, si cabe, una mayor dimensión para ellos. “Lo he notado en el día a día. He ido delegando con el paso de los años, pero en Diablos me encargo de todo y el no tener esa ocupación me ha jodido un montón porque es parte de mi vida. Ahora termino de trabajar, descanso un poco y me he dedicado a correr”, relata Masi sobre lo que es su nueva rutina.
En términos similares se expresa Xerach, para el que este obligado paréntesis ha sido como “un balón de oxígeno”. “Nos echamos mucho peso a nuestras espaldas y ahora he podido liberarme de varias cosas, lo necesitaba”, comenta, aunque solo justo antes de acabar admitiendo su mono murguero. “Dudo que pudiera aguantar mucho más sin la murga porque al final haces todas esas cosas porque te nacen”, señala el director de Mamel’s, que llena sus nuevos huecos libres con su trabajo “y estudiando hasta seis o siete horas diarias”, lo que siginifica que no tiene tiempo para el aburrimiento.

También expresa “alivio” Lemus, que ya se basta y sobra con “la presión y la carga del trabajo”. “Necesitaba no estar con esa presión desde octubre con ensayos, atrezos, letras… Nos estamos planteando hacer esto cada tres años”, señala en clave humorística. Primi, sin embargo, es el que reconoce llevarlo peor. “Mis amigos y yo nos metimos en su día en una murga y por eso la gran cantidad de mis relaciones son dentro la murga. Echo de menos verlos, poder hablar de las letras, o discutir por un partido del Tenerife…”, apunta con nostalgia. “La noche tras noche, esa que parece tan dura, al final te das cuenta que realmente es lo que te da la vida”, añade mientras soporta tener que pasar por “una situación muy monótona” en la que se puede “enganchar a ver un Cádiz-Éibar”. “Echo de menos mi vida”, recalca el bambón.

La final, los días y las horas previas, o simplemente el día a día durante los meses anteriores. Momentos que este año han echado de menos los murgueros. Pero hay otro instante que el Covid también le ha robado al colectivo crítico. “La presentación de la murga”, esa noche que sirve para testear “con los tuyos” si gustan o no las canciones, o si el disfraz ha impresionado. “Ya cantas con una presión añadida. Para mí, el año pasado, y después de dos malas actuaciones, fue como la final de murgas”, admite Lemus. Masi, por su parte, lo define como “un día incluso más bonito que el del concurso”, porque “le cantas a tu gente, la que te aguanta todo el año… aunque si lo haces mal, la desilusión con la que te puedes bajar es enorme. Primi, en cambio es más tajante. “Si por mí fuera me la cargaba; paso más nervios que el día de concurso, muchísimos”, comenta sin titubeos. Alivio, añoranza, rutina robada… Este año ha sido diferente para todos los que viven el carnaval. Anoche, concretamente, el Primer Premio se lo llevó la resignación. Más pronto que tarde volverán a ganar las murgas.

Carlos García eldia.es

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