Una vecina del sur de Gran Canaria denuncia la falta de control ante los botellones que en fin de semana se producen en algunos puntos de San Bartolomé de Tirajana, por ejemplo, en el aparcamiento del colegio Almas, en el barranco del Negro. Reuniones de gente joven en las que se acumula una gran cantidad de personas que infringen las normas contra la COVID, sin que, según esta vecina, haya una reacción policial. Eso a pesar de que llamaron a los agentes del municipio para advertirles de lo que estaba pasando. Es el testimonio de un sábado por la noche en el que esta joven acudía a la zona citada para cenar, en compañía de otra amiga.

La situación era totalmente normal mientras subían por la carretera que da acceso a esta zona, pero cuando llegaron allí, la sorpresa no pudo ser mayor. “Subimos por esa carretera, desierta, pero cuando llegamos hasta allí, una pasada. Había más coches que parking, una barbaridad de gente bebiendo y vomitando”, asegura la joven, confesando que la escena le recordaba a “los chiringos del carnaval”.

Las dos amigas decidieron dar media vuelta y abandonar rápidamente la zona, llamando a la Policía para advertirles. En un primer momento contactaron con la Policía Nacional, que les derivó al cuerpo local. Dieron el aviso a los agentes y se desplazaron hasta un mirador cercano para contemplar la escena. Aseguran que durante la hora que estuvo allí, no se pasó ningún agente por la zona.

“Me parece alucinante que se permitan estas cosas. Si llamas y no van, se está permitiendo. Se están permitiendo estas fiestas ilegales mientras muchos locales de ocio están cerrados, locales de los que vive mucha gente”.

“La gente aglomerada, sin distancia, sin mascarilla, ahí arriba el covid no existe. Lo saben y lo permiten. Me parece una irresponsabilidad por parte de quien lo hace, pero también de quien lo permite”, apostillaba.

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