La técnica ha marcado al director que encendió el ingenio en las murgas. Comenzó con 8 años como maestro de ceremonias del ‘Tamagotchi’ de Chiripitifláuticos y ha acabado por hacer volar a sus Zeta-Zetas. En casi un cuarto de siglo ha militado en Quinquiñecos infantiles y Pita-Pitos -la murga autodidacta por excelencia-, para dar el salto en 2007 a la percusión de Chinchosos, seguir como director de L@s Mism@s de Siempre en 2008 y 2009, y volcarse desde 2010 en un cambio de estilo en Zeta-Zetas. En el último lustro siempre ha estado entre los primeros puestos, hasta convertirse en la murga referente.

En la víspera de La Mejor Canción de Murgas del Siglo, ¿tiene sensación de concurso?

No, para nada; si tuviera sensación de concurso tendría diez kilos menos y con más entradas.

¿Es un orgullo estar entre las diez mejores canciones?

Sí, es un orgullo estar entre las diez mejores canciones del siglo elegidas. Seguramente hace unos años era impensable que Zeta-Zetas estuviera luchando con la mejor canción de murgas del siglo. Es para mañana sentarse y verte por la tele, y sobre todo por la canción que llevamos, El Croma.

¿Cómo surge la idea de El Croma?

La canción de El Croma surge de una idea que nos comenta Josito en 2017, nada más bajarnos del escenario que habíamos cantado el Teletransporte. Josito siempre está maquinando de un año para otro y ya nos estaba diciendo una idea para 2018, que era El Croma. Él había estado trabajando en televisión y comentó que se podía hacer cosas guay. Era un poco precipitado entonces.

¿De dónde nacen las ideas de Zeta? ¿Cómo se fragua un repertorio 3D en forma de murga?
Las locuras son un poco de Santi Martel y mías. Martel se centra un poco más en mirar lo que es la estructura de la canción; nos sentamos y debatimos un poco cómo sacarle partido. Hablo de El Croma. Una de las primeras cosas que teníamos claras era incorporar la referencia a Los Canarios sin alas, porque teníamos y tenemos amigos y familiares que residen fuera y nos contaban que cada vez que se celebran los concursos o quieren venir a disfrutar de los carnavales les cuesta una pasta poder trasladarse a Tenerife. Eso lo teníamos claro, pero lo complicado era que una canción que escribíamos en agosto –porque tenía que ser la primera en escribir para ensayarla y grabar– y que en febrero iba a seguir existiendo, como por ejemplo la situación de las colas que se llevan sufriendo hace bastantes años. Luego nos dimos cuenta de que la final iba a ser el 15 de febrero, y eso no iba a cambiar, y en esa fecha es el día del cáncer infantil, y queríamos hacer un guiño, sobre todo a la hipocresía de las redes sociales, que también es actual, que ese día señalado ponemos algo en las redes y parece que el resto del año no nos acordamos. Lo más difícil fue buscar las cuatro o cinco ideas que queríamos reivindicar y que no lo tuviéramos que cambiar en febrero.

Han demostrado que otro soporte es posible en las murgas.

Todo evoluciona. Los móviles ya se bloquean solos, llaman solos, los coches se reinventan, las casas se reinventan, las televisiones se reinventan y las murgas se reinventan y creo que Zeta-Zetas es un poco la culpable de que se viera otro tipo de hacer murga que no es ni mejor ni peor sino diferente y es murga también.

Modelo con el que las nuevas generaciones se identifican, una murga interactiva y 3D.

Ha tenido bastante aceptación y hemos ganado más seguidores y aficionados de Zeta-Zetas. Sobre todo me quedo con que muchas personas que no le gustaban ya tanto las murgas o las habían dejado de lado y el estilo de Zeta-Zetas se han vuelto a reenganchar y a ver murgas, y que les vuelvan a gustar. Y ese estilo ya no lo hacemos nosotros solos, sino también hay muchas más ya: el año pasado estuvo casi tres minutos Bambones con luces, o Diablos con caretas y luces, o en Las Palmas. Creo que esto ha hecho que la gente vuelva a engancharse a ver murgas, después de que las hubieran dejado un poco de lado.

Atrás quedó el sambenito de la murga Hacendado de Bambones.

Cargamos con él varios años con razón, porque teníamos un estilo muy parecido. Con los años, la entrada de Martel en las letras y yo en la dirección artística nos encaminó a otro estilo diferente; no podíamos competir con el mismo estilo de Bambones, o Diablos, o Triquikonas o Triquis. Teníamos que buscar el nuestro, totalmente diferente a los demás, porque sabíamos que las otras murgas eran las mejores en su estilo.

Y han sido unos adelantados a la situación que nos ha abocado en el último año el Covid.

Sí, parece que nos hemos adelantado un poquito a lo que nos ha tocado vivir y que seguramente se prolongará en el 2022.

¿Qué vino a aportar Pablo Moreno a Zeta-Zetas?

Costó. Fue un año muy difícil y era mi segundo año de director y nos vimos casi en noviembre como una murga desestructurada sin director musical y le dimos la oportunidad a Pablito, que era un chico supertímido que iba siempre a ensayar y se ponía en la fila a hacer cositas, pero yo lo conocía, y fue el salvador de que ese año hiciéramos una actuación decentemente, porque pasamos a la final y casi nos llevamos un accésit, y al siguiente hicimos un buen equipo; sabía que él era quien tenía que hacer grande a Zeta-Zetas y que lo iba a lograr. A nivel personal me ha dado mucho, mucha tranquilidad y nos compaginamos muy bien. A día de hoy es uno de mis mejores amigos y puedo contar con él aunque esté en otra murga.

Aunque esté en Bambones, acude a consultarle cosas.

Sí, claro. Más allá de la murga, Pablo es uno de mis mejores amigos, siempre está ahí apoyándonos. Incluso cuando se fue a Bambones se ofreció a montarnos si hacía falta.

Siempre quiso ser director, ¿para demostrar su estilo o como vocación murguera?

No es que quisiera ser director. Los dos años que estuve en L@s Mism@s de Siempre fue porque me tocó y había que poner a alguien y de los que había yo era de los más espabiladillo (se ríe). En la fila me sentía muy encerrado y siempre intentaba moverme entre la fila. En los ensayos siempre me gustaba aportar movimientos; fue poco a poco, hasta que decidieron dejarme delante; fue de chiripa.

¿Pero es un estilo propio o la suma de un grupo?

Cuando afronto la dirección empiezo a asumir responsabilidad; la figura de David Padilla era muy fuerte, pero cuando se va y las decisiones me tocan a mí es reflejo más de mi locura, mi creatividad, junto a Martel y Pablito. En todo me gusta más estrujarme la cabeza; ese es el reflejo.

¿Se siente parte de una generación, junto a Pablito, Carlos Casanova, Trapaseros…?

Sí, la verdad que sí. Puedo retirarme de las murgas tranquilamente porque he logrado lo que todos soñamos: llevar a una murga a lo más alto y mantenerla en los últimos cuatro años entre las dos primeras. Me siento partícipe de una nueva generación de la misma quinta y que en su momento lo dimos todo en las murgas infantiles, ocurre también con Xerach, o Burlonas, Triquikonas o los Okaidis de Diablos Locos, en Bambones, como el hijo de Suspi.

¿Es partidario de una final en murgas infantiles?

No. Me tocó vivir un año con final y otro sin. Al final les metes a los niños una competitividad fea. Si al no llevarse un premio los ves llorar, imagínate cuando no pasan. La final infantil fue un invento que salió mal y ya está.

¿Qué lugar prefiere para celebrar los concursos?

Con una mezcla de todos: me quedo con el recinto por cómo está ubicado, la gente la tienes pegada y si llueve no pasa nada; en lo musical me gustó mucho el año en la explanada del Parque Marítimo. La peor fue el estadio. Sería una mezcla de todo: ojalá se pudiera estar al aire libre, con techo, en la explanada del Parque Marítimo y que el escenario estuviera en el centro de la ciudad para que todos pudiéramos ver cómo se va construyendo el decorado. Es muy difícil; lo ideal es el recinto, aunque me encantaría en la plaza de España.

¿Su aliciente para seguir en murgas es llegar a ser el director que ha ganado más primeros?

No. Estoy satisfecho de lo que he logrado con Zeta-Zetas, aunque me considero una persona ambiciosa y si me meto en algo intento superarme a mí mismo. Si sigo en murgas es porque no puedo estar sin ellas; no porque quiera llegar a más. Ya me habría ido; de no haber este parón yo me habría parado, y no sé si hubiera vuelto. Si sigo en murgas es porque no puedo pasarme unos carnavales sin pintarme y subirme a los escenarios; llevo desde los ocho años sin parar. Llega febrero, o los concursos y me quiero pintar y subir a cantar lo que sea.

¿Para sacar un gran repertorio, con el uso de la técnica, hace falta dinero?

Depende del año y del repertorio. El año pasado fue cuando menos nos gastamos; la edición de El Croma fue cuando nos gastamos más pero porque fue también el Hombre fuego… Es verdad que el dinero que recaudamos entre subvenciones y publicidad nos lo solemos gastar más en las canciones. Los componentes saben que las cuotas que dan de 100 euros son para el disfraz, porque el resto del año estamos vistiéndonos de Hombre Espejo, de Posit, de Robot que hay que sacar el dinero y no se lo pedimos a los componentes. El año pasado tuvimos la suerte que teníamos el premio de Got Talent.

¿Cómo meter a cien Zeta-Zetas en el local de ensayo?

Ahora mismo imposible. No soy partícipe de ir un día treinta y otro día, otros treinta y así… Eso no se puede hacer. Hasta el día que no me dejen entrar a 80 personas no vamos a poder hacer murga. Esperemos que en septiembre u octubre se pueda hacer algo y organizar el concurso de 2022 como se pueda, a dos canciones, a tres, a una y dos…

¿Habrá que hacer algún reajuste en el repertorio de 2022?

Creo que sí porque vamos a llegar muy justos a septiembre; era partidario de ir restando temas por mes en función de cuando podamos comenzar a ensayar.

¿Se ha tocado techo en las murgas?

No. Nos tocó a nosotros dar ese cambio y ahora estamos recogiendo los frutos pero es una tendencia y como todo lo que sube baja… seguramente dentro de cuatro años surja algo que guste más, y no hay ninguna mejor que las restantes ni hay que cambiar un estilo por hacer otra cosa; es cuestión de tendencias; es como la moda; hace veinte años se usaba el pantalón de campana, que volvió a estar de moda diez años después…

¿Cómo quiere que le recuerden en la historia del Carnaval?

Mientras recuerden a Zeta-Zetas me quedo tranquilo.

Humberto Gonar eldia.es

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