No hay vecino de Tunte que sea capaz de tener un mal pensamiento para Carmela Sarmiento. Porque Carmela era bondad, generosidad, solidaridad, alegría y una mujer con una enorme calidad humana y de profundas raíces tirajaneras que llevaba a su pueblo en la sangre y participaba de todo aquello que tuviera que ver con la villa. Carmela fue de esas personas que cuando se van dejan un profundo vacío alrededor de quienes conocían a una mujer «todoterreno», como la definen vecinos y amigos. «Era una mujer que cuidaba de su familia y que siempre estaba dándolo todo a pesar de sus problemas, siempre con una sonrisa por delante hasta el último momento antes de marcharse», relató este lunes su hija Carmensa apenas una hora después de despedir a su madre. Tunte ha dado el último adiós a una de sus vecinas más queridas, quien falleció el pasado domingo a los 89 años.

Procedente de una familia de nueve hermanos, Carmela nació en Tunte en 1932 y desde muy joven se dedicó a la agricultura, en los tomateros de Juliano Bonny, donde trabajó junto a toda su familia hasta que con 22 años se casó con Aurelio Medina, conocido como Tito. Con él cuidaba de seis hijos, nueve nietos y cuatro bisnietos, a los que inculcó su profundo amor por las raíces canarias y las costumbres de su pueblo. También pasó por la hostelería durante el creciente boom turístico de Maspalomas a partir de la década de los 60 y durante un tiempo se dedicó a planchar la ropa de familias para pudientes para sacar a sus hijos adelante.

Carmela era una mujer participativa en toda iniciativa social que surgiera en su pueblo
Carmela, cuentan sus allegados, era de las personas más participativas del pueblo. Ella estaba para todo y para todos. Ayudaba a todo el mundo. «Era la calidad y la esencia de Tunte», cuentan Carmen Santana y Carla Guerra, amigas de la familia, «era luchadora y sufridora; luchó mucho y no tuvo una vida fácil, pero nunca dejó que eso la condicionara y siempre tiró para adelante». Pero a pesar de todo, añade su hija Carmensa, «tuvo una buena vida y se divirtió todo lo que quiso».

Tanto, que esta mujer era la fiesta y la alegría personificada y eso lo llevaba hasta sus vecinos. Era una de las mujeres encargadas de la elaboración de las tortillas de carnaval y el chocolate que se repartía en el pueblo durante estas fiestas, y también del sancocho canario que compartían los vecinos cada 24 de agosto, día de San Bartolomé. Y era buena cocinera; primero ofrecía sus guisos y potajes a los jóvenes que participaban en el campamento organizado por la Asociación Iguaya de Tunte, luego en el campamento del Garañón y de ahí saltó a Fuerteventura. «Hacía todo lo que los niños me pidieran, y no es por echarme flores pero terminaban chupándose los dedos», confesó con humor hace unos años en una entrevista en este periódico.

No había fiesta en la que ella no estuviera presente, desde las patronales de su pueblo hasta las romerías y los carnavales. De hecho, Carmela formaba parte del grupo de mujeres conocido como ‘Las Viudas Alegres’ que cada año visitaba El Pino de Teror junto a la carreta que representaba a San Bartolomé de Tirajana, y lo hacía ataviada con ropa negra, sombrero de paja y una cesta sobre su cabeza con los productos que el municipio ofrece a la virgen.

Su afán por participar en todas las actividades la llevó incluso a presentarse varias veces a la gala de la Gran Dama del Carnaval Internacional de Maspalomas en representación del centro de mayores de Tunte y obtuvo el cetro hasta en tres ocasiones, la última en 2016. «Como nadie del club de mayores quería presentarse me daba pena que sacara el título una de Maspalomas, y tuve suerte», declaró tras ganar el certamen.

Ganó el cetro de la gala de la Gran Dama del Carnaval de Maspalomas hasta en tres ocasiones
Carmela fue pionera en algunos campos, como en su gusto por conducir: fue la primera mujer de Tunte en sacarse el carnet, tal y como recuerdan vecinos de la zona. Y eso le permitió irse de rutas por la isla en su Mitsubishi Montero y con su marido de copiloto. «Hasta el año pasado conducía y se paseaba por el pueblo tocando la bocina», añaden sus conocidos.

El gusto por la fiesta y la música lo compartía Carmela con su marido Tito, quien fuera sacristán de la parroquia de Tunte, sepulturero del cementerio y también trabajador municipal. Y es que Tito fue el fundador de la única banda de música del pueblo.

La marcha de Carmela Sarmiento deja huérfanos a los tirajaneros, quienes durante este fin de semana mostraron sus condolencias hacia la familia recordando a esta vecina y toda su labor en las redes sociales. Carmela se ha ido pero su recuerdo permanecerá en el pueblo. A su entierro acudieron tres exalcaldes y exalcaldesas: José Juan Santana, Mari del Pino Torres y Marco Aurelio Pérez. La concejalía de Medianías se suma a las condolencias a su familia.

Rubén Torres Colegio San José Dominicas ·

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