El mejor consejo que se le podría dar hoy a un carnavalero es que se haga un disfraz fresquito para el Carnaval 2022. La magua ante la posibilidad de imaginar una Gala de Elección de la Reina como la elección de las guardias del cetro, sin público, ante la incidencia de la crisis sanitaria y la falta de garantías de que a comienzos de febrero se pueda volver a los locales de ensayos han hecho recapacitar a la organización chicharrera, que ha decidido dar un volantazo en los planes que barajaba hasta la tarde del pasado miércoles, cuando incluso se planteaba retrasar a finales de febrero y mitad de marzo las fechas de la próxima edición, a costa incluso de suspender el Carnaval de la calle; ese iba a ser el anuncio que se preveía que realizara el alcalde de Santa Cruz a los grupos oficiales el lunes 17.

Las consultas realizadas a más de media docena de expertos sanitarios, que coinciden en que el covid no empezará a remitir hasta las primeras semanas de febrero, han llevado a la organización a sopesar la posibilidad de trasladar el calendario completo del Carnaval dedicado a la Ciencia Ficción al mes de junio. Los contras: el inicio de las vacaciones de muchos, los exámenes de los universitarios o la reclamación económica que podrían hacer aquellas empresas a las que se les contrató suministro para la fiesta en febrero o marzo; los pros: celebrar el Carnaval con más garantías de seguridad.

En términos económicos, Santa Cruz se debate entre elegir un Carnaval más cercano al convencional que al virtual, como el pasado mes de marzo, cuando generó un retorno publicitario de 4,4 millones de euros, frente a los 35 millones que repercute una convocatoria de la fiesta de la máscara en plenitud, como la que se podría celebrar en junio, que abarca desde los concursos y galas hasta el incluso Carnaval en la calle.

Sería la primera vez que Santa Cruz celebre en junio su Carnaval, al margen del congreso de la Federación Europea de Ciudades el Carnaval (FECC), en mayo de 2000 y con Dámaso Arteaga como concejal de Fiestas, pues tradicionalmente la capital tinerfeña adapta su programación al calendario de la Cuaresma, de la Iglesia Católica y marcado por las lunas.

En términos generales, a Santa Cruz le cuesta casi lo mismo celebrar un Carnaval para 5.000 personas que puedan entrar en cada concurso que celebrar certámenes sin afluencia de espectadores –por medidas covid–, unos 2,3 millones de euros.

Retrasar el Carnaval de Santa Cruz supondría desmarcarse de Las Palmas, organización que desveló precisamente ayer sus nuevas fechas: lo aplaza dos semanas respecto a sus previsiones iniciales para desarrollarlo del 18 de febrero al 20 de marzo, como eran los planes en los que habían trabajado los dos directores artísticos, Israel Reyes y Enrique Camacho. El retraso que se plantea ahora Fiestas permitirá la coincidencia en fecha de los dos carnavales que disfrutan del reconocimiento de Fiestas de Interés Turístico Internacional: Santa Cruz y Cádiz, que ya se decantó por junio.

Celebrar el Carnaval en junio permite a los grupos afrontar con más seguridad y tranquilidad los preparativos de sus repertorios, precisamente después de que Patrimonio anunciara que se puede volver a los locales municipales, en su intención por facilitar que se retomen los trabajos de costura más que los ensayos. De hecho, el mismísimo consejero de Sanidad del Gobierno canario, Blas Trujillo, en la rueda de prensa ofrecida tras el consejo de gobierno para valorar la evolución de la crisis sanitaria, afirmó que «en esta situación, lo de los carnavales podrá esperar; eso hoy no toca. Será un evento en expectativa pero con la que está cayendo nosotros estamos con otras ocupaciones. Llevamos dos años de pandemia y algo habremos aprendido. Si la situación continúa con este nivel de estrés o va en aumento, es evidente que el cuatro de medidas que se pueden producir serán más restrictivas que si hay un escenario más laxo; es el devenir del día a día. Uno entiende a otros que puedan tener una preocupación o ocupación, pero nosotros estamos intentando resolver en este momento este asunto. Ese tipo de eventos, o cualquier otro, va a depender del conjunto de medidas que tenemos previstas en nuestro marco operativo para cada uno de los escenarios epidemiológicos».

En el momento de la reflexión del consejero de Sanidad, Las Palmas ya había anunciado sus nuevas fechas y la organización chicharrera había iniciado la búsqueda de un nuevo calendario. A primera hora de la mañana de ayer el concejal Alfonso Cabello le planteó la nueva alternativa a su equipo de Fiestas, quienes plantearon una fórmula intermedia: trasladar galas y concursos de finales de marzo al fin de semana del 3 de abril, antes del inicio de la Semana Santa, lo que supondría que no habría Carnaval de calle y el mensaje que se trasladaría a la ciudadanía sería un tibio cambio en el calendario, frente las voces, cada vez más numerosas, que piden celebrar esta edición con máxima seguridad. Esta posibilidad sería menos rupturista con los planteamientos de la dirección artística de Santa Cruz, y mantendría la gala de la reina como el primer plato fuerte para dar paso al resto de concursos del Carnaval.

El concejal de Fiestas, Alfonso Cabello, anunció el lunes que esta sería una semana decisiva, y ni él mismo sabía la trascendencia de su afirmación por el devenir de los acontecimientos. Desde primera hora de ayer, como se prevé continuar hasta antes del lunes, la organización ha comenzado a sondear a los grupos sobre celebrar el Carnaval en junio, lo que supone abrir una puerta a la ilusión y ganar tiempo y argumentos para que los componentes retomen a los ensayos en los locales, con seguridad.

El nuevo planteamiento deja claro que Santa Cruz celebrará como festivo local el 1 de marzo sin ser Martes de Carnaval para apostar porque los nuevos bríos de la fiesta de la máscara lleguen en primavera, tras las fiestas fundacionales y antes del día del Carmen. El alcalde despejará la incógnita en la reunión con los representantes de los grupos la tarde del próximo lunes por zoom.

Humberto Gonar Menciones - CEOE-Tenerife

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