Con el cosquilleo en el estómago que da empezar de nuevo, pero con la certeza de que el barrio siempre está. La murga Las Legañosas inauguró oficialmente su nuevo local en El Carrizal, y lo hizo a lo grande: estrenando espacio propio con un mural que ya es parte del paisaje. En la pared principal, el flamante logo de la murga —ese que las identifica entre el carnaval y la risa— quedó pintado de punta a punta, como una promesa de que ahí va a latir el ensayo, el after, el café compartido y el llanto por la letra que no sale.

La inauguración fue más que una mudanza. Fue un acto de amor colectivo. Porque el local —que las propias integrantes soñaron durante meses— no estaba listo del todo. Faltaban manos, sobraban horarios imposibles y, entre el caos, las prisas y el estrés, aparecieron ellos: un grupo de gente anónima para el carnet, pero fundamental para la historia.

“Chicos, de verdad, gracias por echarnos una mano con el local. Entre el caos, las prisas y el estrés, aparecieron ustedes para salvar la faena y eso no se olvida”, escribieron las Legañosas en sus redes, con el corazón en un puño y una emoji de aplausos. Y sumaron: “Da gusto encontrar gente así, con ganas de ayudar y siempre con buen rollo. Hoy el local quedó mejor, pero el detalle de ustedes todavía más grande”.

Con cajas vacías, brochas con pintura todavía fresca y unas cuantas latas de cerveza compartidas, la noche terminó siendo una fiesta silenciosa: la fiesta de quienes saben que la murga no es solo escenario, sino refugio. El mural del logo —con colores que no pasan desapercibidos— ya vigila los ensayos, las juntadas a última hora y los mates de la previa.

“Mil gracias de parte de todas”, cerraron ellas. Y el Carrizal, esta vez, aplaudió de fondo. 🎭🍻

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