La Chirigota del Canijo vino a Canarias por primera vez hace quince años a un festival benéfico y desde entonces ha mantenido esta relación. Ayer protagonizó un mano a mano con Zeta-Zetas y pudimos entrevistar a Pedro Serrano, autor de la Chirigota del Canijo.

¿Cuál es el motivo de esta visita a Tenerife?

Hemos participado en una visita organizada junto al Patronato Provincial de Turismo de Cádiz junto a Turismo de Tenerife que ha participado en la promoción de las líneas aéreas de Binter entre Jerez de la Frontera y Tenerife y también con Gran Canaria. A Cádiz y Canarias nos unen muchas cosas: el Carnaval, la cultura del mar, vinos, quesos y disfrutar de un clima envidiable. Es un reencuentro: la murga tinerfeña viene de la cañonera gaditana Laya.

Tenerife no es un destino extraño para ustedes.

Vinimos a Canarias por primera vez de la mano de Legañosos, en Gran Canaria, para un festival benéfico hace quince años y aquí seguimos disfrutando de Carnaval. La noche del lunes estuvimos con los amigos de la murga Zeta-Zetas. Son innovadores y unos currantes. Disfrutamos de la conversación con Santi Martel, que vende la copla como nosotros, y de Naara Hernández, la primera autora que ha ganado un premio en el concurso de murgas de Tenerife y que se le nota la vis cómica. Y después del chaval de La Voz (Besay Pérez), impresionante cómo canta; flipé. La gente de la chirigota sí lo conocían, yo no porque veo porno (se ríe), aunque soy el único que lo digo.

Su última actuación en concurso fue con Chenobyl.

Sí, en 2020 –se quedaron en semifinales–. Fue un año difícil porque fue cuando comenzó el covid, incluso uno de nuestros compañeros lo pasó fatal y hasta se tuvo que tirar al suelo para poder respirar; todavía se sabía muy poco de la pandemia.

¿Como afronta el nuevo Carnaval?

Con ilusión, después de superar ya el ictus y precisamente en este día en el que se ha quitado la mascarilla y nos permite cantar en plenitud. Era el día que yo quería, ya puedes cantar y reírse sin mascarilla.

Este año no va a concurso.

Salimos en pasado febrero con las ilegales; ilegales en Cádiz significa cantar en la calle, y eso hemos hecho.

Pero este año se ‘volvieron’ ilegales.

Ilegales es cantar en la calle. Decidimos disfrutar el año para nosotros. Ahora en junio hay concurso, pero nosotros estaremos en la calle evidentemente. Como dice una copla: «Este año Carnavales dos, capillitas una».

¿Por qué decidieron no concursar este año?

Nos parecía una tontería invertir dinero, invertir contenido e ideas solo para el concurso y para un mes de verano, porque septiembre ya está ahí y tienes que empezar a ensayar lo del año que viene; nosotros volveremos a salir porque yo me veo bien para salir, para componente, con letras nuevas… Hemos recuperado también un poco los componentes que iban con nuestra filosofía.

¿No se arrepiente de haber decidido no concursar en 2022?

No, hemos hecho muy bien. El Vera por ejemplo va a sacar una comparsa, para probar; era el año para eso, pero volverá con su chirigota en febrero.

¿El covid les ha pasado factura a la chirigota?

No. Hemos estado conectados por el whatsapp como si fuera una familia, que es lo que somos (se emociona). Para nosotros es continuar y volver, y lo haremos en plenitud en febrero. Y volver a Canarias es un regalo, una maravilla. Francamente creemos que no merecemos tanto cariño. La noche del lunes estábamos en el local y ellos sacándose fotos con nosotros, cuando somos nosotros los que queríamos con ellos, que son los ganadores del Got Talent, cojones, o con la voz que tiene ese portento de gafas gruesas.

¿Un repertorio de una murga se podría cantar en Cádiz?

No, porque no hay pasodobles y cuplés. Los temas, como se le llaman aquí, cabrían en cuartetas de popurrí pero acortándolos. Yo veo el repertorio más de comparsa; como espíritu de ensayo, más de coro: son muchos a repartir –como diría el Yuyu, se ríe–. Así es un coro, una familia que hay que organizar, no puede ser aquello un cachondeo y tiene que haber disciplina y devoción, cal y arena, para que funcione, y tienen su local, que es la envidia nuestra.

¿Por qué envidia?

Aquí las murgas tienen mucha suerte porque hay una implicación real de las autoridades frente a lo que pasa en Cádiz. Allí el ayuntamiento no da locales; tenemos que ir por los colegios y conseguir un lugar. En Cádiz nunca han hecho lo que se ha habilitado en el mercado de La Salud; es verdad que allí hay siete mil grupos de dentro y fuera y es una barbaridad. Sería imposible.

Todo es voluntad política.

El Ayuntamiento de Cádiz solo utiliza el Carnaval para pagar la Semana Santa. Cualquier alcalde o alcaldesa se quiera perpetuar en el poder, sea de izquierdas, para por el mismo pago. La recaudación de unas butacas que en semifinales o finales, que pueden costar hasta más de cien euros, financia la Semana Santa y tiene a toda la ciudad contenta: los capillitas por una parte, los de izquierda por otros… todos contentos y se perpetúa en el poder.

¿Tiene ideas para 2023?

Si, claro, lo que pasa es que ahora lo que me divierte es el humor negro, como Chenobyl, de hecho no pasamos a la final porque el jurado era comparsista entero y nos dijeron que el repertorio era muy de calle. ¡Sí, cabrones, gracias por el piropo!, porque para mí decirme que soy de calle es un piropo. A nosotros no nos hace faltan los premios; la gente flipó con nosotros.

¿Qué tiene el Carnaval de Santa Cruz que le gustaría que tuviera el de Cádiz?

La integración de la mujer. En Cádiz no va a pasar por ahora y por desgracia que una murga de mujeres esté entre las premiadas, como ha pasado aquí con Naara, de Triquikonas. Me gustaría tener una Naara de ustedes en Cádiz, y en las calles de Cádiz hay Naaras, tías que escriben de putamadre, con un ingenio y una agudeza, pero no les apetece porque es un concurso recalcitrante en todas cosas.

¿Qué le gustaría que tuviera el Carnaval de Cádiz en Tenerife?

Cada uno de los carnavales tiene tienen que ser como quieran sus ciudadanos. Eso está claro.

Humberto Gonar eldia.es

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