El pasado fin de semana, la comparsa Río Orinoco demostró que el carnaval no entiende de fechas. Con una fiesta ambientada en los años 80 como carta de presentación, la agrupación abrió oficialmente su temporada de ensayos y convivencias de la manera que mejor sabe hacer: con alegría desbordante, disfraces imposibles y mucho ritmo.
Pero si algo caracterizó la celebración fue un curioso fenómeno moderno: la falta de evidencias gráficas. Como la propia comparsa ironizaba en sus redes sociales:
“📸✨ Pocas fotos hay para TODO lo que se vivió en nuestra fiesta ochentera… porque cuando se pasa tan bien, nadie se acuerda del móvil 😅🪩🎶”
“Un día lleno de risas y momentos inolvidables”
La cita, que reunió a decenas de componentes y familiares, tuvo lugar en un ambiente festivo donde los juegos, la música y los atuendos de los ochenta —hombreras, licra, flequillos voluminosos y colores neón— fueron los auténticos protagonistas.
Desde la comparsa destacan que la jornada sirvió para reforzar los lazos internos y recordar el verdadero espíritu de la agrupación:
“La comparsa Río Orinoco arrancó esta temporada como mejor sabe: con alegría, unión, disfraces, juegos y muchísimo ritmo 💃🕺🔥”
Y añaden, con emoción contenida:
“Un día llena de risas, momentos inolvidables y esa energía que nos recuerda por qué somos esta gran familia 💙”
Un aviso a navegantes: “Esto solo acaba de empezar”
Lejos de quedarse en una simple anécdota veraniega, la publicación de la comparsa incluye un mensaje que helará la sangre —para bien— a sus seguidores y rivales en el próximo Concurso de Agrupaciones del Carnaval de Santa Cruz:
“Y esto… solo acaba de empezar 👀🎭🚀”
Con tres emojis que no dejan lugar a dudas (ojos atentos, máscara teatral y cohete), Río Orinoco lanza un guiño inequívoco: lo vivido este fin de semana ha sido solo el aperitivo. La temporada promete ensayos más duros, coreografías más ambiciosas y, presumiblemente, una puesta en escena que querrá estar a la altura del legado de esta histórica comparsa.
Menos pantallas, más vivencias
En una época dominada por la sobreexposición en redes sociales, la confesión de Río Orinoco resulta hasta refrescante: “Pocas fotos hay”. Porque hay momentos —como bien saben los carnavaleros— que no pueden capturarse con un teléfono. Se quedan grabados en la memoria colectiva del grupo, en los bailes improvisados y en las risas compartidas.
Y eso, precisamente, es el mejor combustible para encarar los meses de preparación que quedan por delante.