En días como hoy, es justo rendirle homenaje a Francisco “Paco” Martínez Pérez, este gran artista del dibujo y del collage, que supo incorporar las conquistas de la pintura moderna y cuya enorme capacidad de observación le llevó a descubrir toda una simbología.

Nacido en Tenerife el 28 de mayo de 1907 y fallecido en su querida isla el 24 de agosto de 1990, Paco Martínez fue una figura importantísima en el desarrollo cultural de Tenerife, al participar en los encuentros del café El Águila, con artistas como Harry Beuster, Policarpo Néboa, Juan Galarza, José Morales Clavijo y Manuel Casanova, entre otros, quienes promovían el arte de vanguardia.

Paco Martínez sufrió enclaustramiento y privaciones durante la dictadura de Franco, hasta que el caricaturista filipino Luis Lasa le invitó a exponer en Madrid, donde formó parte del colectivo que integraba a los más innovadores caricaturistas de esa época.

Es en 1968 en la VI Exposición Internacional de la Caricatura de Montreal, Canadá, al ganar el primer premio con su obra original dedicada a la actriz francesa Brigitte Bardot, que el nombre de Paco Martínez, adquiere relevancia mundial. En ese collage, le bastaron los labios sensuales, la nariz y el pelo rubio de la estrella cinematográfica, para identificarla.

Su propuesta creó escuela y sus dibujos y collages fueron publicados en los periódicos El Día y Jornada, de Tenerife.

De otro de sus collages más famosos, dedicado a Beethoven, dijo: “Me tomó ocho meses trabajar. Más de cuarenta notas antes de llegar al final. El secreto estaba en el escorzo. Había que girar la cabeza, dos tubos y distribuir los elementos ”.

Y qué decir al contemplar su obra de Albert Einstein, que se convierte en un cuadro apocalíptico, donde la explosión nuclear es la cabeza, que surge del hongo provocado por la bomba atómica, y la cuenca de los ojos le da un tono trágico.

Típico representante del humor canario, Paco Martínez, según sus propias palabras, buscó en la realización de sus caricaturas, “el varillaje espiritual del individuo”, su yo profundo.

Sus caricaturas marcaron un camino diferente, pues con una mirada dislocadora y original, creó su propio universo, donde se plasmó toda un simbología que se adelantó a su época.

En 1990, meses antes de fallecer, creó el cartel del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, una obra singular, donde un payaso despliega un cartel dentro del cartel, en el que otro payaso toca una balalaika rusa, acompañado por un bailarín varón transformado de mujer. Un toque de humor, típico de esas fiestas populares.

MUNDIARIO

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