En una sesión plenaria del pasado viernes que quedará marcada en la memoria política de Las Palmas de Gran Canaria, la concejala Inmaculada Medina protagonizó su última intervención antes de renunciar a su acta, librando una batalla en dos frentes: la defensa del Carnaval y la de su honor personal.
La Trastienda del Esplendor Carnavalesco
Con la mirada firme y la voz cargada de emoción, Medina desmontó las críticas sobre la financiación anticipada a las agrupaciones. “¿Saben por qué el Carnaval brilla cada enero?”, cuestionó retóricamente. “Porque meses antes, cuando la ciudad duerme, los talleres ya están trabajando. Esas telas que deslumbran en el escenario, esas lentejuelas que capturan la luz, necesitan financiarse con anticipación”.
La edil explicó con detalle la logística detrás del espectáculo: “El 23 de enero es solo el telón que se abre. La verdadera magia comienza en septiembre, cuando las agrupaciones necesitan recursos para materializar su creatividad. Ese adelanto no es un capricho, es la garantía de que Las Palmas mantendrá el Carnaval que se merece”.
El Precio Personal de la Dedicación
El momento más dramático llegó cuando Medina compartió su calendario personal del dolor: “Octubre: diagnóstico de cáncer de mi marido. Febrero: su fallecimiento. Noviembre: mi renuncia. Tres fechas que marcan un año de pérdidas”. Sin embargo, transformó su dolor en determinación: “Mi compromiso con el Carnaval trasciende un cargo institucional. Estaré en las calles, junto a las agrupaciones, porque esta fiesta es parte de mi alma”.
Solidaridad en el Banco Azul
La escena de la alcaldesa Carolina Darias conteniendo las lágrimas no pasó desapercibida. Al tomar la palabra, Darias tejió un relato de crecimiento y profesionalización: “Hemos transformado el Carnaval en un evento de talla internacional. Las más de diez licitaciones en marcha demuestran la solidez de un proyecto que está muy por encima de intereses partidistas”.
Con firmeza, la alcaldesa señaló: “Mientras algunos se dedican a juicios paralelos, nosotras trabajamos por la ciudad. El respeto que exigen para sí mismos deberían practicarlo con las instituciones y, especialmente, con quienes dedican su vida a engrandecer nuestra cultura”.
Legado y Continuidad
Medina cerró su intervención con un mensaje contundente sobre su salida: “Renuncio por coherencia, no por culpabilidad. Capturo cada palabra, cada insinuación, y llegará el día en que la verdad brille con la misma intensidad que las luces de nuestro Carnaval”.
El llamado ‘caso Valka’, que investiga presuntas irregularidades en el suministro de agua para parques y jardines entre 2015 y 2022, sirvió de telón de fondo a este drama político que, más allá de imputaciones y renuncias, dejó claro una cosa: en Las Palmas de Gran Canaria, la pasión por el Carnaval une más que cualquier división política.
La concejala se despide del consistorio, pero no de la fiesta, prometiendo seguir trabajando desde la base, desde la calle, donde late el corazón verdadero del Carnaval capitalino.