Tal vez una casualidad permitió rescatar de la historia del Carnaval a Rosa Hernández. El anterior responsable de Fiestas, el socialista Andrés Martín Casanova, instruyó el expediente de la convocatoria del concurso del cartel anunciador de la próxima edición y hasta tuvo la previsión de designar al jurado que se encargaría de hacer una criba de los participantes y seleccionar las diez obras que desde hoy se someten a votación popular en la página web del ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. En el tribunal, junto a Santi Castro, diseñador de Carnaval y presidente de la Asociación de Diseñadores del Carnaval; María Díaz, diseñadora y directora de artística de la pasada edición; Alejandro Tosco, licenciado en BBAA, pintor, artista plástico y director del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz y también autor del cartel del Carnaval 2015, y Javier Torres Franquis, doctor en BBAA, profesor de Diseño de la ULL y autor del diseño de la escenografía del Carnaval y que dio forma y color al reclamo de 2016, estaba previsto la participación de la licenciada en BBAA y artesana Juliana Serrano, que finalmente disculpó su ausencia.

La baja de la creativa que reside en Puerto de la Cruz motivó que se buscara un nuevo experto para participar en la deliberación que se celebró el pasado lunes en las dependencias del Organismo Autónomo de Fiestas. De la mano de Alejandro Tosco, presidente del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, se propuso el nombre de Rosa Hernández en calidad de pintora y escultura.

Junto a su faceta artística, detrás de Rosa Hernández se descubre el cetro de la reina del Carnaval 1970, cuando entonces estaba enmascarado con el antifaz de las Fiestas de Invierno, un dato que se conocí cuando los encargados de valorar las 33 obras presentadas entraron en faena.

En el día después de su participación en el jurado profesional de los diez carteles finalistas del Carnaval virtual 2021, Rosa Hernández atiende a EL DÍA por teléfono desde su taller en La Orotava. Está en plena faena. Pide una tregua y que la volvamos a llamar en una hora porque está con la escayola y la fragua no se puede parar.

Cincuenta años han transcurrido de que Rosa Hernández fuera proclamada soberana del Carnaval en una gala que se desarrolló en el teatro Guimerá con la fantasía “Diosa del juego”, un diseño y confección de María Isabel Coello, en representación del Club Marítimo Atlántico. Este establecimiento conseguía el cetro por segundo año consecutivo de la mano de la fallecida costurera de Duggi.

Rosa Hernández, que fue inscrita como Rosina -como se le conoce en su entorno familiar-, acudió al Club Marítimo Atlántico con sus hermanos y descubrieron que ese mismo día se estaba celebrando la elección de la representante de la firma en la gala del Guimerá. “Yo tenía 15 años y recuerdo que había acudido con un traje que yo mismo me confeccioné”. Por aquella época su padre había fallecido y ella compaginaba sus estudios de noche en el colegio de San Fernando, en Ramón y Cajal, con su jornada laboral en Calzados Boston. “Yo había ido a bailar con mis hermanos y me encontré con la elección de la representante para el Carnaval”, precisa. De ahí llegó en volandas al festival del Guimerá, gracias a la entrega y dedicación de los propietarios del Club Marítimo Atlántico.

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Por la situación familiar que vivían, eran seis hermanos que se habían quedado huérfanos y su madre esperaba el nacimiento del séptimo, todos estaban trabajando y algunos lo combinaban con los estudios. “Recuerdo que fue una época preciosa; aquello era todo muy espectacular y fue una oportunidad muy bonita”. “Tal vez porque habían muchos problemas, a mí me pareció que vivía un cuento de hadas, todo muy divertido y lleno de anécdotas. Tuve la oportunidad de conocer a Marcos Redondo, solista de Los Fregolinos, un artista inmenso y una bella persona”.

“Fue un momento intenso y de mucha alegría”, precisa Rosa Hernández, que todavía hoy se sorprende porque las revistas Hola y Diez Minutos y hasta el Nodo le dedicó una referencia al Carnaval que centraron en la persona de la reina y su corte de honor. “Aquello era más austero que lo que ocurre en la actualidad, porque las reinas tienen oportunidad de salir de viaje; pero nosotros lo vivimos como un gran acontecimiento”.

Su condición de soberana de la fiesta la llevó a participar como anfitriona de diferentes almuerzos y cenas en las sociedades de la época. “Recuerdo que en la recepción que me ofrecieron en el Casino Principal de Tenerife me regalaron una pitillera de tabaco y, como yo no fumaba, me la cambiaron por una gargantilla de oro y una pulsera”.

De aquella gala de elección de las Fiestas de Invierno 1970, Rosa Hernández guarda la banda que la acredita como soberana de las carestolendas disfrazadas y su condición de representante del Club Marítimo Atlántico. “Luego nos sacaron en una carroza por las calles en los desfiles”, precisa. “Tengo ganas de ir al Museo del Carnaval a ver si se conserva algo de aquella época”, comenta.

Otro de los momentos inolvidables fue la corrida de toros que presidió en el coso taurino de la capital tinerfeña y que le trajo al recuerdo cuando su padre la llevada a las corridas. Al término tuvo la oportunidad de participar en una cena con los toreros.

Rosa Hernández, con la perspectiva del tiempo, es partidaria de diseños en los que tenga más protagonismo la chica, porque ahora pasan inadvertidos entre la majestuosidad de los diseños, de la misma forma que recuerda con nostalgia el teatro Guimerá, un aforo ideal para aquella época pero insuficiente para la cantidad de personas que siguen hoy los actos y que hacen del recinto ferial el marco incomparable de la fiesta, según su valoración.

Aunque la fantasía que vistió no tiene comparación en volumen a las actuales, recuerda que en la parte de atrás cargaba un arco de novopán, que incluso le provocó una caída en una de las recepciones. Cuando se acabó la fiesta precisa que estuvo una semana hospitalizada. La reina del Carnaval 1970 admite que vivimos un tiempo de recogimiento marcado por el Covid pero confía poder salir a vivir la fiesta en intensidad cuando las medidas sanitarias lo permitan, con la jovialidad y el entusiasmo que caracteriza al pueblo chicharrero, porque “Santa Cruz es Carnaval”.

Humberto Gonar

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