Nareme Melián Mahugo (La Laguna, 1987) creció entre pinceles y papeles. Antes de convertirse en uno de los ilustradores más reconocidos de Canarias, ya era el niño que pintaba los decorados del Día de Canarias y, sobre todo, del carnaval. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, su trayectoria profesional arrancó con ‘La fiesta del Sol y la Luna’ cuando aún era estudiante. Hoy, comparte su visión sobre un sector que ha pasado de ser “un arte de segunda” a vivir un momento de esplendor.

De las Carretas de Tegueste a los escenarios de fiesta
Melián no recuerda el momento exacto en el que cogió un lápiz por primera vez, pero sí tiene claro que siempre quiso dedicarse al arte. De niño, era quien dibujaba en el colegio los montajes para el Día de Canarias o para los carnavales. Más tarde llegaron las ilustraciones de las Carretas de Tegueste y los decorados para pueblos como Valle de Guerra. Para él, el dibujo fue siempre un refugio, una vía de escape. Y aunque ahora es su profesión, sigue siéndolo. El único problema, confiesa entre risas, es que a veces se engancha tanto que debe parar para tener vida social.

El carnaval, también en su universo creativo
Aunque su mundo ha sido sobre todo el álbum infantil ilustrado, el carnaval ocupa un lugar destacado en su trayectoria. Ha realizado escenarios para estas fiestas, diseños en 3D e incluso abrió un estudio de animación con su compañera Laura. Gracias a su vinculación con el mundo carnavalero, fue invitado a la Universidad de los Andes para impartir una masterclass sobre esta temática. Para Melián, la fiesta no solo es inspiración, sino también una puerta a proyectos fuera de las Islas.

La ilustración canaria: de “los raros” a un sector con futuro
Cuando estudiaba la licenciatura entre 2005 y 2010, en su clase de ilustración apenas había nueve alumnos. “Éramos los raros de la facultad”, recuerda. Sin embargo, hace cinco años, en una exposición suya, se acercaron treinta estudiantes de aquella misma asignatura. Ese cambio refleja que la ilustración ha dejado de ser un arte menor. Las editoriales antes ni siquiera nombraban al ilustrador, y ahora lo reconocen. Además, en los talleres y colegios ya hay jóvenes que saben qué es un ilustrador y aspiran a serlo.

¿Por qué ha cambiado la percepción?
El artista tinerfeño lo atribuye a ciclos. Hubo un auge de la fotografía que desplazó al cartel ilustrado, y ahora ha vuelto. También influye el tirón de la animación asiática, que lleva a los jóvenes a investigar quién está detrás. Y pone el foco en Canarias: cuando él terminó la carrera, había pocas productoras de animación; hoy existe una gran oferta de empresas locales y extranjeras, con una amplia bolsa de trabajo.

Salidas profesionales y vivir del oficio
Melián asegura que, aunque él ha tenido que “guisárselo solo”, hay múltiples caminos: museos, ayuntamientos, editoriales, empresas privadas o divulgación. Sobre si se puede vivir de la ilustración en las Islas, responde con humor: “Vivo del cuento”, refiriéndose a los libros. Cree que es posible e incluso vivir bien, pero advierte que detrás de la suerte debe haber mucho trabajo.

Ilustrador como “escritor de imágenes”
Para Melián, el ilustrador es alguien que narra con dibujos, no quien hace trabajos literales y sin personalidad. En su nuevo libro, cuenta historias a través de retratos reales, con la mirada, los tejidos o los peinados. Si una ilustración no genera nada en quien la ve, el profesional no ha cumplido su cometido.

Proyectos presentes y el deseo de dejar huella
Actualmente trabaja en cuatro libros a la vez, entre ellos ‘Beñesmen’ con Pepa Aurora para la Cueva Pintada de Gáldar, el cuarto título de la serie de ‘Ancor’, ‘Secretos de la Montaña’ y una obra aún no anunciada. No busca la fama, sino un proceso lento y firme. Prefiere que su nombre vaya calando y que sus ilustraciones despierten sentimientos.

Inteligencia artificial: la imperfección como salvación
Melián ha denunciado a instituciones públicas que convocan concursos de carteles realizados con IA. Cree que, bien entrenada, puede ser una aliada, pero no un reemplazo. Advierte que dentro de cincuenta años, si no se pone freno, los jóvenes ilustradores solo tendrán como referente a la máquina. Por eso defiende la “imperfección”: el trazo nervioso, lo humano.

Referentes y orgullo
Entre sus referentes en Canarias cita a sus profesoras María Luisa Bajo y María Luis Hodgson. Asegura que no es crítico con el trabajo de los demás, sino solo con el suyo propio. Nunca está del todo satisfecho, pero siente especial orgullo por su reinterpretación del mundo aborigen, que ha calado profundamente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *