La comparsa tinerfeña celebró su fin de temporada con una emotiva jornada de convivencia. “Vale más que cualquier premio”, aseguró su presidente, Marcos Santana, mirando ya hacia el 50 aniversario en 2027.

El Carnaval 2026 ya es historia en las islas, pero en el corazón de Los Valleiros las batucadas aún resuenan. Esta comparsa tinerfeña, una de las más queridas y con mayor arraigo popular en la escena carnavalera del Archipiélago, puso el broche de oro a su temporada con una emotiva jornada de convivencia en una finca rural con piscina, un escenario alejado del bullicio urbano que propició el ambiente familiar que caracteriza al grupo.

En un discurso que se viralizó rápidamente entre sus seguidores, el presidente del grupo, Marcos Santana, quiso dejar claro que, para esta familia disfrazada de comparsa, los premios oficiales quedan en un segundo plano. “Quizás los resultados en cartón no fueron los esperados, pero los resultados como comparsa y como familia superaron todas las expectativas”, afirmó visiblemente emocionado, con el sol de la tarde tinerfeña de fondo y el rumor del agua de la piscina como banda sonora improvisada.

Más que una comparsa: una familia que arde en los ensayos

Santana recordó que el verdadero trofeo no está en las tablas de clasificación, sino en lo vivido “en la calle, en los ensayos, en cada día de trabajo juntos, en las actuaciones y en este cierre de temporada”. Un sentimiento que resume la filosofía de un grupo que ha hecho de la unión su principal fortaleza, lejos del ruido de las clasificaciones oficiales.

El presidente dedicó un emotivo agradecimiento al equipo directivo, a quienes definió como “el motor que no se ve, pero que empuja siempre”. “Gracias por el compromiso, por las horas robadas a la familia, al sueño y por no bajar los brazos ni un segundo”, subrayó ante los componentes reunidos en torno a la finca, muchos de ellos todavía con restos de purpurina en la piel.

Manos quemadas, sueños cosidos a pluma y piedra

Uno de los momentos más aplaudidos de la jornada fue el reconocimiento explícito a las personas anónimas que trabajan entre bastidores. “Manos que se quemaron, cosieron, decoraron y soñaron (pesadillas) con nosotros”, relató Santana, en alusión a las largas jornadas en el taller de la comparsa. “Sin ustedes, Valleiros no sale a la calle”, sentenció, provocando una ovación que se mezcló con el chapoteo de los más pequeños en la piscina.

Tampoco faltó el recuerdo a los patrocinadores que respaldan el proyecto. “Su apoyo hizo posible cada pluma, cada piedra y cada ilusión. Sin ustedes tampoco hubiera sido posible”, agregó el presidente, cerrando un círculo de gratitud que involucra a todos los eslabones de la cadena humana y económica de la fiesta.

Premios internos junto al agua

Pero la clausura del Carnaval 2026 no se quedó solo en palabras. La comparsa también quiso poner en práctica su lema de que “somos agradecidos y nos gusta reconocer el trabajo bien hecho”. Por eso, durante la jornada en la finca rural —con piscina de fondo y ambiente distendido— se entregaron diferentes premios internos a componentes destacados.

“Gracias por el esfuerzo, por las horas de ensayo, por las madrugadas en el taller y por llevar el nombre de Valleiros con orgullo”, expresó la organización antes de anunciar a los galardonados. Entre los premiados figuraron @cruzalayon, @judiith.a27, @aleidamoratol y @cristi_sd81, cuyos nombres quedaron grabados en una jornada que, según los asistentes, “se sintió como una gran comida de Navidad en abril, pero con bañador”.

2027: medio siglo sobre las tablas

El cierre del Carnaval 2026 dejó un sabor agridulce pero esperanzador en la isla. “Cerramos cansados, felices y con el corazón lleno”, admitió Marcos Santana. Y acto seguido, lanzó el mensaje que ilusiona a toda la parroquia valleira: “Lo cerramos con muchas ganas e ilusión porque llegue el 2027. Porque nos espera nuestro 50 aniversario, y lo vamos a celebrar como se merece: en familia, luchando, disfrutando y por todo lo alto”.

La comparsa Los Valleiros, que cierra temporada sin los premios oficiales que quizás esperaban, demuestra una vez más que su verdadera fuerza está en su gente. Porque, como reza su grito de guerra, coreado al atardecer junto a la piscina de esa finca rural tinerfeña: “¡Arriba Valleiros!”.

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