
La afilarmónica conejera vivió ayer una tarde agridulce al despedirse del espacio que fue su hogar durante 20 años. “Allí guardamos recuerdos que jamás se irán”, confesaron sus integrantes.
El Carnaval de Arrecife vestía ayer de emoción contenida. La murga Afilarmónica Los Simplones, una de las agrupaciones más queridas de la capital lanzaroteña, cerró definitivamente las puertas del local que durante veinte años fue su taller de coplas, su refugio de risas y su segunda casa. Fue una tarde de recuerdos, abrazos y algún que otro nudo en la garganta.
Fue en la tarde de ayer. Los Simplones se reunieron por última vez en el que había sido su cuartel general durante dos décadas. No había ensayo, no había coplas nuevas que afinar. Había, simplemente, el ritual del adiós a un espacio que atesoraba veinte años de historia viva del carnaval de Lanzarote.
Con este mensaje la murga ha dicho adiós al local donde llevan ensayando dos décadas, una de las razones por las que han decidido no participar en los próximos carnavales de Arrecife. “Se nos acabó el contrato y ahora el Ayuntamiento nos ha cedido un espacio, pero este nuevo local no es apto para nosotros para poder ensayar porque es pequeño”, ha explicado Mencey Curbelo, presidente de la murga.
Y es que la Afilarmónica cuenta actualmente con 57 miembros, lo que hace imposible que quepan en este espacio que ya han llenado con los disfraces y demás elementos que tenían en su antiguo local. Por esta y otras razones, han decidido tomarse un descanso y no participar en los próximos carnavales de Arrecife. Ahora, el objetivo es habilitar el local cedido por el Ayuntamiento de Arrecife para transformarlo en la sede de Los Simplones, pero no como local de ensayo debido a su reducido tamaño.
Sin embargo, sí seguirán como asociación y continuarán llevando a cabo las diferentes actuaciones y compromisos anuales que realizan con entidades, organizaciones o festividades tradicionales.
“En estas paredes vivimos momentos que jamás olvidaremos”, aseguraron los miembros de la agrupación mientras vaciaban el local. Cada rincón despertaba una anécdota: el primer disfraz que se hizo entre todos, la pizarra donde nacían las letras satíricas, las sillas desordenadas después de una larga noche de ensayo.
La despedida, cargada de simbolismo, no fue sin embargo un momento triste del todo. Porque Los Simplones saben que el Carnaval no se encierra en cuatro paredes. El Carnaval está en las calles de Arrecife, en la mirada cómplice del público, en la complicidad de los murgueros cuando afilan una copla.
Pero el local tenía algo especial. Veinte años dan para mucho: para ver crecer a generaciones de carnavaleros, para forjar amistades que trascienden los disfraces, para construir una forma única de entender la fiesta. Con humor, con ironía, pero siempre con el corazón por delante.
Los Simplones quieren dejar claro un mensaje: cerrar la puerta del local no significa echar el cierre a la murga. Todo lo contrario. La agrupación arrecifeña ya está pensando en el próximo carnaval, en las próximas canciones, en las próximas sonrisas que arrancarán al público.
“Nos vamos de aquí, pero nos llevamos veinte años de abrazos, de ensayos hasta altas horas, de carnaval puro. Eso no se pierde con una llave”, reflexionaban ayer al salir. El local quedará atrás, pero la Afilarmónica Los Simplones seguirá siendo parte del alma del Carnaval de Arrecife.