El municipio sureño recupera su espíritu crítico con una nueva agrupación mixta que nace con vocación de futuro y un marcado carácter integrador.

Han pasado treinta años desde que las murgas dejaron de resonar en las calles de San Bartolomé de Tirajana. Aquel vacío, que se prolongó durante décadas, ha encontrado por fin una respuesta en forma de ilusión y proyectos. Un grupo de entusiastas del carnaval ha decidido plantar la semilla de la tradición con la fundación de Los Guirijackson, una agrupación que aspira a devolver al municipio el protagonismo que tuvo en los albores de la fiesta en el sur de Gran Canaria.

El germen de esta iniciativa surgió en una conversación entre José González y Luis Giovanni Hernández, dos amigos que compartían el sueño de ver de nuevo una murga en su tierra. De aquella charla surgió una idea que rápidamente se extendió como la pólvora, sumando voluntades y entusiasmo. Carlos Falcón, subdirector y letrista de la formación, no dudó en sumarse al proyecto: “Siempre he sido un apasionado del carnaval y creo que San Bartolomé, conocido por sus grandes cabalgatas, merece tener una representación murguera a la altura”.

La respuesta de los vecinos no se ha hecho esperar. A través de las redes sociales, decenas de personas han mostrado su interés por formar parte de esta nueva aventura. La acogida ha superado todas las expectativas y ha confirmado que el municipio estaba esperando un proyecto así. “La gente del pueblo se ha volcado con nosotros”, aseguran desde la organización, conscientes de que este respaldo es fundamental para consolidar la iniciativa.

Un nombre que abraza la diversidad

La elección del nombre no ha sido casual. Los Guirijackson, explican sus promotores, nace con un claro mensaje de integración. “Queremos que los extranjeros que visitan el municipio se sientan bienvenidos. No usamos ‘guiri’ como algo despectivo, sino como un gesto de apertura y hermanamiento”, señala Toni Mateo, director de la murga. En un municipio como San Bartolomé de Tirajana, con una fuerte presencia turística, la agrupación quiere ser un punto de encuentro entre culturas y una puerta de entrada a la identidad canaria.

Filosofía y objetivos a largo plazo

Los Guirijackson no tienen prisa por pisar los escenarios. Su hoja de ruta es clara: consolidarse, ensayar y perfeccionar su propuesta antes de dar el salto a los concursos. “No queremos presentarnos al menos en dos años. Primero hay que pulir cada detalle”, afirma Carlos Falcón, que ya tiene escritas varias letras con el sello de la ironía y la crítica social, sin caer en la ofensa.

La ambición del grupo, sin embargo, va más allá de una única formación. Sus fundadores sueñan con crear una murga infantil y otra femenina, además de una batucada y una comparsa que completen un ecosistema carnavalero propio. También planean un taller de costura y una “escuelita de carnaval” donde enseñar maquillaje y técnicas de reciclaje para la elaboración de disfraces. A más largo plazo, no descartan presentar su propia candidata a reina del carnaval.

De cara al futuro, la meta es ambiciosa: competir en el concurso de Santa Catalina en 2028 y, si todo marcha según lo previsto, organizar su propio certamen murguero en el municipio, que pueda rivalizar con el de la capital. “Necesitamos que la gente de la zona siga creyendo en nosotros con la misma ilusión que ahora”, destaca José González, vocal de la agrupación.

Mientras tanto, Los Guirijackson ya han comenzado a ensayar en un local junto a la Parroquia de San Fernando, en Maspalomas. Con una sesión semanal de momento, la formación sienta las bases de lo que promete ser una nueva etapa dorada para el carnaval de San Bartolomé de Tirajana. La tradición, treinta años después, vuelve a tener voz.

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