Estos enmascarados, únicos en el mundo, recorren las calles empedradas de la antigua capital de Lanzarote persiguiendo a los viandantes con sus zurrones y cencerros. En 2024 recibieron la Medalla de Oro de Canarias

En el corazón de la Villa de Teguise, antigua capital de Lanzarote, late una tradición que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta. Los Diabletes de Teguise, figuras ancestrales del carnaval canario, llevan más de 600 años saltando, corriendo y atemorizando con sus cencerros a quienes se cruzan en su camino. Los niños se esconden, los adultos se apartan entre risas y el sonido metálico de las esquilas anuncia su llegada.

En 2024, el Gobierno de Canarias les concedió la Medalla de Oro, el máximo reconocimiento cultural del archipiélago. Pero la historia de estos personajes arranca mucho antes, en las danzas rituales de los mahos, los pobladores bereberes que habitaban Lanzarote antes de la conquista europea.

Un origen en las danzas de los antiguos mahos

El rastro de los Diabletes se remonta a las celebraciones competitivas, rituales y festivas de los mahos, los aborígenes de Lanzarote de cultura bereber. Para estas gentes prehispánicas, el macho cabrío era un símbolo de fuerza y virilidad. De él obtenían leche, carne, pieles para vestirse y cuernos para fabricar herramientas agrícolas.

Las fiestas de la cosecha incluían danzas que evocaban a este animal, y es precisamente en esos rituales donde los historiadores sitúan el germen de los actuales Diabletes. La conexión con la cabra no es arbitraria: representa un vínculo directo con los ritos de fertilidad y agradecimiento de una cultura que dependía del ganado caprino para subsistir en una isla volcánica y árida.

Del Corpus Christi al Carnaval: un viaje de ida y vuelta

La llegada de los conquistadores castellanos en el siglo XV transformó el contexto pero no logró erradicar la tradición. Los frailes franciscanos, encargados de la evangelización, integraron a los danzantes en la Fiesta del Corpus Christi, asignándoles el papel de representar al mal en la lucha simbólica entre el bien y el demonio. Fue entonces cuando estos personajes recibieron el nombre que aún los define: “diabletes”.

Ya en el siglo XVI, la llegada de esclavos moriscos y africanos a Lanzarote enriqueció la tradición con nuevas influencias: apareció la figura del tamborilero negro, se incorporaron ritmos de origen africano y elementos supersticiosos que se fusionaron con los rituales preexistentes.

La primera referencia documental data de 1658 en un Acta del Cabildo de Lanzarote, donde se detallan los gastos de la fiesta del Corpus, incluyendo la “caratula” (máscara) y el “lienzo que se compró para el vestido del diablete”.

A finales del siglo XVIII, la Iglesia prohibió la participación de los Diabletes en las celebraciones religiosas. Expulsados del Corpus, regresaron a la fiesta pagana: el Carnaval. Fue un viaje de ida y vuelta —de lo ritual a lo religioso y de nuevo a lo popular— que define la naturaleza híbrida de esta tradición única.

Cada detalle del vestuario tiene un significado

El traje del diablete ha evolucionado con los siglos, pero cada elemento actual conserva una carga simbólica que conecta con sus orígenes:

  • La máscara: Con forma de toro o buey, luce cuernos de macho cabrío, ojos grandes y una larga lengua roja. Pintada en rojo y negro. Originalmente era una careta de macho cabrío puro; al pasar del Corpus al Carnaval, se transformó en una fusión de toro y cabra. Su diseño es grotesco a propósito: busca evocar a los demonios, proteger contra los malos espíritus y, sobre todo, asustar.

  • El traje: Pantalón y camisola blancos, decorados con rombos formados por rayas negras y rojas, con un punto (rojo o negro) en el centro de cada rombo. Antes del cambio al Carnaval, los danzantes vestían pieles de cabra. El lino y el algodón las sustituyeron, pero los colores —blanco, rojo, negro— se mantuvieron como herencia directa.

  • Los cencerros (esquilas): Correas de cuero con cascabeles y campanas de madera y latón que cruzan el torso. El sonido de los cencerros es el heraldo del diablete: en la Villa de Teguise, los vecinos saben que se acercan antes de verlos. Las abuelas contaban que los niños se escondían debajo de las camas al oír el primer tintineo.

  • El zurrón: Un palo corto del que cuelga un saco de piel relleno de papeles, trapos y un poco de tierra. Es el “arma” del diablete: con él golpea y persigue a todo el que se cruza en su camino. No duele, pero asusta —y esa es exactamente su función.

Una tradición que solo existe en Teguise

Los Diabletes no se encuentran en ningún otro municipio de Lanzarote ni en ninguna otra isla del archipiélago. Son exclusivos de la Villa de Teguise, que fue la capital de la isla durante más de cuatro siglos. Esta singularidad no es casual: Teguise fue el centro de poder, el punto donde convergieron las culturas maho, castellana, morisca y africana que dieron forma a la tradición.

Lanzarote cuenta con dos figuras de carnaval tradicional sin equivalente en el resto de Canarias: los Diabletes de Teguise y los Buches de Arrecife. Los primeros representan a los antiguos mahos danzantes; los segundos tienen su origen en las ceremonias de ofrendas al mar. Juntos, conforman el patrimonio carnavalero más antiguo del archipiélago.

La Asociación Cultural y el reconocimiento institucional

La supervivencia de los Diabletes en el siglo XXI se debe en gran medida al trabajo de la Asociación Cultural Los Diabletes de Teguise, que organiza talleres para que los jóvenes aprendan a fabricar las caretas y los trajes, mantiene viva la parranda que recorre las calles durante el Carnaval y actúa como guardiana de una tradición que podría haberse perdido.

El reconocimiento institucional ha ido creciendo con los años:

  • 1991: El Ayuntamiento solicitó la declaración del diablete como Bien de Interés Cultural.

  • 2012: Una calle de la Villa fue bautizada en su honor.

  • 2013: Se instaló una escultura del diablete en la Plaza de San Francisco, obra de Rigoberto Pérez Camacho.

  • 2024: El Gobierno de Canarias les otorgó la Medalla de Oro de Canarias —el máximo reconocimiento de la comunidad autónoma— en una ceremonia celebrada el Día de Canarias (30 de mayo) en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria.

Cómo vivir la experiencia de los Diabletes

En Carnaval: La gran cita es el Carnaval de Teguise, que se celebra cada año entre febrero y marzo. El viernes del Carnaval Tradicional es la jornada imprescindible: grupos culturales de Lanzarote, Gran Canaria y Tenerife se reúnen en la Villa para una celebración del carnaval en su forma más auténtica, con los Diabletes liderando la jornada. Las fechas varían con el calendario litúrgico, así que conviene consultar la programación oficial a principios de cada año.

Cualquier día del año: La Villa de Teguise mantiene viva la presencia del diablete los 365 días. En la Plaza de San Francisco, la escultura de Rigoberto Pérez Camacho recibe a los visitantes. El Mercadillo de Teguise (domingos de 9:00 a 14:00 horas), el mercado más grande de Canarias, se celebra en las mismas calles empedradas que los Diabletes recorren en Carnaval. Pasear por la Villa un domingo es sentir el escenario sin la función. Las tiendas de artesanía local venden réplicas de las máscaras, y los bares de la plaza exhiben fotografías y cartelería histórica.

Talleres y actividades: La Asociación Cultural Los Diabletes de Teguise organiza talleres de fabricación de caretas y trajes a lo largo del año, especialmente orientados a que los más jóvenes conozcan la tradición. Para fechas y disponibilidad, se puede consultar la web del Ayuntamiento de Teguise.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *