El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife vuelve a colocarse en el centro del debate. Y no precisamente por una polémica menor. De cara al Carnaval 2027 comienzan a surgir rumores, sospechas y comentarios dentro del propio ambiente carnavalero sobre posibles cambios en las bases del concurso de murgas adultas, especialmente en lo relacionado con la interpretación y la reproducción posterior de los temas que triunfan sobre el escenario del Recinto Ferial.
La cuestión no es sencilla, pero sí profundamente simbólica: ¿debe tener valor en concurso una actuación que no pueda volver a representarse exactamente igual en la calle?
El debate nace después de varios años en los que algunas murgas han elevado el nivel del espectáculo hasta límites extraordinarios. Producciones impecables, escenografías complejas, efectos visuales y musicales pensados únicamente para una noche concreta. Auténticas obras teatrales convertidas en murga. Y ahí está precisamente el problema que algunos sectores comienzan a señalar.
Porque el Carnaval, históricamente, nació para la calle.
Durante décadas, las letras, los pasacalles y las interpretaciones tenían vida más allá del concurso. Se repetían en plazas, galas, encuentros entre carnavales y actuaciones populares. El público las hacía suyas. Las coreaba. Las revivía. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha dado una circunstancia cada vez más evidente: algunos de los temas más impactantes del concurso solo pueden disfrutarse una vez.
Ocurió recientemente con actuaciones consideradas memorables por crítica y público. Temas que alcanzaron niveles espectaculares y que, sin embargo, jamás pudieron volver a representarse en las mismas condiciones fuera del concurso. Ni en la Gala de la Reina, ni en escenarios del Carnaval chicharrero, ni siquiera en encuentros tradicionales como los intercambios culturales con el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria o las actuaciones en el Carnaval de Candelaria.
El ejemplo más comentado sigue siendo la interpretación conocida popularmente como “la Super Bowl”de la murga Los Trapaseros, un montaje gigantesco que maravilló al Recinto Ferial, pero que prácticamente murió esa misma noche porque era imposible reproducirlo posteriormente con la misma dimensión técnica y artística.
Y ahí parece estar el origen del malestar dentro del Organismo Autónomo de Fiestas.
Según diversas voces del entorno carnavalero, se estaría estudiando la posibilidad de introducir modificaciones en las bases del concurso para priorizar actuaciones que puedan mantenerse vivas más allá del escenario competitivo. Es decir, que lo que se canta y se interpreta en concurso pueda volver a representarse posteriormente sin perder esencia ni condiciones.
No sería una decisión menor.
Porque, aunque algunos entienden que el Carnaval debe evolucionar y permitir espectáculos cada vez más ambiciosos, otros consideran que se está perdiendo el alma popular de la fiesta. La murga no puede convertirse —dicen— en un producto exclusivo para una única noche de televisión y jurado. Debe seguir siendo calle, cercanía y repetición colectiva.
La pregunta entonces es inevitable: ¿qué se premia realmente? ¿La espectacularidad irrepetible o la capacidad de emocionar una y otra vez?
Quizá el Carnaval de Santa Cruz se encuentra ante una encrucijada histórica. Porque si el concurso termina premiando únicamente aquello que necesita una producción imposible de repetir, el pueblo dejará de reencontrarse con muchas de las actuaciones que más le emocionaron.
Y cuando una canción de Carnaval no puede volver a cantarse en la calle, tal vez deje de pertenecer verdaderamente al Carnaval.