El disfraz aún no está listo, la letra de la presentación sigue en el cajón, pero el corazón ya late al ritmo de la murga. Los Diablos Locos han dado el pistoletazo de salida a su andadura hacia el Carnaval 2027, y lo han hecho como mejor saben: con ruido, con alegría y con una reunión de componentes que se convirtió en una auténtica fiesta clandestina.
Fue una noche de reencuentros, de risas atragantadas por la emoción y de esas miradas que solo entienden los que llevan el carnaval tatuado en el alma. Los Diablos Locos, fieles a su cita anual, juntaron a su familia sobre el escenario —o sobre cualquier tabla que hiciera las veces de escenario— para empezar a soñar con la que será su próxima gran locura colectiva.
“¡Arrancamos!”, exclamaron entre aplausos y promesas de volver a poner patas arriba las calles de la ciudad. Y con ese grito, que huele ya a pólvora y a disfraz recién estrenado, la murga declaró abierto oficialmente el camino hacia 2027.
Pero hubo un nombre que sobrevoló la noche como un alma en pena divertida: Cucurella. Los Diablos Locos, con su característico sentido del humor, lanzaron un mensaje que ya corre como la pólvora por los grupos de WhatsApp carnavaleros: “No podemos confirmar su asistencia, pero tampoco desmentirla”. Una frase que, en el argot murguero, significa una sola cosa: que ocurra lo que ocurra, la sorpresa está servida.
Mientras tanto, la murga ya ha colgado el cartel de #Diablos27 en sus redes y en sus corazones. Porque si algo distingue a esta tropa de irreverentes bienhumorados es su capacidad para convertir cualquier reunión en un aviso de lo que está por llegar. El Carnaval 2027 aún se huele de lejos, pero con Los Diablos Locos ya calentando motores, la esperanza se viste de rojo y de fuego.
Así que ya saben: si escuchan tambores lejanos y risas sospechosas en la noche, no miren al cielo. Son los diablos, que ya andan sueltos.