La agrupación celebró el pasado sábado el cierre de una temporada que les ha regalado aprendizajes, risas “demasiadas” y la certeza de que, tras décadas juntos, siguen siendo una gran familia. 

El Carnaval 2026 ya es historia para la mayoría, pero para La Chiricholas el broche final se puso este pasado sábado con una cena de “fin de carnaval”. Un encuentro que sirvió no solo para mirar atrás y celebrar lo vivido, sino también para reencontrarse con la esencia de un grupo que, tras tantos años sobre las tablas y las calles, todavía encuentra motivos para sorprenderse.

Y no era para menos. La temporada que acaban de cerrar ha sido especialmente significativa para la agrupación, que adoptó el nombre de “Los TocaPelotas” –con permiso del fútbol y del doble sentido–, una denominación a la que ahora toca decir adiós. “Con agradecimiento eterno”, subrayan desde el colectivo, que ha vivido este año como una experiencia de renovación interna.

Aprendizajes inesperados después de tantas décadas

“Parecía que después de tanto tiempo en estas fiestas no nos quedaba nada nuevo que vivir”, reflexionan sus miembros. Sin embargo, la vida, caprichosa y generosa a partes iguales, les tenía reservada una lección: siempre hay margen para el aprendizaje, el reencuentro y el buen rollo.

Porque si algo ha caracterizado a La Chiricholas en este último año ha sido la capacidad de sorprenderse a sí mismos. “Lo más importante fue lo que disfrutamos, nos reímos (demasiado) y sobre todo, que seguimos en FAMILIA”, aseguran, con las mayúsculas que merece la palabra.

Los que llegaron, se quedaron y sostuvieron

Uno de los aspectos más valorados por la agrupación durante esta temporada ha sido la incorporación –y el regreso– de personas que se sumaron “para apoyar y estar juntos”. La chiricholas describe a estos miembros como “auténticos puntales” que llegaron con la intención de aportar y dieron “un aire nuevo de buen rollo”. Un plus que, según reconocen, no tiene precio.

En un mundo donde las formaciones carnavaleras a menudo sufren deserciones o falta de relevo generacional, el hecho de recibir savia nueva con los brazos abiertos y ver cómo se integran en una familia consolidada durante décadas es, cuanto menos, motivo de celebración.

Una familia que se resiste a bajar el telón

Lo que sí está claro es que La Chiricholas no es una agrupación al uso. Tras décadas compartiendo escenarios, viajes, ensayos y cenas de fin de carnaval, siguen demostrando que el humor, la complicidad y las ganas de pasarlo bien son el mejor pegamento para mantener unido un grupo.

 

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