
El empresario hostelero, conocido popularmente como Paco el del Miau, ha muerto dejando tras de sí un legado imborrable en la noche y el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Impulsor del mítico bar ‘El Miau’, se subió al escenario de la gala drag casi por casualidad y se ganó el cariño del público con fantasías inolvidables como ‘La gallina Turuleca’.
El Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria despide a una de sus figuras más queridas y auténticas. Paco Matías, conocido por todos como Paco el del Miau, falleció dejando una huella imborrable en la vida nocturna y festiva de la capital. Empresario hostelero de vocación y carnavalero por devoción, supo convertir su bar en un espacio de libertad, diversidad e igualdad que se convirtió en punto de encuentro fundamental para el ambiente más transgresor de la ciudad.
Su historia con el Carnaval comenzó casi por casualidad. Corría el año 1997 cuando Paco y su pareja decidieron abrir el bar El Miau en la calle Secretario Artiles —que posteriormente se trasladaría a Nicolás Estévanez—. Lo que empezó como un negocio hostelero se transformó rápidamente en un referente de la noche capitalina, un lugar donde la igualdad y la ruptura de estereotipos se daban la mano. “Era una casa muy bonita, con los pisos pintados a mano, y tuvo bastante éxito en la época”, recordaba Paco en una entrevista desde La Aldea de San Nicolás, su municipio natal.
Un paso al escenario que lo cambió todo
La idea inicial era dar promoción al bar presentando una candidata a reina del Carnaval. Paco quería romper con los moldes y los cánones establecidos. “Yo quería una chica con un cuerpo no normativo, y la encontramos, y preparamos la fantasía, pero la semana antes me dijo que no, que le daba vergüenza presentarse”, contaba. Ante la renuncia de última hora, Paco no lo dudó: se envalentonó y, con la fantasía que había preparado para la aspirante, se presentó él mismo a la gala drag queen.
Aquel gesto espontáneo marcó el inicio de una trayectoria inolvidable. Sobre el escenario, Paco el del Miau desplegó un humor único y una capacidad para conectar con el público que lo convirtieron en uno de los participantes más queridos. Participó en seis galas en Las Palmas y una en Maspalomas, pero hay una que guarda con especial cariño.
La gallina Turuleca y los huevos Kinder
“Mi fantasía se llamaba ‘La gallina Turuleca’. Pasamos un día por el rastro de Santa Catalina y vimos un montón de plumas. Yo me compré un sujetador de color carne, de toda la vida, una faja, y me hice el disfraz de gallina”, relataba entre risas. Lo más llamativo de su número era que repartía huevos Kinder entre el público. En la cabalgata, subido en un coche descapotable, hizo lo mismo, llevando la alegría y el humor a cada rincón del recorrido.
Paco recordaba con especial emoción la gala de 1999, en la que se proclamó vencedor Miguel Medina con ‘Ni Romeo ni Julieta’. “Fue una noche inolvidable”, decía. Aunque los focos no le dejaban ver bien al público, sí notaba su calor: “La suerte que yo tenía era que todo el mundo me conocía, me seguía bastante. Yo en el bar ya hacía mi espectáculo para entretener a la gente”. De aquella noche, lo que más guarda en su memoria son los momentos detrás del escenario, donde montaban una gran fiesta en su propio camerino. “Llevábamos comida, nos montábamos nuestro propio camerino… Por allí pasaba todo dios”, rememoraba.
Un reconocimiento en el 50 aniversario
En el 50 aniversario del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, Paco el del Miau fue uno de los homenajeados. Lo recibió con la modestia que le caracterizaba: “Se agradece, porque es un reconocimiento, pero yo lo hacía porque me gustaba, me divertía. Sabía que nunca iba a ganar nada, pero es que soy muy carnavalero”. Una frase que resume a la perfección su filosofía: la pasión por la fiesta por encima de cualquier título o trofeo.
Un legado de libertad y autenticidad
Más allá de los premios o las menciones, Paco el del Miau deja un legado que trasciende lo anecdótico. En unos tiempos convulsos, su figura representa el valor de aquellos que un día se atrevieron a romper todas las normas, a subirse a un escenario sin miedo al qué dirán y a abrir camino para que otros pudieran seguir sus pasos. Desde su bar El Miau, primero, y después sobre las tablas del Carnaval, Paco contribuyó a hacer de Las Palmas de Gran Canaria una ciudad más libre, más inclusiva y más divertida. Su recuerdo perdurará cada vez que suene una caracola, cada vez que una pluma de colore se agite al ritmo de la fiesta y cada vez que alguien se atreva a ser simplemente quien es.