El sistema de elección de la reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife vuelve a ser motivo de controversia tras la última reunión organizativa, donde el principal punto caliente fue el modelo de votación popular. La sesión, que contó con la ausencia del presidente de la Asociación de Diseñadores y Artesanos del Carnaval, Santi Castro, dejó sobre la mesa dos alternativas que ahora deberán ser analizadas por el colectivo de creadores. La organización, consciente de la sensibilidad del asunto, planteó buscar el consenso entre los diseñadores para decidir si se recupera el sistema de votación popular por teléfono o se mantiene el modelo de la última edición, cuando se abrió una inscripción y se eligió por sorteo al representante del público en el jurado oficial.
Las propuestas presentadas por la dirección artística intentan conciliar posturas encontradas y ofrecen dos vías intermedias que buscan el equilibrio. La primera opción establece que el voto telefónico tenga el mismo peso que un miembro más del jurado, lo que otorgaría a la ciudadanía una influencia directa pero acotada en la decisión final. La segunda alternativa propone seleccionar entre el público asistente a una persona y, sobre la marcha, incorporarla como miembro del jurado, una fórmula que aporta inmediatez y emoción al desarrollo de la gala. Siempre con la premisa del consenso, estas propuestas se trasladaron a los diseñadores, a la espera de que se reúnan y acuerden la opción favorita en los próximos días.
Uno de los momentos más destacados de la reunión llegó con la intervención de Enrique Camacho, quien defendió con firmeza, como es sello de su factoría, la recuperación del voto telefónico. El experimentado diseñador argumentó dos motivos de peso para respaldar esta opción, el primero de ellos de naturaleza comercial: el voto telefónico favorece la publicidad de las entidades patrocinadoras, ya que permite mencionar sus nombres en repetidas ocasiones a lo largo del proceso de votación. El segundo motivo tiene que ver con la esencia del espectáculo, pues Camacho insistió en que el voto popular mantiene el dinamismo de la gala, un elemento que el director del evento recalcó hasta la saciedad como clave y diferenciador respecto a otros certámenes de similares características.
El concejal de Fiestas, Caraballero, que ahora también ostenta la responsabilidad de Participación Ciudadana, fue especialmente incisivo al abordar esta cuestión y defendió con rotundidad la necesidad de que el pueblo de Santa Cruz de Tenerife tenga voz y voto a la hora de elegir a su reina del Carnaval. El edil estableció un paralelismo entre dos mecanismos de participación ciudadana que, a su juicio, deberían seguir la misma lógica democrática, y afirmó que no es lógico que esta ciudad tenga voz en dónde se invierten 2,4 millones de euros de los Presupuestos Participativos y luego no se le permita votar para elegir a la soberana de la fiesta más importante de su municipio. Con estas palabras, Caraballero dejó claro que su posición no es coyuntural, sino que responde a un convencimiento personal sobre el papel que debe jugar la ciudadanía en las decisiones que afectan a sus fiestas mayores.
Ahora, el balón queda en el tejado de los diseñadores, que deberán pronunciarse en los próximos días sobre qué modelo prefieren, mientras la organización ha dejado claro que respetará la decisión que adopte el colectivo siempre que se alcance un consenso amplio. Lo que está claro es que el debate no es menor, pues mientras el voto telefónico ofrece emoción y visibilidad a los patrocinadores, el modelo del jurado popular por sorteo garantiza la representación directa de un ciudadano en la mesa de jueces, aunque con un peso más testimonial. Ambas opciones tienen defensores y detractores, y la decisión final marcará el carácter de una gala que aspira a ser, una vez más, el epicentro del Carnaval más famoso de Canarias, mientras la próxima reunión de la Asociación de Diseñadores y Artesanos, con Santi Castro ya presente, será el escenario donde se despejen todas las incógnitas.