El corazón del Parque Santa Catalina palpita estos días al ritmo de la construcción más ambiciosa de la fiesta. El escenario principal del Carnaval de Las Vegas, concebido como la fastuosa entrada del simbólico ‘Hotel LPGC Palace’, empieza a revelar sus colosales dimensiones, marcando el inicio de la cuenta atrás para la celebración del 50 aniversario.

Inspirado en el icónico cartel de bienvenida de la ciudad del juego, la escenografía diseñada por Carlos Santos busca trasladar al público la esencia espectacular y luminosa de la metáfora elegida para este año. La estructura, que se erige como la más alta de la historia reciente del certamen, superará los 21 metros de altura, equivalente a un edificio de siete plantas, desafiando las limitaciones técnicas de un espacio sin cimentación tradicional.

Un engranaje humano y logístico sin precedentes

Más de un centenar de profesionales trabajan en una coreografía perfectamente coordinada para hacer realidad este proyecto. La magnitud de la obra se refleja en números elocuentes: se emplearán más de 400 toneladas de hierro, cerca de 1.300 puntos de luz y casi 300 metros cuadrados de pantallas LED, cuyo transporte y montaje requieren una flota constante de camiones.

“Es un reto artístico y técnico de primer orden”, afirma Carlos Santos, arquitecto y escenógrafo al frente del diseño. “Aquí no tenemos una cimentación convencional; hay que crearla. No es un escenario al uso”, añade, refiriéndose a la superficie de 800 metros cuadrados que acogerá las actuaciones y a los laterales de entre 12 y 14 metros que soportarán los sistemas audiovisuales.

El escenario como punto cero de la fiesta

El proceso de construcción se asemeja al ensamblaje de un gigantesco puzle tridimensional, donde cada pieza —desde la estructura metálica hasta los detalles de purpurina— encaja en un orden milimétrico. Santos destaca la labor de un equipo multidisciplinar que abarca especialidades en escultura, electricidad, pintura y audiovisuales: “Todos, sin excepción, son imprescindibles para levantarlo”.

El escenario actúa como el kilómetro cero de todo el recinto festivo. A partir de su ubicación y diseño se articulan el acceso de los artistas, la disposición del público y la integración del resto de elementos. “Todavía nos queda crecer hacia delante y hacia atrás”, señala el escenógrafo, anticipando la fase final de expansión.

La evolución de un creador en su tierra

Para Santos, autor también de los escenarios de ediciones anteriores como ‘Los Juegos Olímpicos’ (2025) y ‘Una noche en Río’ (2019), cada proyecto supone un nuevo escalón en su trayectoria. “La primera, por ser la primera; la última, porque en ella veo mi propia evolución”, reflexiona. Reconoce un “cariño especial” por cada una, pero subraya el orgullo de ser “profeta en su tierra”, aplicando a escala monumental la experiencia acumulada en ópera, cine y televisión.

La clave, explica, reside en una minuciosa planificación que combina la investigación artística inicial con las soluciones técnicas que impone la escala. La diferencia principal respecto a un montaje teatral es, precisamente, la dimensión física y la distancia con el público, un factor que el Carnaval le permite explorar como en ningún otro encargo.

Con el ensamblaje en marcha, el Parque Santa Catalina asiste al nacimiento de una estructura que no solo albergará la música y el baile, sino que se convertirá en el símbolo material de unas fiestas que, a medio siglo de vida, no han perdido su capacidad de reinventarse y de deslumbrar.

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