Referente cultural y turístico de la isla, su trabajo durante décadas consolidó las fiestas carnavaleras como un evento insigne. Instituciones y colectivos destacan su legado.
La isla de Lanzarote despide con pesar a Antonio Orosa, conocido popularmente como Toni Orosa, quien murió a los 74 años víctima de una enfermedad que arrastraba desde hace tiempo. Su nombre queda para siempre ligado al alma festiva del pueblo conejero, especialmente al Carnaval, del que fue arquitecto incansable.
Aunque su trayectoria profesional abarcó múltiples facetas —desde la floristería en el barrio del Lomo hasta la promoción turística en ferias internacionales—, fue en la organización y difusión de las fiestas de Carnaval donde Orosa dejó una impronta imborrable. Su visión ayudó a transformar estas celebraciones en uno de los hitos más relevantes del calendario insular, gracias a una mezcla de creatividad, rigor y pasión por las tradiciones.
Un pilar en el turismo y la cultura institucional
El Cabildo de Lanzarote no ha tardado en expresar su condolencia. A través de un comunicado, la Corporación recordó a Orosa como un trabajador histórico del Patronato de Turismo, entidad en la que ingresó en 1992, aunque su colaboración con el sector se remontaba a 1975. Durante casi treinta años, fue el rostro de Lanzarote en ferias nacionales e internacionales, con una presencia continua en FITUR, la gran cita del turismo en España.
El presidente del Cabildo, Oswaldo Betancort, subrayó que “Toni Orosa representa una forma de entender la promoción de Lanzarote basada en el trabajo constante, el conocimiento del sector y el orgullo de isla”. Betancort añadió que “su figura trasciende lo profesional. Hablamos de una persona vinculada también a la vida cultural de la capital, especialmente a las fiestas de San Ginés, donde dejó una huella reconocible”.
Un reconocimiento en vida y el cariño de Arrecife
El Ayuntamiento de Arrecife, por su parte, también ha transmitido su pesar. El alcalde Yonathan de León destacó la “dedicación de Orosa a las fiestas de Arrecife, al turismo y la defensa de las tradiciones”. No es casualidad que apenas en septiembre pasado, durante los actos del Día Mundial del Turismo, la Mesa de Turismo de Arrecife le otorgara el premio a la trayectoria artística y cultural 2025, un galardón que reconocía su aportación a la proyección exterior de la isla y su implicación en eventos clave.
De León quiso subrayar, además, que la despedida de este hijo de la ciudad coincide con una fecha simbólica: el 107 aniversario del nacimiento de César Manrique, amigo personal de Orosa. Una casualidad que la capital asume como un emotivo homenaje póstumo.
Más allá de los cargos: el legado cotidiano
Pero Toni Orosa no fue solo un gestor institucional. Quienes lo conocieron recuerdan su faceta más cercana: la de florista. Desde su establecimiento en Arrecife, participó activamente en la ambientación del Carnaval de la capital, decoró espacios como El Almacén y puso su sello en la ornamentación navideña de numerosos hoteles. Su trabajo con las flores fue, en realidad, una prolongación de su manera de entender la cultura: como un adorno vivo que embellece la vida colectiva.
Así, entre comparsas, disfraces, carrozas y ramos, Lanzarote pierde a un hombre que supo tejer lazos entre el turismo, la fiesta y el arte. Su nombre, como el de las grandes figuras del Carnaval, seguirá sonando cada año cuando las máscaras invadan las calles.