El flamante ganador de la Gala Drag del Carnaval de Maspalomas 2026, Osvaldo Cabrera Rocha, repasa en esta entrevista los secretos de su espectáculo, el esfuerzo del equipo que hay detrás, la diversidad del drag canario y su gran objetivo pendiente: conquistar también el carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.
La noche del jueves, el Centro Comercial Yumbo de Playa del Inglés fue testigo de la coronación de Drag Ávalon como nuevo rey de la Gala Drag del Carnaval Internacional de Maspalomas. Detrás del personaje se encuentra Osvaldo Cabrera Rocha, un joven lanzaroteño de 42 años que, tras un segundo intento en el sur de Gran Canaria, ha logrado alzarse con el cetro que ya se le resistió en 2023, cuando quedó como segundo clasificado.
Su fantasía, ‘Y entonces florecí cuando nadie más miraba’, una creación propia inspirada en la Llorona mexicana pero transformada en un espectáculo de luz, color y rosas rojas, conquistó al público y al jurado en una gala que casi no llega a protagonizar. La borrasca Therese, que obligó a aplazar el evento una semana, puso en jaque su participación. “Se me hizo muy complicado; casi no me presento. Mi equipo y yo venimos de Lanzarote y yo ya había pagado unos apartamentos que no me dieron opción a devolverlos. Al final el alojamiento me costó el doble”, confiesa. Sin embargo, el doble esfuerzo mereció la pena. “Al final mereció mucho la pena ese doble esfuerzo”, celebra ahora.
Un triunfo compartido con el equipo
Cuando escuchó su nombre como ganador, Osvaldo no pensó en él. “Lo primero que pensé fue en el equipo y la familia. Al final el drag soy yo, pero sin ellos no podría ni vestirme ni estar aquí. El drag es familia y siempre tiene que estar apoyado por su gente. Sentía que se lo debía”, explica. Detrás de cada fantasía hay un ejército invisible: “Hay herreros, carpinteros, amas de casa, costureras, amigos que te ayudan… trabaja tanta gente en la fantasía que ni te lo imaginas”.
Sobre el escenario, Drag Ávalon se define con tres palabras: opulencia, lujo y elegancia. “Mucho brillo, muchas plumas, mucho volumen. Mi drag es lujo, elegancia y cosas grandes. Ese es mi sello”, afirma. El número que le dio la victoria este año partió de la leyenda de la Llorona, pero Osvaldo quiso darle un giro. “Esa historia tiene una parte oscura, de desamor y locura, pero yo preferí quitarle esa oscuridad y convertirla en la rosa más hermosa”. El resultado fue un espectáculo rodeado de rosas rojas y una estructura con mil plumas de pavo real que reflejan su sello personal: “fino, elegante, atrevido e impactante”.
Un sueño infantil hecho realidad
Osvaldo recuerda perfectamente cuándo nació su fascinación por el mundo drag. “De cuando era pequeño y veía las galas con mi madre en la televisión. Las grabábamos en la cinta BETA y yo le decía: ‘Yo quiero ser eso’. Ni siquiera sabía entonces lo que era ser gay, pero ya me fascinaba ese mundo”. El empujón definitivo llegó años después, de la mano de su amigo Drag Vulcano. “Un año fui a ayudarlo en la gala de Las Palmas, lo viví desde dentro y ahí sentí que yo también quería estar sobre el escenario”.
Desde entonces, su trayectoria no ha parado de crecer. En Las Palmas de Gran Canaria se ha presentado en seis ediciones, aunque aún no ha logrado alzarse con el título. En Maspalomas, donde esta ha sido su segunda participación, ya cuenta con un primer y un segundo puesto. En Lanzarote, su isla natal, también ha conseguido una victoria.
Su relación con el Carnaval va más allá de los escenarios. En su vida profesional, Osvaldo es director artístico del Carnaval de Arrecife, donde trabaja para la Concejalía de Festejos. “Vengo a Gran Canaria solo para los carnavales, pero hago mi vida en Lanzarote”, explica.
Maspalomas y Las Palmas: dos formatos diferentes
El flamante ganador del sur tiene muy claras las diferencias entre las dos grandes galas drag del archipiélago. “Son muy diferentes. La de Las Palmas la veo más como un concurso eurovisivo, está muy pensada para la televisión, con un formato muy televisivo, mientras que la de Maspalomas está hecha para su carnaval”. En el Yumbo, destaca, “el público está superentregado”. “Ayer, por ejemplo, el Yumbo se vino abajo. Sentí que todos aquellos ojos estaban mirándome a mí, te pasan la energía”, rememora.
A pesar de la alegría por el triunfo en Maspalomas, Osvaldo no oculta cuál es su gran asignatura pendiente. “Mi objetivo máximo siempre ha sido ganar Las Palmas y ya. Cerrar ahí. Es mi espinita clavada”. Reconoce que no le gustaría tardar demasiado en conseguirlo. “Que no me obliguen a hacer 14 o 15 años, como a otros drags que nunca se rinden. Por favor, que se me cae el pelo”, bromea.
El drag como herramienta de visibilidad
En un contexto social donde el colectivo LGTBI sigue enfrentándose a ataques, Osvaldo reivindica el papel del drag como herramienta de visibilidad y conexión. “El drag canario está cada vez más reconocido y llega a todo tipo de público. Impacta por la imagen, pero también por el mensaje. Antes nos escondían en la noche, pero ahora es vida. El drag no hace daño a nadie; al revés, conecta y hace disfrutar. Muy orgulloso de ser un drag canario”, afirma.
A los niños y niñas que, como él hizo en su infancia, sienten fascinación por este arte, les envía un mensaje claro: “Que estudien primero, que esto es un hobby. ¿Que quiero vestirme de drag, aunque no sean carnavales? Para adelante. ¿Qué más da? Si es que yo me quito las plataformas y soy Osvaldo. El drag es un personaje que lo utilizas en momentos puntuales de tu vida. Y no hace daño a nadie, te lo aseguro. Al revés, hace divertirse”.
Proyectos de futuro
En cuanto a su futuro, Osvaldo tiene en mente montar un negocio propio en Lanzarote. “Aún no sé si de moda o de hostelería, pero algo para tener mi propia solvencia”, adelanta. Mientras tanto, seguirá compaginando su labor como director artístico en Arrecife con su faceta como drag, con la mirada puesta en ese gran sueño que aún le queda por cumplir. “El drag no se hace, se nace”, sentencia. Y él lo lleva en la sangre.