La apuesta por la amplitud y la comodidad escénica marca el final de mandato del concejal, aunque genera tirantez con las agrupaciones musicales
A pocos meses de cerrar su ciclo de cuatro años al frente de la Concejalía de Fiestas, el edil Caraballero ha dado un golpe de timón en la organización del evento estrella de las carnestolendas: la gala de elección de la reina del Carnaval. En una reciente reunión con el equipo de dirección artística y los diseñadores de las candidatas, el concejal planteó dos cambios sustanciales que buscan devolver el esplendor y la funcionalidad al recinto ferial, aunque no todos los sectores celebran la iniciativa.
El regreso al formato de la era Camacho
La principal novedad, y la que ha generado más expectación, es el regreso al emplazamiento tradicional del escenario, ubicado en la zona más próxima a la extinta refinería. Esta disposición, que ya se utilizó en la última etapa de Camacho, supone un cambio radical respecto a la pasada edición, donde el escenario se instaló a lo largo del recinto. Ahora, la estructura se colocará a lo ancho, una orientación que, según fuentes municipales, permite una mejor visibilidad y una distribución más equitativa del aforo.
Para hacer viable este diseño, la dirección artística se ha comprometido a retranquear la caja escénica, una decisión técnica que permitirá garantizar una capacidad de 7.000 localidades para presenciar la elección de la reina. Este aforo, similar al de las grandes ediciones, busca devolver al evento su carácter multitudinario y recuperar la atmósfera de las grandes noches de gala.
Los diseñadores, entusiasmados; las murgas, recelosas
El cambio de orientación ha sido recibido con entusiasmo por parte de los diseñadores de las candidatas. Fuentes del colectivo consultadas aseguran que el formato a lo ancho y el retranqueo del escenario ofrecen una mayor comodidad y espectacularidad en el momento de la salida de las aspirantes. “La pasarela gana en profundidad y el juego de luces se aprovecha mucho mejor. Las candidatas lucen con más empaque y el público tiene una visión más frontal y completa”, explicaba uno de los diseñadores veteranos.
Sin embargo, la euforia del colectivo creativo contrasta con el malestar que empieza a gestarse entre los grupos y, especialmente, entre las murgas. Estas agrupaciones, que tradicionalmente participan en la gala con sus actuaciones, temen que la nueva distribución del escenario y el aforo reducido en los laterales afecte a su puesta en escena y a la conexión con el público. “Nos sentimos arrinconados”, confesaba un representante de una murga popular, que pidió mantener el anonimato. “El escenario a lo ancho y ese retranqueo favorecen el lucimiento individual de las candidatas, pero a nosotros nos obliga a adaptar nuestras coreografías a un espacio más alargado y con menos visibilidad para los músicos. Parece que se prima el brillo de la gala por encima de la participación de las agrupaciones que dan vida al carnaval durante todo el año.”
Un cambio en el epílogo del mandato
La decisión de Caraballero, tomada cuando el calendario de carnaval ya está en marcha, supone un movimiento arriesgado en el tramo final de su gestión. Mientras los diseñadores aplauden la vuelta a las esencias y la apuesta por la espectacularidad, el concejal tendrá que remar para convencer a las murgas y a los grupos de que este regreso al escenario tradicional no restará protagonismo a quienes, durante décadas, han sido el alma de la fiesta.
Lo que está claro es que el próximo sábado de gala, el recinto ferial volverá a mirar hacia la antigua refinería, y todas las miradas estarán puestas no solo en las candidatas, sino también en cómo se desarrolla este nuevo -y a la vez viejo- formato que promete emociones fuertes, tanto sobre las tablas como entre bambalinas.