El PP denuncia “degradación” en el corazón turístico de Las Palmas mientras se desperdicia el legado festivo de la ciudad

El eco de las batucadas y el color de las comparsas aún resuenan en la memoria del carnaval capitalino, pero quien pase hoy por el entorno del Parque Santa Catalina se topa con una realidad muy distinta. Allí donde miles de personas celebraron la fiesta más internacional de la ciudad, ahora se acumulan restos de escenografía festiva, malas hierbas, planchas metálicas abandonadas y latas de pintura. Un paisaje que, según denuncia el Partido Popular, convierte el principal escaparate turístico en un “estercolero”.

La portavoz municipal del PP, Jimena Delgado, ha puesto el foco en esta contradicción: “Lo que debiera ser nuestra mejor postal para vecinos y visitantes se ha convertido en un ejemplo de abandono”. Y es que, junto a los residuos de las recientes fiestas, se suman espacios vallados sin criterio, zonas muertas y parte del mobiliario escénico del pasado carnaval todavía sin retirar. Un espectáculo lamentable –añade– que contrasta con la energía y la proyección cultural que merece una celebración declarada de interés turístico.

El entorno del Edificio Miller, uno de los emblemas arquitectónicos de la capital, presenta además grietas visibles y un deterioro que la popular califica de “sonrojante”. A ello se une el socavón eterno de las obras de la Metroguagua, que mantiene la zona a medio vallar, generando una imagen de provisionalidad permanente. “No es solo suciedad –subraya Delgado–, es la falta de pulso de un gobierno que convive con la decadencia”.

La crítica se extiende a la antigua Oficina de Turismo de la ‘Casa del Mapa’, cerrada durante años y con grietas causadas por las mismas obras ahora paralizadas. “En lugar de un punto de acogida para quienes nos visitan, tenemos una ruina”, sentencia la edil. Y añade un símbolo más: la carabela calcinada frente al Museo Elder, como metáfora de un espacio público que arde en la negligencia.

Para el PP, esta imagen no solo daña el día a día de vecinos y comerciantes, sino que desaprovecha el tirón del carnaval, una de las señas de identidad más queridas y rentables para la economía local. “La fiesta grande de la ciudad merece un escenario a su altura. No podemos pedirle a la cultura que nos salve si después maltratamos el lugar donde nace”, insiste Delgado.

La portavoz concluye con una llamada a la acción: “La capital necesita orden, limpieza y un gobierno que entienda que cuidar el espacio público es también honrar nuestras tradiciones, como el carnaval. No más obras eternas ni rincones abandonados. La mejor comparsa no puede bailar sobre un solar lleno de escombros”.

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