En el universo del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, donde la pasión, la sátira y el ingenio se entrelazan cada febrero, existe una afirmación que se repite casi como dogma: las murgas preparan cuatro temas cada año. Una frase que suena contundente, pero que, cuando se observa de cerca, se diluye entre dudas, silencios y medias verdades.

A lo largo de los años, no han sido pocas las ocasiones en las que se ha planteado la pregunta a directivos o responsables de agrupaciones. La respuesta más habitual suele ser un “sí” casi automático: claro que se preparan cuatro temas. Sin embargo, ese “sí” rara vez viene acompañado de detalles, y en no pocas ocasiones deja entrever cierta vacilación. Como si afirmar fuera más sencillo que explicar.

Y es ahí donde surge la duda legítima: ¿realmente todas las murgas crean cuatro temas nuevos cada año?

No se trata de poner en tela de juicio el trabajo —titánico, en muchos casos— de estas agrupaciones. Al contrario, el respeto hacia su esfuerzo es absoluto. Pero también lo es el interés por entender mejor los procesos creativos que hay detrás del telón. Porque preparar cuatro temas originales implica una inversión enorme de tiempo, talento y coordinación. Y no todas las agrupaciones cuentan con los mismos recursos.

En este contexto, cabe preguntarse si, en algún momento, ciertas murgas han podido apoyarse en ideas descartadas de años anteriores, en letras guardadas en un cajón o incluso en estructuras recicladas. No sería, ni mucho menos, un sacrilegio artístico; más bien, una práctica comprensible dentro de cualquier disciplina creativa. Sin embargo, el imaginario colectivo sigue defendiendo la idea de la renovación absoluta año tras año.

Quizá el verdadero problema no sea si se preparan o no cuatro temas nuevos, sino la necesidad de mantener una narrativa inquebrantable. El carnaval vive también de sus mitos, de sus tradiciones no escritas, de esas certezas que nadie se atreve a cuestionar del todo. Y en ese juego, el misterio forma parte del encanto.

Al final, lo importante no es tanto el número exacto de temas como el resultado que llega al público: la emoción, la crítica, la risa y, sobre todo, ese amor profundo por el carnaval que se respira en cada actuación. Porque si algo está fuera de toda duda, es que las murgas siguen siendo el alma crítica y vibrante de Santa Cruz.

Y tal vez, solo tal vez, algunas preguntas no necesiten una respuesta definitiva. Porque en el carnaval, como en el amor, hay verdades que funcionan mejor cuando se quedan envueltas en misterio.

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