Las personas mayores usuarias del Centro para la Autonomía Personal (CAP) de Mogán vivieron una jornada inolvidable el pasado viernes, 27 de marzo, con la celebración de su tradicional Carnaval de Antaño, una cita que recupera la esencia de las fiestas de antaño en el Archipiélago.
El centro se vistió de gala para recibir una iniciativa que va más allá del mero entretenimiento: se trata de una apuesta por preservar la memoria histórica y las tradiciones populares. Los asistentes, muchos de ellos ataviados con cuidados disfraces inspirados en las carnestolendas tradicionales de Canarias, fueron los verdaderos protagonistas de una tarde llena de sabor, música y nostalgia.
La celebración contó con un variado programa de actividades que incluyó un auténtico homenaje a la gastronomía isleña. No faltaron las clásicas tortillas, el reconfortante chocolate caliente y un “buen enyesque” (término local que alude a un tentempié o refrigerio), todo ello acompañado por la banda sonora de la música tradicional canaria. La parte musical estuvo a cargo del profesorado de las Escuelas Artísticas de Mogán, quienes se sumaron con su talento a la fiesta, junto a otros vecinos y vecinas que no quisieron perder la oportunidad de compartir esta experiencia intergeneracional.
La jornada sirvió también para estrechar lazos entre la administración y la ciudadanía. La teniente de alcalde del Área de Acción Social y Sociocomunitaria, Tania Alonso, acompañó a los y las mayores durante la celebración, compartiendo momentos cercanos junto al personal especializado del centro y los integrantes del programa PFAE Mogán Te Acompaña.
“Este tipo de eventos son fundamentales para fomentar la autonomía personal, la autoestima y la participación activa de nuestras personas mayores. Es una forma de recordar de dónde venimos, celebrando nuestras raíces en un ambiente de respeto y alegría”, destacó Alonso durante su visita.
La iniciativa, organizada por el equipo del CAP, refuerza el compromiso del municipio con el bienestar social y emocional de la tercera edad, demostrando que las tradiciones, cuando se comparten, son el mejor vehículo para la inclusión y la felicidad colectiva.