El calendario podría jugar una mala pasada al Carnaval chicharrero. La edición de 2027 se enfrenta a un dilema sin precedentes en la historia de la fiesta: la posibilidad de desvincularse por primera vez del cómputo tradicional de la Cuaresma para ajustar sus fechas a las limitaciones logísticas que impone el solapamiento con las Navidades.

Así lo ha planteado este lunes el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, en una entrevista concedida a la Cadena SER y recogida por Atlántico Hoy. El regidor expuso la compleja situación que se presenta para el próximo año, cuando la Semana Santa caerá en fechas especialmente tempranas, desplazando el martes de Carnaval hasta el 9 de febrero.

Un mes de enero atípico

La maquinaria carnavalera requiere de un tiempo de preparación que, con esas fechas, se vuelve casi inabordable. Tradicionalmente, los concursos previos a las fiestas se ponen en marcha aproximadamente un mes antes del lunes de Carnaval. Aplicando esa regla, las primeras citas del programa deberían arrancar en torno al 7 u 8 de enero.

“Será más pronto que nunca”, advirtió Bermúdez, consciente de las dificultades que entraña poner en funcionamiento toda la estructura organizativa cuando aún resuenan los ecos de la Navidad. El concejal de Fiestas, Javier Caraballero, matizó a este periódico que aún no hay una decisión firme: “Todavía no hemos determinado si lo haremos en esa fecha o introduciremos algún ajuste”.

El recinto ferial, punto crítico

El principal escollo técnico tiene nombre propio: el recinto ferial. Este espacio, imprescindible para albergar los concursos y las galas, permanece ocupado hasta el 5 de enero por el Parque Infantil y Juvenil de Tenerife (PIT). La coincidencia de fechas deja una ventana mínima para desmontar un evento y montar el siguiente, lo que complica sobremanera la viabilidad logística.

“Los concursos y las galas son los eventos que presentan mayor riesgo técnico porque tienen que celebrarse en el recinto ferial y el PIT no lo libera hasta después de Reyes”, explicó el alcalde, subrayando la dificultad de compaginar ambos usos en un intervalo tan reducido.

La posibilidad de un cambio histórico

Ante este escenario, el Ayuntamiento baraja una posibilidad hasta ahora inédita: desligar la celebración del Carnaval de su vinculación tradicional con la Cuaresma. Bermúdez fue cauto pero no ocultó que la opción está siendo evaluada: “Quizás nos planteemos este año, por primera vez, que el Carnaval no tenga que ver con la Cuaresma, pero puramente por un asunto de falta de tiempo”.

El alcalde reconoció que la decisión no está tomada, pero sí “sobre la mesa”. La situación obliga además a reabrir un debate que periódicamente surge en torno a la fiesta: si mantener la fecha variable ligada al calendario litúrgico o avanzar hacia una fecha fija que facilite la planificación.

Tradición frente a pragmatismo

Bermúdez se confesó partidario de las esencias tradicionales. “Yo me inclino por mantener las fechas conforme a la Cuaresma”, admitió, alineándose con el sector más tradicionalista. Sin embargo, el pragmatismo que impone la realidad logística podría forzar una excepción histórica.

El próximo año, salir de las Navidades y tener que poner en marcha de inmediato todo el dispositivo del Carnaval supone un desafío organizativo de primer orden. Los responsables municipales deberán sopesar si es factible comprimir los plazos o si, por el contrario, ha llegado el momento de escribir una página distinta en la historia de la fiesta chicharrera. La decisión, aún en el aire, marcará un antes y un después en la forma de entender el Carnaval de Santa Cruz.

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