
La tercera fase del Concurso de Murgas Adultas del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife dejó sensaciones encontradas, pero también confirmó que, cuando el nivel aprieta, las grandes murgas responden. En una noche donde no todas lograron brillar como se esperaba, Trapaseros emergió con autoridad para salvar la fase y firmar una actuación de las que hacen afición, cátedra y memoria.
Antes incluso de que el reloj marcara la hora prevista, el recinto ferial vibraba con la actuación de la murga infantil Mamelones, reciente ganadora del concurso de la cantera. Bajo la dirección de Aray Suárez, regalaron un emotivo prólogo con un tema dedicado al cuerpo humano, hilado a través de los cinco sentidos y cargado de sensibilidad, destacando especialmente el momento en el que la murga arropó a su batería en la lucha de su padre contra el cáncer. Un arranque que recordó que el Carnaval también es emoción y valores.
Ya en tiempo de concurso, la noche se fue desarrollando con las actuaciones de Guachinquietas, Burlonas, Marchilongas, Trapaseros y Avispados, en busca de un puesto en la final del sábado.
Guachinquietas abrió la fase con energía y personalidad. Desde el Mercado del Barrio de la Salud, las dirigidas por Raquel Coello salieron con determinación y un pasacalle que conectó de inmediato con el público. Su primer tema, “Las barrenderas”, defendió el Carnaval como cultura y rindió homenaje a los trabajadores de la limpieza, combinando crítica social y puesta en escena. El segundo, centrado en el humor y la autoaceptación, reafirmó su sello característico. En una noche especialmente emotiva para la familia murguera que las sostiene, Guachinquietas supo competir con dignidad y entrega.
Burlonas, que celebraban 15 años de trayectoria, apostaron por la actualidad y el humor autorreferencial. Su primer tema jugó con la inteligencia artificial como recurso creativo, dejando guiños inteligentes y un emotivo tributo a los letristas de ayer y hoy. El segundo, dedicado a la educación y la cantera, buscó tocar la fibra, arropadas por representantes de murgas infantiles que simbolizaron el relevo generacional. Una actuación cargada de intención y mensaje.
Marchilongas aportó identidad y reivindicación. Desde Taco, con una cuidada presentación y un disfraz que ganó fuerza en directo, defendieron el papel de la mujer en la sociedad y en el Carnaval. Su primer tema dejó momentos potentes y reflexivos, mientras que el segundo apostó por la improvisación y la complicidad con el público, demostrando creatividad y cercanía.
Pero la noche tenía un punto de inflexión claro. Desde Los Realejos, Trapaseros subió al escenario y lo cambió todo. Con una presentación ajustada a la actualidad y respuesta directa a otras murgas, demostraron rapidez, talento y oficio. Su pasacalle fue un golpe de autoridad y, a partir de ahí, todo fue en ascenso.
“Un tema limitado” se convirtió en una auténtica lección de murga: crítica inteligente, puesta en escena milimétrica y una carga emocional que alcanzó su cénit con el alegato contra el acoso escolar y el recuerdo a la pequeña de Puerto de la Cruz, con su madre presente en el recinto. Emoción, valentía y compromiso social, sin perder el filo crítico que caracteriza a la formación.
Con “La fábrica de papel”, Trapaseros volvió a desplegar ironía, sátira y un carrusel de estilos que mantuvo al público entregado. Rajazos certeros, reconocimientos a quienes engrandecen el Carnaval y una despedida que confirmó lo evidente: Trapaseros no solo pasó la fase, sino que se erigió en referente. Letras brillantes, dirección sólida y una interpretación colectiva que los consolida como aspirantes firmes a todo.
Cerró la noche Avispados, que vivió su estreno en el concurso. Con una propuesta clásica y honesta, dejaron constancia de que la cantera sigue viva. Su despedida fue su mejor carta de presentación y una promesa de futuro para la Fufa.
La tercera fase dejó más sombras que luces, pero también una certeza: cuando la murga es grande, se nota. Y Trapaseros, en esta ocasión, no solo salvó la noche, sino que abrió, sin pedir permiso, la facultad de filología murguera del Carnaval.