La plaza de San Gregorio retrocedió anoche varios siglos para escenificar uno de los episodios más emblemáticos de la literatura española. Vecinos y visitantes fueron testigos de la puesta en escena de La batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma, un espectáculo a cargo de la Asociación Cultural Salsipuedes que ahonda en las raíces literarias de la fiesta.

La representación, enmarcada en la programación del Carnaval de Telde 2026 bajo la temática Un Mundo de Fantasía: Mitos y Leyendas, dio vida al célebre pasaje del Libro del Buen Amor. Esta obra, escrita en el siglo XIV por Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, narra el enfrentamiento simbólico entre dos bandos opuestos: la celebración desenfrenada que encarna Don Carnal y la moderación impuesta por Doña Cuaresma.

Más de un centenar de actores y actrices participaron en esta propuesta escénica, que no solo se inspiró en el texto medieval, sino que también evocó la famosa pintura de Pieter Brueghel el Viejo, realizada en 1559. De esta forma, el espectáculo conectó la tradición literaria con la iconografía artística europea, ofreciendo una experiencia visual y cultural de gran riqueza.

El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Telde, Juan Martel, presente en el acto, subrayó la importancia de iniciativas como esta para comprender el verdadero sentido del Carnaval. Según explicó, llevar a escena este conflicto alegórico no es un mero ejercicio de nostalgia, sino una manera de “vincular el presente festivo con su origen cultural y enriquecer la identidad colectiva” del municipio.

La velada contó también con la colaboración de la murga local Los Nietos de SaryManchez, que puso la nota de humor y música a una noche de marcado carácter medieval. Su intervención sirvió de puente entre el pasado literario y la tradición carnavalesca más actual, demostrando que la esencia de la fiesta pervive con los mismos ingredientes de crítica y sátira.

El espectáculo permitió además explicar al público el origen de ritos tan arraigados en Canarias como el Entierro de la Sardina. Este acto, que pone el broche final a las carnestolendas, simboliza precisamente la transición entre el bullicio del Carnaval y el recogimiento de la Cuaresma, una dualidad que durante décadas marcó el calendario popular en el archipiélago.

Con esta representación, el Carnaval de Telde demuestra que la fiesta no solo es disfraz y ritmo, sino también un vehículo para recuperar y celebrar la memoria cultural. Una noche en la que la plaza de San Gregorio se convirtió en el escenario perfecto para recordar que, como ya plasmó el Arcipreste de Hita, la lucha entre el placer y la abstinencia es tan antigua como la propia humanidad.

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