La Reina del Carnaval de 1987 sigue con atención la evolución de la fiesta desde su casa por problemas de salud y reclama más apuesta por el talento canario y escenarios ambiciosos.

Voz autorizada del Carnaval

Cuatro décadas después de su coronación, Mónica Raquel Estévez sigue siendo una referencia ineludible a la hora de evaluar el rumbo de las galas de Santa Cruz de Tenerife. La que fuera Reina en 1987 no pudo asistir en persona a la última edición por problemas de salud, pero siguió cada minuto desde casa. Y su veredicto, ofrecido en el programa Arrasando de Radio Las Palmas, dirigido por Kiko Blanki, concilia la crítica constructiva con el cariño por una fiesta que aún late en su memoria.

“Me enganchó desde el principio”

Estévez confesó que la retransmisión la atrapó casi de inmediato. “La vi amena, con ritmo y con presencia constante en el escenario”, valoró, destacando el dinamismo de una gala que supo mantener la atención del espectador. Sin embargo, donde la producción acertó en lo visual, flaqueó en lo musical. La exreina fue tajante: “Hay que cuidar el escenario y respetar lo que una gala así representa. Algunas actuaciones dejaban mucho que desear”. Para ella, un evento de esta magnitud debe sostener un nivel artístico acorde a la tradición y al despliegue organizativo que conlleva.

Generosidad con nota

Pese a las reservas, Mónica Raquel sorprendió al otorgar un notable alto a la velada: un 8. “Me siento generosa”, reconoció entre risas, convencida de que el Carnaval se vive desde la emoción compartida y que las polémicas se disuelven cuando la calle toma el protagonismo. “En tres días todo esto se olvida. Lo esencial es que la gente lo viva, que la reina elegida lo disfrute y que la celebración siga intacta”, reflexionó.

Reivindicación del talento local

Durante la conversación radiofónica, la Reina de 1987 puso el acento en la necesidad de apostar por los artistas canarios y reforzar la identidad propia de la fiesta. Recordó épocas pasadas en las que las galas contaban con nombres de gran proyección que generaban expectación y, con ella, un mayor interés empresarial. “Antes se traía gente muy potente, se respiraba otra ilusión”, apuntó, aunque matizó que los tiempos cambian y la organización se enfrenta a realidades distintas.

En este punto, introdujo un dato que invita a la reflexión: este año la Gala de Las Palmas ha reunido más candidatas que la de Santa Cruz. “Quizá haya que analizar hacia dónde vamos y cómo se invierte en la fiesta”, sugirió.

La nostalgia de los escenarios

El debate también alcanzó a los espacios. Para Estévez, la antigua Plaza de España ofrecía un marco incomparable, con montajes que describió como “escenarios hollywoodenses”. Aunque comprende que las condiciones meteorológicas obligan a buscar alternativas como el actual Recinto Ferial, reivindica que el espectáculo no pierda ambición estética. “No es mirar atrás con nostalgia, es desear que la gala siga brillando”, aclaró.

Un reinado que perdura

Casi 38 años después, Mónica Raquel sigue más vinculada que nunca al Carnaval. Estos días, su traje original se expone en el Real Casino de Santa Cruz, en la Plaza de Candelaria, un gesto que la hace sentir “más presente que nunca”. “Cada año me lo vuelvo a poner en el corazón”, confesó emocionada.

No descarta, además, regresar al escenario como Gran Dama, y asegura que repetiría aquel momento sin dudarlo. También reivindica el valor de la Cabalgata Anunciadora por el contacto directo con la calle, con los niños y las familias, y por esa magia intacta de los disfraces cuando se estrenan.

Una mirada al futuro sin perder la esencia

La charla concluyó con una reflexión sobre la duración cada vez más extensa del Carnaval y esos días adicionales que alargan la celebración. Para Mónica Raquel Estévez, son parte de una evolución natural, siempre que no se desdibuje la esencia de la fiesta.

Su mensaje final fue claro: el Carnaval merece nivel artístico, respeto por el escenario y compromiso colectivo. Porque, más allá de cualquier polémica, la gala sigue siendo ese símbolo de identidad capaz de unir a toda una ciudad.

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