El diseñador tinerfeño, que aprendió el oficio junto al maestro Miguel ‘El Mudo’, repasa su trayectoria y reflexiona sobre la evolución de la fiesta desde la década de 1970 hasta hoy.
Nacido en 1953 en el bullicioso barrio de El Toscal, Miguel Ángel Castilla es mucho más que un nombre en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Es un capítulo vivo de su historia, un puente entre la artesanía manual de las Fiestas de Invierno y la espectacularidad tecnológica actual, y el artífice de la icónica decoración navideña del Círculo de Amistad XII de Enero. Con más de un centenar de candidatas presentadas y 29 títulos en su haber, su carrera de medio siglo define la evolución misma de la fiesta.
Su andadura comenzó de manera informal en la adolescencia, colaborando con la Agrupación Románticos. Allí, la mirada atenta de Teófilo Serpa descubrió su talento y le abrió las puertas del oficio. Pero fue su encuentro con Miguel Delgado Salas, ‘El Mudo’, lo que marcó su destino. “Él me enseñó todo lo que era la confección, la sastrería, el trabajo masculino del traje. Todo lo aprendí de Miguel el Mudo”, recuerda Castilla con gratitud. Esta formación se complementó con estudios de Bellas Artes, especializándose en acuarela, una base que definiría su sello.
El trazo a mano alzada y la ‘vida’ de los trajes antiguos
En una era anterior al diseño digital, Castilla forjó su estilo con “todo a mano alzada”. Sus bocetos, nacidos del dibujo puro y la intuición del color, son una seña de identidad. “Antes los diseños eran manuales; ahora la mayoría se hacen con ordenador. Eso tiene ventajas, pero también provoca repetición”, reflexiona.
Sus primeros trajes se construían con ingenio y materiales humildes. “No había pistolas de silicona; todo era cosido. Usábamos pegamento Imedio, flores confeccionadas con cristales de lámparas rotas, plásticos brillantes… lo que apareciera”, explica. A pesar de esa aparente precariedad, defiende que aquellos diseños tenían algo especial: “Los vestidos de antes tenían vida; hoy son obras de arte impresionantes, pero muchas veces estáticas”.
La apoteosis de 1983 y un legado de reinas
Su palmarés es extraordinario. Solo en Santa Cruz logró tres cetros adultos, pero su éxito se extendió por todo el archipiélago. El año 1983 fue histórico: se alzó con la victoria en los concursos de Santa Cruz, Candelaria, Puerto de la Cruz, Tacoronte, Icod y Fuerteventura, un hito casi inalcanzable. Decidió dejar de presentar reinas adultas en 2020, cerrando así una etapa gloriosa en el concurso.
De la fantasía carnavalera a la elegancia efímera del Círculo
Cuando el Carnaval terminaba, su creatividad encontraba otros cauces. Durante 42 años regentó la floristería Creación Floral, desde donde desarrolló un estilo propio en decoración efímera para ferias, navidades y eventos como las alfombras del Corpus de La Laguna.
Su relación con el Círculo de Amistad XII de Enero comenzó en 1990, tras una llamada urgente para salvar una decoración navideña. Desde entonces, su presencia es permanente. El majestuoso montaje navideño actual, con más de 600 flores de metacrilato de 80 centímetros trabajadas en blanco, cristal, dorado y plata, es obra suya. “Es como un palacio de cristal”, describe con satisfacción, un trabajo de equipo meticuloso donde “nada se desperdicia”.
A sus 72 años, Miguel Ángel Castilla sigue en activo, observando con una mirada crítica pero generosa a las nuevas generaciones de diseñadores. Valora la limpieza de Santi Castro, la innovación de Alexis Santana, la elegancia de Jorge González o el clasicismo de Juan Carlos Armas. “Todos empezamos fallando; de ahí se aprende”, sentencia este maestro que, desde su taller en El Toscal, continúa siendo memoria viva y arte en movimiento del Carnaval tinerfeño.