El nombre de Los Trapaseros vuelve a grabarse en el palmarés del Carnaval chicharrero. La murga se ha proclamado ganadora del primer premio de Interpretación por segundo año consecutivo, una victoria ajustada frente a Bambones que ha trascendido el mero resultado para avivar un intenso debate sobre los límites de la tradición y la innovación en el certamen.
La polémica se centra en su segunda actuación, un número concebido “al estilo descanso de la Superbowl” que incorporó a figuras como Los Sabandeños, Mel Ömana (vocalista de Efecto Pasillo) y Rosana. Este despliegue, inusual en el escenario de una murga, ha sido cuestionado por los sectores más aferrados a la esencia clásica del concurso.
Defensa desde la legalidad y el esfuerzo
Frente a las críticas, uno de los letristas de la agrupación, Yeray Faraudo ‘Farra’, ha salido al paso para defender la legitimidad de su propuesta. En declaraciones a Roberto González en ‘Herrera en COPE Canarias’, Farra aseguró que su equipo se ha ceñido escrupulosamente al reglamento. “Nos hemos basado en la legalidad de las bases y hemos intentado apretarlas, ajustarlas lo máximo posible para dar a la gente un espectáculo tras un curro de seis meses”, explicó.
Respecto a las acusaciones de que estas colaboraciones podrían encarecer y elitizar el concurso, el letrista fue categórico: “Ninguno de los artistas invitados ha cobrado un solo euro”. Según detalló, los invitados colaboraron de forma gratuita, y la murga solo asumió los gastos logísticos de transporte y alojamiento.
Un estilo que promete persistir
Lejos de amilanarse, Farra envió un mensaje de tranquilidad a los “alarmistas”, afirmando que la innovación escénica no significa el fin de la letra crítica, alma tradicional de las murgas. “Lo que está claro es que el estilo de Trapaseros va a seguir intacto, piense lo que piense y diga lo que diga”, sentenció, recordando que la historia del certamen está jalonada por grupos que en su día rompieron moldes.
Detrás de esta visión arriesgada, el letrista destacó el papel de Javi Lemus y Ragüel Chávez, a quienes describió como “dos locos” cuyo objetivo es ofrecer un gran show. Pese al dominio que las agrupaciones del norte parecen ejercer en el podio, Farra quiso subrayar que Trapaseros se siente “uno más” del “pueblo chicharrero”.
Con esta victoria, Los Trapaseros no solo consolidan su hegemonía en el panorama murguero, sino que plantean una reflexión inevitable sobre la evolución de un certamen que se debate entre la preservación de su esencia y la inevitable apertura a nuevos lenguajes escénicos. La polémica, tan carnestolenda como la propia fiesta, está servida.