La ilusión por vivir una de las citas más tradicionales del Carnaval canario se ha convertido en pesadilla para un grupo de viajeros procedentes de Gran Canaria. Lo que prometía ser una escapada de cuatro días a La Palma para disfrutar de la emblemática fiesta de Los Indianos ha terminado con una treintena de denuncias ante la Policía Nacional y una investigación en curso por presunta estafa.

Los hechos señalan directamente a la agencia de viajes Aray Tours, con sede en el centro comercial de San Fernando, en Maspalomas. El establecimiento permanecía con las persianas bajadas este jueves, mientras los afectados intentaban sin éxito contactar con su propietaria. La desaparición de la web corporativa, anulada en las últimas horas tras una lluvia de críticas, ha sido el último episodio de una trama que, según las víctimas, llevaba meses gestándose.

Una confianza construida sobre documentos falsos

Los perjudicados, que superan ya la treintena, abonaron alrededor de 600 euros por persona para asegurarse un paquete que incluía billetes de avión, alojamiento en la zona de Los Cancajos y traslados durante los cuatro días de estancia en la Isla Bonita. La contratación se realizó en marzo de 2025, con casi un año de antelación, un detalle que ahora los denunciantes consideran clave en la estrategia de la presunta estafadora.

Durante los meses siguientes, la responsable de la agencia, identificada como B. A. P., mantuvo una comunicación fluida con sus clientes a través de la aplicación WhatsApp. Enviaba mensajes tranquilizadores, adjuntaba capturas de pantalla que simulaban reservas confirmadas y transmitía una aparente normalidad que disipaba cualquier sospecha. Algunas víctimas reconocen haber llegado a recomendar sus servicios a familiares y amistades, confiando en la profesionalidad que proyectaba.

El engaño salió a la luz cuando los viajeros, por iniciativa propia, decidieron confirmar directamente con las compañías aéreas y los hoteles los detalles de sus supuestas reservas. La respuesta fue unánime: no existía ningún registro a su nombre. Los billetes no estaban emitidos y las habitaciones de hotel nunca habían sido contratadas.

Antecedentes judiciales y falta de supervisión

La indignación ha crecido exponencialmente al conocerse que este no sería un hecho aislado. Según ha podido confirmar este periódico, la propietaria de Aray Tours arrastraba ya un procedimiento judicial abierto por un fraude relacionado con un crucero por el Mediterráneo que nunca llegó a realizarse. También hay constancia de episodios en los que dejó a viajeros abandonados en otras islas, como Fuerteventura, sin los servicios contratados.

Ante los primeros reproches, la mujer habría alegado encontrarse en situación de “quiebra financiera” y se comprometió a reintegrar el dinero en cuanto vendiera una propiedad. Una versión que los denunciantes califican abiertamente de “mentira” y que consideran una maniobra dilatoria para ganar tiempo.

Fuentes del sector turístico consultadas por este diario muestran su preocupación por lo que consideran una falta de control administrativo. Explican que, una vez que una agencia deposita el aval inicial para obtener la licencia, apenas existe supervisión posterior sobre el mantenimiento de los seguros de caución o el cumplimiento de las obligaciones legales. Esta dejadez permitiría que negocios con un historial cuestionable sigan operando y captando nuevos clientes sin que nadie ponga freno a su actividad.

Un daño que va más allá de lo económico

Para la mayoría de los afectados, el perjuicio no es solo económico. Algunas familias llegaron a desembolsar hasta 2.000 euros para garantizar la participación de todos sus miembros en la fiesta palmera. Además del dinero perdido, muchos lamentan la oportunidad de vivir una experiencia que llevaban meses planificando y que, en algunos casos, era esperada con especial ilusión.

Solo unos pocos han tenido la posibilidad de organizar un viaje alternativo de última hora para no perderse la cita con Los Indianos en Santa Cruz de La Palma. El resto, además de afrontar la pérdida económica, ha visto cómo sus vacaciones se esfumaban sin poder hacer nada por evitarlo.

Las denuncias presentadas ante la Policía Nacional siguen su curso mientras los afectados aguardan que la investigación permita localizar a la responsable y, con suerte, recuperar parte del dinero. Mientras tanto, el rastro digital de Aray Tours ha sido borrado y el local comercial permanece mudo, testigo del enésimo capítulo de una historia que el sector turístico canario preferiría no tener que contar.

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