El director artístico, que asumió el cargo en 2023, repasa sus inicios como estilista en Telecinco, el peso de las críticas y su vinculación familiar con una celebración que lleva en la sangre desde la infancia

Las Palmas de Gran Canaria. Detrás del brillo de las galas, el ritmo de las mur gas y el color que inunda las calles durante el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria hay una figura que trabaja entre bambalinas. Josué Quevedo, director artístico del evento desde 2023, se ha convertido en el rostro visible de una organización compleja donde, como él mismo reconoce, “nadie va a estar conforme nunca”.

En una entrevista en profundidad, Quevedo abre las puertas de su trayectoria profesional y personal, revelando los entresijos de liderar una de las fiestas más multitudinarias del archipiélago y el coste emocional que ello conlleva.

Un currículum más allá de las candilejas

Antes de que su nombre quedara vinculado al carnaval capitalino, Quevedo labró una carrera en el mundo de la imagen y la comunicación. Su paso por Telecinco como estilista marcó sus inicios profesionales, una etapa que recuerda con cariño gracias a las conexiones canarias en la cadena. “Allí coincidí con muchos paisanos, como Baby Solano o Ibán Padrón, y fueron ellos quienes me abrieron esas puertas”, explica.

Pero su perfil profesional es un mosaico de disciplinas: diseñador carnavalesco autodidacta, cocinero de formación y empresario al frente, junto a Giovanni Déniz, de la agencia Más Que Moda Canarias. Una estructura que le permite compaginar su dedicación al carnaval con otros proyectos creativos.

El sueño infantil que se hizo realidad

Para Quevedo, el carnaval no es una profesión elegida al azar, sino una herencia familiar. “Mi madre fue fundadora de la comparsa Los Caribes y mi tío, vicepresidente del Patronato del Carnaval. Esto lo llevo en vena”, confiesa.

La imagen de un niño jugando con figuras de Playmobil y cajas de cartón a organizar galas resume la conexión temprana con lo que hoy es su realidad. Por eso, cuando recibió la llamada que le ofrecía la dirección artística, no podía creerlo. “Era ese sueño cumplido de un pequeño que jugaba a esto sin imaginar que algún sería una realidad”, rememora con emoción.

El ofrecimiento llegó de la mano de Inmaculada Medina, entonces concejala, tras la gala de la Reina del Carnaval Internacional de Maspalomas. Aquel “tenemos que hablar” cambió su vida. Medina, a quien Quevedo define como un apoyo incondicional en los momentos más dulces y también en los amargos, había confiado en él años atrás cuando nadie más lo hacía. “Solo pedía un espacio para organizar un desfile; ella me tendió la mano y me dijo que tenía talento”, recuerda agradecido.

El peso de la responsabilidad

Liderar una celebración que moviliza a multitudes no es tarea sencilla. Quevedo asume con naturalidad la complejidad del cargo: “Diriges algo muy complicado donde las expectativas son siempre altas y la conformidad, escasa”. En su primer año al frente, la presión le pasó factura hasta el punto de necesitar apoyo psicológico. “Llegué a un punto de saturación muy fuerte; tuve que tratarme”, admite sin tapujos.

Reconoce que la exposición pública tiene un precio: entre cien halagos, basta una crítica para que el ánimo se resienta. “Siempre pesa más lo negativo”, reflexiona. Sin embargo, asegura que la experiencia le ha fortalecido. “Hoy encaro las cosas con más madurez, me quedo con los comentarios que ayudan a construir”.

Entre la polémica y la incomprensión

El director artístico no esquiva las controversias. Rechaza el título de “salvador” del carnaval que algunos le colgaron al inicio: “Ni yo salvo nada ni nadie; esto es un trabajo coral”. Y apunta a intereses ajenos a lo artístico cuando las informaciones se vuelven incómodas.

El pasado agosto fue especialmente tenso. Publicaciones que cuestionaban su contrato y llegaban a mencionar a la Fiscalía lo afectaron profundamente. “Mi contrato es el mismo que se ha firmado durante tres décadas en esta casa. Ponerlo en duda mancha injustamente a alguien que, con aciertos o errores, se entrega por completo”, defiende.

Sobre los rumores de grandes artistas internacionales como Karol G o Bad Bunny en el carnaval, aclara que lo intentó, pero las cifras eran inalcanzables. “Sencillamente, es impagable”. No obstante, mantiene la esperanza de contar algún día con el cantante grancanario Quevedo: “Sería el mejor regalo para la ciudad”.

Una visión de futuro

Entre sus asignaturas pendientes, destaca el deseo de implicar más a la ciudadanía. “Mi gran meta es un carnaval donde todo el mundo se disfrace, donde la gente salga a la calle a defender lo suyo frente a quienes siempre ponen peros”. Defiende la unión popular como el mejor escudo para preservar la esencia de la fiesta.

Mientras tanto, su mirada también se dirige hacia nuevos horizontes creativos. El cine y los conciertos internacionales aparecen en su radar profesional. “Hay una propuesta interesante sobre la mesa”, desvela sin concretar si eso implicaría dejar la dirección artística. “Quién sabe dónde estaré mañana”, responde con filosofía.

Lo que tiene claro es que jamás traspasaría ciertas líneas. “Quien ama esto de verdad no puede hacerle daño”. Una declaración de principios que resume su relación con el carnaval: un vínculo que trasciende lo profesional para adentrarse en lo emocional.

Porque Josué Quevedo, aquel niño que soñaba con galas mientras jugaba con cajas de cartón, ha convertido su fantasía en oficio. Y en el camino ha aprendido que, más allá de los focos y los titulares, lo importante es que el carnaval siga siendo de todos.

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