El comunicador canario ha vuelto a hablar de la escena que conmovió a miles de personas durante las últimas fiestas carnavaleras. En “El padre de los podcast”, Lorenzo ha relatado cómo surgió la elección del disfraz, la naturalidad con la que la familia vivió el momento y el inesperado alcance que tuvo un vídeo que comenzó como un simple recuerdo familiar.
Lo que comenzó como una anécdota doméstica terminó convirtiéndose en un fenómeno viral que trascendió fronteras. El pasado mes de febrero, un vídeo en el que el pequeño Matías disfrutaba del Carnaval vestido de hada emocionó a Canarias y más allá. Ahora, semanas después, su padre, Jacob Lorenzo, ha querido compartir en el podcast “El padre de los podcast” los detalles de aquella historia que muchos interpretaron como un símbolo de libertad infantil sin prejuicios.
La imagen del niño recorriendo las calles con alas, varita y una capa que le llamó la atención desde el primer momento dio la vuelta a las redes sociales. Lo que para la familia fue un gesto cotidiano —la elección espontánea de un disfraz en una tienda— se convirtió en un debate social más amplio sobre infancia, estereotipos y la esencia misma del Carnaval como espacio de juego sin corsés.
El origen: una capa que lo cambió todo
En su intervención en el podcast, Jacob Lorenzo ha querido desmontar las interpretaciones más complejas que surgieron alrededor del vídeo. Según su relato, todo empezó de la forma más sencilla posible: una visita a una tienda de disfraces en la que padre e hijo buscaban atuendos para ambos. “Se ha dejado de lado que el niño entra a un sitio de disfraces y vamos a buscar un disfraz de Superman para él y otro para mí y él ve una capa y se enamora de la capa”, ha explicado el comunicador.
A partir de ese momento, la historia siguió el curso natural de la imaginación infantil. “Tuvimos que buscar otros 200 accesorios para que se pudiese disfrazar de algo que yo no sabía ni de lo que era, él le gustaba la capa”, ha relatado entre risas. La solución llegó cuando el niño encontró unas alas y una varita. “Y de repente pues él quería ser un hada. Y porque vio las alas y vio la varita y fue tan simple, lo compramos”, ha añadido.
Lorenzo ha insistido en que en ningún momento hubo en su familia un debate ideológico o una reflexión estratégica sobre el significado del disfraz. “Se han hablado de cosas de orientaciones sexuales con niños de 4 años que para mí, o sea, no me entra en la cabeza”, ha afirmado, reivindicando una lectura más sencilla y cercana a la realidad infantil.
El día del Coso: normalidad y brillos
La familia acudió al Coso de Los Realejos con sus disfraces puestos, dispuesta a disfrutar del ambiente carnavalero. Lejos de cualquier incomodidad, Jacob ha recordado con orgullo cómo su hijo se desenvolvió con soltura entre los complementos. “Yo le pongo su brillante, él los pone mejor que yo, sin duda, o sea, porque es una máquina”, ha comentado.
Para él, aquel día no hubo nada extraordinario. “Sí que es real que lo vi una cosa súper normal”, ha afirmado. Esa naturalidad, precisamente, fue la que conectó con miles de personas cuando el vídeo comenzó a circular. La escena no era una declaración de intenciones ni una reivindicación política, sino una instantánea cotidiana en una celebración que, por definición, invita a transformarse y a jugar.
La viralidad inesperada
Lorenzo ha confesado que el alcance del vídeo le tomó por sorpresa. Mientras la familia descansaba, él editó el material en el móvil y lo subió a las redes, como había hecho en otras ocasiones. “Llegamos al coso, pues edito el vídeo que mientras estábamos tomando algo, pues edito el vídeo y se sube”, ha recordado.
En apenas media hora, la publicación había sumado unos 4.000 seguidores. “Yo no sabía qué estaba pasando”, ha asegurado. El comunicador ha querido dejar claro que no hubo una intención deliberada de buscar repercusión: “Te prometo que no sabía ni lo había ni hago ese vídeo buscando que tenga esta repercusión”. En su opinión, la difusión masiva obedeció a una combinación de azar y algoritmo, y ha bromeado con que su cuenta de Instagram acabó “rota” por la avalancha de interacciones.
Un debate que se aleja de lo esencial
La historia de Matías terminó trascendiendo la anécdota viral para abrir una conversación social sobre infancia, libertad y estereotipos. Para Jacob Lorenzo, sin embargo, lo esencial sigue siendo aquello que ocurrió en la tienda de disfraces y después en la calle: la fascinación de un niño por una capa, unas alas y una varita, y la decisión de convertirse en hada por puro instinto lúdico.
“Yo lo vi una cosa súper normal”, ha repetido. Y en esa normalidad, precisamente, reside para muchos el valor de una historia que emocionó a miles de canarios por su espontaneidad y por la forma en que el Carnaval puede convertirse, para los más pequeños, en un espacio de expresión sin filtros ni prejuicios.