Durante la madrugada del viernes, el local de la Murga Las Charanguillas fue nuevamente blanco de un intento de robo, un hecho que se suma a una preocupante seguidilla de delitos contra comercios y espacios culturales de la zona.
Según informaron desde la propia murga a través de sus redes sociales, los delincuentes no lograron sustraer objetos de valor en esta ocasión. Esto se debió a que, una semana antes, el colectivo había retirado preventivamente todos los elementos valiosos del local, luego de haber detectado a dos personas merodeando el lugar y temiendo un ingreso inminente.
A pesar de no concretarse el robo, los daños materiales quedaron a la vista. Las imágenes difundidas muestran la cerradura forzada y signos evidentes de violencia en la puerta de acceso, lo que genera indignación y cansancio entre las integrantes del grupo.
Desde la murga expresaron su preocupación por la naturalización de estos hechos delictivos, que se repiten semana tras semana en distintos locales, ya sea mediante robos o actos de vandalismo. Llama especialmente la atención —señalan— que estos episodios ocurran incluso en zonas muy transitadas y con presencia de cámaras de seguridad.
“Estamos cansadas de escuchar cada semana que han entrado en algún local a llevarse todo o a destrozarlo”, manifestaron, al tiempo que reclamaron una respuesta más firme por parte de las autoridades competentes.
Las Charanguillas aseguraron que realizarán todas las gestiones necesarias para que el hecho no quede impune y para que las personas responsables respondan por sus actos. Además, hicieron un llamado a que se tomen medidas efectivas que garanticen la seguridad de los espacios culturales, fundamentales para la vida social y artística del barrio.
El comunicado concluye con un mensaje directo, a modo de advertencia, dirigido a las personas implicadas, dejando en claro que el colectivo no permanecerá en silencio frente a este tipo de situaciones.
Este nuevo episodio reabre el debate sobre la seguridad urbana y la vulnerabilidad de los espacios culturales autogestionados, que cumplen un rol clave en la identidad y la convivencia comunitaria, pero que hoy se sienten cada vez más expuestos.