La Gran Cabalgata del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria ha encendido una polémica que enfrenta dos realidades de la ciudad: el disfrute multitudinario de las fiestas y la actividad económica del Puerto. Mientras el sector de suministros a buques denuncia un parón que les ha costado pérdidas, el Consistorio defiende que avisó con tiempo y que todo se hizo según el manual.

La versión municipal: “Avisamos los días 24 y 26”

Fuentes oficiales del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria han salido al paso de las críticas vertidas por las empresas radicadas en el polígono de El Sebadal. Según explican a Atlántico Hoy, los detalles sobre los cortes de tráfico y las restricciones derivadas del desfile del sábado 28 de febrero fueron comunicados al sector con varios días de margen, concretamente el 24 y el 26 de ese mismo mes. Se trataría, siempre según el Consistorio, del conducto habitual que se emplea para eventos de gran afluencia.

Para respaldar esta postura, el área de Movilidad ha hecho público un documento firmado el 23 de febrero por el concejal del ramo, José Eduardo Ramírez, y un técnico municipal. Dicho papel recoge las autorizaciones de tráfico necesarias para que la Cabalgata discurriera sin incidentes.

Un dispositivo de seguridad que cerró El Sebadal

El citado informe municipal detalla un operativo de calado para garantizar la seguridad de una cita que reúne a decenas de miles de almas. Entre las medidas más restrictivas figuraba el cierre total de varias arterias desde las 07:00 y hasta las 22:30 horas del sábado, así como otros cortes que se estiraron hasta bien entrada la madrugada del domingo.

El plan también incluía desalojos de aparcamientos desde la noche del viernes 27 y afectaba a vías clave del barrio de La Isleta y su entorno portuario. Calles como Sao Paulo, Oruro, Doctor Juan Domínguez Pérez o Profesor Lozano, que son las principales puertas de entrada al polígono industrial de El Sebadal, se vieron seriamente restringidas. Zonas como Belén María o los aledaños de La Naval también sufrieron modificaciones en su circulación para absorber el torrente humano del desfile.

La queja empresarial: “Se paralizó la actividad por completo”

Este despliegue, sin embargo, ha chocado de frente con los intereses de las empresas que dan servicio a los barcos. La asociación Provicanarias y la federación Oneport Canarias han alzado la voz para denunciar lo que consideran un bloqueo injustificado. Según su relato, el acceso a El Sebadal quedó totalmente prohibido desde las 08:00 horas, algo que, aseguran, no había ocurrido antes en una jornada de Carnaval.

Las consecuencias, en su opinión, han sido nefastas: pérdidas económicas tangibles y problemas operativos con armadores internacionales que vieron interrumpidos sus suministros justo en el momento de atracar en el Puerto de Las Palmas. Además, el sector advierte de un posible daño reputacional, ya que la fiabilidad y la capacidad de respuesta son argumentos de peso para que los grandes buques elijan la Isleta como base en el Atlántico.

Un debate abierto

El cruce de versiones deja sobre la mesa una cuestión de fondo: ¿es posible engrasar la maquinaria para que la ciudad pueda disfrutar de sus fiestas multitudinarias sin frenar en seco la actividad de un enclave estratégico como el Puerto? El Ayuntamiento sostiene que cumplió con los plazos y los procedimientos. El sector logístico, por su parte, reclama soluciones para que el próximo año la Cabalgata y los suministros puedan convivir sin que uno acabe atropellando al otro.

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