El sindicato CSIF denuncia que la falta de agentes en horario diurno impide actuar contra las concentraciones masivas en el aparcamiento del Parque Marítimo, que llegan a reunir a doscientas personas

Lo que comienza como una prolongación de la noche carnavalera se ha convertido en un quebradero de cabeza para quienes residen en las inmediaciones del Parque Marítimo. Cada mañana, cientos de personas se dan cita en el aparcamiento de esta zona para continuar la fiesta con bebida y música a todo volumen, generando una situación de insostenibilidad vecinal que las autoridades parecen no poder atajar.

El programa ‘Herrera en COPE Tenerife’ se ha hecho eco del malestar de los residentes de Cabo Llanos, que ven cómo el descanso es imposible mientras los botellones se prolongan hasta bien entrada la jornada. Ante esta problemática, el Consistorio chicharrero anunció medidas correctoras que, a día de hoy, según fuentes policiales, brillan por su ausencia.

Una franja horaria desprotegida

Jesús Illada, máximo representante del sindicato CSIF en el Ayuntamiento de Santa Cruz, ha explicado con claridad meridiana dónde reside el meollo del asunto. La salida de escena de la Policía Nacional a las seis de la mañana deja a la Policía Local como único cuerpo operativo, pero con unos efectivos claramente insuficientes para abordar aglomeraciones que rondan los dos centenares de personas.

“No disponemos de los recursos humanos necesarios para enfrentar esta situación, y mucho menos para garantizar la integridad física de los propios agentes”, ha manifestado Illada con contundencia. El delegado sindical subraya que, con la plantilla actual, cualquier intento de disolver estas concentraciones resultaría “inviable” desde el punto de vista operativo y podría generar un conflicto de consecuencias impredecibles.

Un problema con historia

La memoria del representante sindical se remonta años atrás, cuando se adoptó una decisión que podría haber solucionado el problema de raíz. “En su momento se procedió al cierre del aparcamiento para evitar justamente lo que está ocurriendo ahora”, recuerda Illada. Sin embargo, aquella medida duró lo justo. “Determinadas llamadas telefónicas procedentes de establecimientos de ocio nocturno lograron revertir la situación”, denuncia.

Esta revelación pone sobre la mesa la existencia de intereses particulares que podrían estar prevaleciendo sobre el bienestar de los vecinos y la tranquilidad de todo un barrio.

Los ‘afters’ siguen funcionando pese a las promesas

Otro de los frentes abiertos tiene que ver con los locales conocidos como ‘afters’, esos establecimientos que prolongan la fiesta cuando el resto cierra sus puertas. El Ayuntamiento había anunciado su intención de suprimir estos espacios durante las fechas carnavaleras, pero la realidad dista mucho de lo prometido.

“Continúan operativos, y no solo eso: antes de que comenzaran las fiestas ya pudimos ver su publicidad en diferentes soportes”, ha denunciado Illada, evidenciando el incumplimiento de lo anunciado por las autoridades municipales. Estos locales actúan como imán para un público que, una vez finalizada la actividad en los recintos oficiales, busca dónde continuar la marcha, alimentando así los posteriores botellones matutinos.

Promesas incumplidas

Sobre los anunciados refuerzos policiales específicos para la zona del Parque Marítimo, el delegado sindical ha sido tajante: “A fecha de hoy, viernes, no tenemos constancia de que se hayan materializado”. Una circunstancia que evidencia, una vez más, la distancia entre los anuncios institucionales y la realidad que se vive sobre el terreno.

Los sindicatos vienen reclamando desde hace años un aumento de efectivos que permita cubrir adecuadamente todas las horas del Carnaval. “Esta fiesta no acaba a las siete de la mañana, por mucho que algunos quieran creerlo”, sentencia Illada, incidiendo en la necesidad de adaptar los dispositivos de seguridad a las verdaderas necesidades de una celebración que no entiende de horarios.

Más sombras en la organización

El ruido y las aglomeraciones matutinas no constituyen el único frente abierto en materia de seguridad durante estas fechas. Illada ha puesto el foco sobre otras decisiones que, a su juicio, resultan cuanto menos discutibles.

La reciente colocación de vallas en el perímetro del lago de la Plaza de España ha sido señalada como un error de manual. “Eso reduce drásticamente el espacio disponible para una hipotética evacuación”, advierte el representante sindical. Igualmente preocupante resulta la escasa visibilidad de los puntos de atención policial, cuya señalización brilla por su ausencia en medio de las multitudes, dificultando que cualquier ciudadano pueda localizar rápidamente un servicio de emergencia cuando más lo necesita.

El malestar vecinal, las denuncias sindicales y las promesas institucionales sin cumplir dibujan un panorama complejo para un Carnaval que, más allá del brillo de sus disfraces y el ritmo de sus canciones, evidencia importantes carencias organizativas que afectan directamente a la convivencia ciudadana y la seguridad de todos los implicados.

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