Las calles del casco histórico villero se vistieron anoche de luto fingido y tradición para despedir, un año más, las carnestolendas. El Carnaval 2026 en La Orotava llegó a su fin con la celebración del acto más esperado por los fieles a la fiesta: el Duelo y Quema de Crispín, un ritual que mezcla la sátira, el humor y la catarsis colectiva.
Desde primeras horas de la tarde, la Plaza del Ayuntamiento comenzó a llenarse de vecinos y visitantes dispuestos a no perderse ni un solo detalle de una ceremonia que cada año gana en seguidores. Poco antes de las siete, el ambiente ya era festivo, aunque teñido de esa ironía que caracteriza el adiós al carnaval.
Un duelo entre risas y lamentos fingidos
El reloj marcó las 19:00 horas cuando dio comienzo el primero de los actos programados. El tradicional duelo enfrentó, una vez más, a los dos bandos que durante días han representado el conflicto festivo. Los discursos, cargados de dobles sentidos y referencias a la actualidad local, arrancaron las carcajadas de un público que participaba activamente, coreando consignas y aplaudiendo las ocurrencias de los oradores.
Tras el careo verbal, se formó el cortejo fúnebre. La comitiva, encabezada por las plañideras y los personajes habituales de este rito, recorrió las inmediaciones de la plaza portando el féretro simbólico donde reposaban los restos de Crispín, el muñeco que encarna el espíritu del carnaval y que cada año es ajusticiado entre lamentos de broma y risas contenidas.
Las llamas cierran el ciclo
El momento álgido de la velada llegó con la esperada quema. En el centro de la plaza, y bajo la atenta mirada de los asistentes, Crispín ardió entre vítores y aplausos. Las llamas iluminaron los rostros de los presentes, que despedían así, con un rito casi ancestral, días de disfraces, música y desenfreno.
La quema, además de su valor simbólico como cierre del ciclo festivo, sirvió también como excusa para la reunión vecinal. Durante el acto, no faltaron los cánticos espontáneos ni las fotografías para el recuerdo, en una noche que, aunque marcaba el final del carnaval, dejaba un sabor agridulce entre los asistentes.
Adiós al carnaval, hasta el año que viene
Con la extinción de las llamas, La Orotava puso el broche oficial a su Carnaval 2026. Una edición que, a juzgar por la respuesta popular, volvió a demostrar la solidez de una tradición que se niega a desaparecer y que encuentra en actos como el Duelo y Quema de Crispín su máxima expresión de identidad local.
Los asistentes abandonaron la plaza entre comentarios sobre lo vivido y promesas de volver el próximo año. El carnaval se fue, sí, pero lo hizo como manda la tradición: entre lamentos fingidos, risas auténticas y el calor de una hoguera que, esta vez sí, dijo adiós de verdad.