El Carnaval es, en esencia, memoria y celebración. Una mezcla que se hizo tangible durante la primera fase del Concurso de Murgas Infantiles de Santa Cruz de Tenerife 2026, donde la reaparición de Los Bambas trascendió lo artístico para convertirse en un emotivo acto de continuidad y cariño comunitario.

El regreso de esta formación al escenario de El Cardonal –un barrio con profunda tradición murguera– ya era por sí solo un motivo de alegría para sus seguidores y miembros históricos. Sin embargo, la noche guardaba una sorpresa mayor: el jurado reconoció el esfuerzo de la agrupación otorgándole dos accésits, en las modalidades de presentación e interpretación.

El momento del veredicto desató una explosión de emoción. Para los veteranos de la murga, aquellos que “peinan canas”, el reconocimiento supuso una inyección de orgullo y la confirmación de que el espíritu de la agrupación seguía vivo y vibrante. La celebración, como dicta la tradición más pura, se trasladó a las calles del barrio, en un desfile espontáneo cargado de abrazos, alguna lágrima y mucha alegría compartida entre varias generaciones de murgueros.

Pero la noche tenía un destino final y un propósito aún más especial. La caravana de júbilo no terminó en la plaza. Con una unanimidad conmovedora, los integrantes actuales –muchos de ellos hijos del legado murguero–, sus familias y simpatizantes, se dirigieron a la casa de María García, “Doña Mary”, fundadora de la murga junto a su marido.

Allí, ante la puerta de su hogar, se congregó todo el grupo para ofrecerle el tributo más valioso: cantar para ella. Este gesto, que revive una tradición de antaño, simbolizó el agradecimiento, el cariño y el profundo respeto hacia la mujer cuyo empeño fue el pilar fundamental para sacar adelante “su murguita”, que con el tiempo se convertiría en un referente histórico.

“Ahora sí ha vuelto Bambas”, fueron las palabras emocionadas de Doña Mary al ver a la nueva generación, liderada por quienes en su día fueron componentes infantiles –como Bentor, Keila, Borja, Bea, Wonka, Jezabel y Raisa–, mantener viva la llama. Un círculo que se cierra con fuerza y devuelve la agrupación a su esencia familiar y vecinal.

El broche de oro lo puso el Premio Compinche, otorgado por la murga Sofocados a la formación “más infantil”, que vino a completar un triunfo que va más allá de lo competitivo.

La noche del Cardonal demostró, una vez más, que el verdadero premio del Carnaval no siempre cabe en un trofeo. A veces, reside en la sonrisa de una fundadora, en el abrazo entre veteranos y novatos, y en la capacidad de una murga para hacer latir, una vez más, el corazón de todo un barrio. Los Bambas no solo regresaron al escenario; regresaron a casa.

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